La voz apareció de repente.
Firme.
Directa.
Diana levantó la mirada.
Y lo vio
Era él.
El mismo chico con el que había chocado días atrás.
Leandro.
El otro chico giró la cabeza, molesto.
—No te metas —respondió con fastidio.
Pero no se alejó.
Al contrario, volvió a intentar acercarse a Diana.
Y eso fue suficiente.
Leandro no dudó.
Lo tomó del brazo y, en un movimiento rápido, lo apartó.
El otro intentó reaccionar, pero Leandro fue más rápido.
Un golpe seco.
Directo.
El chico retrocedió, sorprendido, y sin decir nada más… se fue.
Diana aún estaba tensa.
Leandro se giró hacia ella.
—¿Estás bien? —preguntó.
Diana asintió, todavía procesando lo que acababa de pasar.
—Sí…
Hubo un pequeño silencio.
—Gracias —dijo finalmente.
Leandro la miró un segundo.
Y una leve sonrisa apareció en su rostro.
—De nada.
Esta vez no hubo ese momento extraño de la primera vez.
Ahora todo era distinto.
Había ruido a lo lejos.
Gente pasando.
Miradas curiosas.
Pero entre ellos… algo había cambiado.
Aun así, no dijeron nada más.
Leandro simplemente asintió y se fue.
Diana lo observó alejarse unos segundos antes de volver a la fiesta.
Cuando regresó al salón principal, lo vio de nuevo.
Leandro estaba cerca del grupo de amigos de Carla.
Hablando.
Riendo.
Como si nada hubiera pasado.
Como si ese momento en el pasillo no hubiera existido.
No mencionó nada.
No la miró directamente.
No hizo ningún comentario.
Y eso… le llamó la atención.
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Editado: 05.04.2026