Destino de Sangre (libro 11. Sicaria)

Cap. 24 Situaciones difíciles

 

Punta Dorada, enero 2013

Una vez que Luigi había abandonado el despacho de Ángelo, éste cerró los ojos por unos minutos en los que su vida pasó ante los mismos en una rápida sucesión de cuadros. No había en ellos muchos momentos realmente felices, pues no había tenido tiempo para ellos. Sin embargo, desde que Kelly, Damila e incluso Iván, habían entrado a su vida, ésta había cambiado mucho llenándose de color y alegría, y a pesar de que los problemas seguían existiendo, su mujer lo había enseñado, inadvertidamente, a enfrentarlos con otra actitud. Damila no era su hija y en realidad formaba parte de su vida desde hacía muy poco, pero en ese tiempo, la ternura, la candidez y hasta la acidez de la niña, habían logrado penetrar ese corazón cuya existencia él se había empeñado en negar durante tanto tiempo. De manera que independientemente de lo que los demás pudiesen o quisiesen creer, Damila era su hija a todos los efectos prácticos y con todas las implicaciones emocionales que eso traía, y una de éstas, era el dolor inenarrable que le producía el solo pensar que la más mínima cosa pudiese hacerle daño. No obstante, los muchos años de ejercer un férreo control sobre sus emociones, le indicaron que debía hacer a un lado las mismas para poder concentrarse en la mejor forma de enfrentar aquella situación que tenía tantas vertientes, de manera que la fría mente del hombre que dirigía el imperio financiero y criminal más grande de aquellas tierras, tomó las riendas desplazando al padre amoroso, relegándolo a un rincón hasta nuevo aviso.

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Khabir Jairy como todo agente Alfa, había recibido un duro y preciso entrenamiento, y una de las cosas en las que más se esforzaba Danila Nikklas, era en el condicionamiento psicológico, de manera que salvo contadas excepciones, todos los agentes y con independencia a la forma o los medios por los que hubiesen terminado formando parte del programa, concluían su entrenamiento con un objetivo específico en mente, proteger con sus vidas las de los miembros de la familia. Normalmente aquellos chicos no tenían una propia y era del todo improbable que se presentase una situación tan anómala como la presente, de manera que una vez superada la sorpresa y la incredulidad, Khabir fue consciente de que tenía un serio problema.

Sasha era lo único bueno que había tenido en su infancia, pues su madre fue una mujer enferma desde siempre y él nunca contó con los cuidados de la misma; y en el caso de su padre, era simplemente una figura casi inexistente en sus vidas. Ellos también habían tenido una hermana mayor, pero, aunque parezca mentira, Khabir no era capaz de recordar ni su nombre, así como no lo era de amar el recuerdo de unos parientes que se habían borrado por si mismos tanto de su memoria como de su corazón. Sin embargo, y aunque él había vivido y superado el duelo por  Sasha, la hermana que suponía muerta, el recuerdo de la misma era lo único que había sobrevivido en su memoria. De manera que ver su pasado frente a él ahora, y en la forma de alguien que por definición tenía que ser su enemiga, era sin duda un problema.

  • ¿Por qué, Sasha? – le preguntó
  • Supongo que por las mismas razones que tú, solo que yo no trabajo para nadie en específico.
  • ¿Pero cómo sucedió?
  • ¿Me das un cigarrillo? – le preguntó ella a su vez
  • No fumo, Sasha

Y era verdad, Khabir era uno de los pocos agentes que no lo hacía, pues tal vez, en su subconsciente habían sobrevivido un par de hechos relevantes que lo habían hecho odiar aquello. Uno era que su madre había muerto de una afección pulmonar, y el otro, que los hombres de Falcone le habían causado muchas quemaduras con cigarrillos como medio de tortura.

  • Pero tus amigos sí – insistió ella

Como aquello también era cierto, y si bien él no fumaba, tampoco se oponía o se quejaba de que los demás lo hiciesen, se puso de pie y caminó hacia la puerta.

  • ¿Alguno de ustedes tiene cigarrillos? – le preguntó a los BA de guardia y ambos se introdujeron las manos a los bolsillos
  • Gracias – dijo Sasha cuando él le dio lo que había pedido – Cuando llegamos aquí – comenzó un momento después – äke [1] me llevó a un antro y me entregó a un hijo de perra para que me explotase, pero al poco tiempo me cansé de las palizas y una noche le corté la garganta – dijo sin expresión alguna – Después de eso no era juicioso quedarme allí, así que escapé, y como sabía que tampoco habría sido inteligente volver a casa en forma inmediata, estuve vigilando por los alrededores por si te veía, pero después de varios días me convencí de que o bien habías escapado también, o estabas trabajando para esa gente en algún otro lugar, así que intenté sobrevivir como lo había hecho antes, pero aparte de que había mucha competencia, aquella actividad estaba muy controlada por los mismos individuos de los que quería mantenerme alejada. No vale la pena narrar lo difícil que resulta para una chica esa vida, pero sí te puedo decir que para empeorar toda la situación, fui lo bastante estúpida como para buscar un escape fácil en las drogas, el problema con eso, aparte del obvio, era que resultaba caro y yo no tenía los medios, así que me uní a una banda que se los procuraba de cualquier manera, y eso incluía matar para robar lo que fuera, convertirlo en dinero y éste en la próxima dosis. Resultó que era mejor matando gente que prostituyéndome o robando, aunque podía hacer ambas cosas con relativo éxito, pero finalmente sucedió lo inevitable, una sobredosis casi acabó con mi vida. No estoy muy segura qué o cómo sucedió, pero cuando desperté estaba en un hospital, o al menos eso creía yo. Al principio no recordaba nada, ni quien era, qué había sucedido o por qué estaba allí, pero la memoria fue regresando paulatinamente, al menos todo lo que te he contado hasta ahora, pero era algo confuso. Un individuo venía todos los días y hablaba conmigo, aunque no recuerdo qué decía, no sé si porque no prestaba atención o porque no podía, pero en algún momento comencé a hacerlo. Lo primero que recuerdo que me dijo, fue que había sido sometida a un tratamiento de desintoxicación, y más adelante y para hacerte el cuento corto, me dijo que me conocía y que podía proporcionarme los medios para una mejor subsistencia, pues sabía que tenía una habilidad poco común que él podía pulir; como imagino entenderás, se estaba refiriendo a mi precisión para despachar de este mundo a la gente. Cuando estuve recuperada comencé el entrenamiento, y lo demás no tiene importancia – concluyó




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