Destinados a no ser

Capítulo 9: Exigencias

El auricular se apretujaba entre el hombro y la oreja del joven trajeado, quien se hallaba sentado cómodamente observando el paisaje desde su oficina. Su mirada fría estaba perdida en el horizonte fracturado por los edificios, ignorando por completo la desolación a sus espaldas. Domhnall parpadeó y trató de volver a concentrarse en la conversación.

—Sí, sí —afirmó apurado—. Envíelas a esa dirección hoy mismo.

Enmudeció y tomó el teléfono con su mano, mientras se erguía en su asiento escuchando atentamente.

—Eso no es problema, las necesito hoy —replicó—. ¿La tarjeta? —Frunció el entrecejo, calibrando la situación—. Escriba —ordenó listo para dictar, pero su voz se apagó y sus labios se fruncieron. Sus dedos se dejaron caer rítmicamente sobre la madera del escritorio—. Sí, sigo aquí —aseguró—. Yo —titubeó— quisiera poner un “lo siento”, pero no estoy seguro. ¿Tienen algún tipo de tarjeta predeterminada? —preguntó con interés.

Su dedo índice, ahora solitario, golpeaba el escritorio de forma frenética. Los minutos pasaron y, en algún punto, él bajó la mirada.

—Sabe, mejor, no ponga nada, tan sólo escriba mi nombre —habló con un dejo de melancolía.

Su rostro parecía gélido cuando giró su sillón para observar las oficinas vacías que alguna vez habían sido una colmena.

***

La hilera de árboles los rodeaba, en medio de aquel claro, no había rastro de calles ni de otras personas. Domhnall y Kira estaban recostados sobre una manta como si tomaran el sol. Ambos llevaban ropa deportiva y habían dejado sus bolsos en el pasto.

—Sí —afirmó—, un día me llama por teléfono —contaba el pelirrojo—, yo estaba en Tokio —contextualizó— y él en Madrid. Sonaba tan preocupado, tan serio. Creo que se me pasaron mil cosas por la cabeza. Y entonces, me dice que necesitaba informarme que había perdido la apuesta —narró dejando escapar una sonrisa—. Había besado a una chica y no había salido gay como yo siempre le decía. ¡¿Puedes creerlo?! —exclamó él echándose a reír.

Kira le acompañó con una risilla y luego parpadeó antes de hablar.

—¿Tu hermano besó a una chica y así supo que no era gay? —Ella se llevó una mano a los labios—. Yo nunca he besado a una chica… ¿y si soy lesbiana? —bromeó fingiendo preocupación—. ¿Y si me he equivocado de lista y tengo que buscar mujeres? —Kira se dejó llevar por el momento y su voz cantarina se hizo sentir en cada carcajada—. Tu hermano es un genio —aseguró contenta.

—No —negó rápidamente él con la cabeza—, siempre estuvo muy pegado a mí. Incluso cuando me fui a Londres un par de meses se disgustó mucho por tener que estar alejado de su hermano mayor. Entonces, yo lo molestaba diciéndole que era gay y, por eso, me llamó para decirme que había perdido la apuesta. Él siempre me dijo que le gustaban las chicas y me lo confirmó con eso —rió orgulloso—. Ahora, si eres lesbiana o crees que lo puedes llegar a ser… —empezó levantando sus manos como quien hace un anuncio— tengo una hermana. —Las risas estallaron—. De todos modos, eres joven. Podrías hablarle —soltó Domhnall repentinamente—, salir con él como amigos, que sé yo. Nadie dice que tengas que casarte con él.

Kira se giró para mirarlo.

—E… es —tartamudeó sin que se escuche ninguna palabra mientras agitaba el dedo índice— mayor y ya está. —Ella se armó de valor antes de continuar—. Con lo que me dijiste y, teniendo en cuenta que es muy probable que me recuerdes su existencia todo el rato, he pensado que lo mejor tal vez sea hablarle para que me dé calabazas ahora. Así me ahorraría tiempo y disgustos futuros. —Ella se afligió—. Él está sobradito de mujeres y —vaciló— no hay caso. —Ella levantó la vista hacia el cielo azul—. Por suerte, no estoy enamorada de él, sólo me parece guapo e interesante.

—¿Cómo vas a estar enamorada de él si no te animas a decirle “hola”? —replicó Domhnall—. Puede que tenga muchas mujeres y que ninguna le interese —le animó—. Que esté ahí, completamente solo, esperando encontrar a la joven castaña a la cual comprarle calabazas por el resto de su vida —soltó el pelirrojo sin meditarlo—. Así que sí, ve y hablale. Si es un tonto que no vale la pena, me usas de excusa —propuso y luego fingió una voz femenina—. “Oh, de pronto recordé que me atrae Domhnall, él es tan guapo”. —Kira rió y el retomó su voz normal para añadir risueñamente—. Y cuando me vea, no podrá dudar de tus palabras.




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