Destino de Sangre (libro 11. Sicaria)

Cap. 25 Conversaciones espinosas

 

Punta Dorada, enero 2013

Cuando Gianni abandonó el despacho, efectivamente se encontró a Giovanna deshecha en llanto, a Amelia paseando de un lugar a otro y comiéndose las uñas, aunque ella decía que no lo hacía, a casi todos los otros chicos estáticos y pegados a la pared, a Renzo intentando inútilmente, y con sus lindas maneras, de calmar a Giovanna, y a Franco tranquilamente cruzado de brazos recostado a la pared y dirigiendo a Piero una mirada burlona.

  • ¡Gianni! – exclamaron todos
  • Vamos – dijo él mirando ostensiblemente a Piero y comenzando a alejarse
  • A3 a A15, sugiero vigilar con atención a tu objetivo y por extensión a los Rossi, especialmente a Renzo, a Franco y a la señorita Amelia – dijo Piero
  • Copiado – le llegó la voz de Dinka
  • ¿Alguna razón en particular? – le llegó la pregunta de Fredo
  • ¿Qué se parezcan tanto a ti te parece una? – preguntó él

Y aunque ciertamente no se lo parecía por ninguna parte, no hizo más preguntas, y en cualquier caso Dinka, que era quien habría podido encontrar motivos para preguntar, no los tenía, porque ya conocía bien a los pequeños demonios.

  • ¿Y entonces? – preguntó Renzo una vez que estuvieron en el jardín

Los chicos habían aprendido con rapidez que si querían tener una conversación fuera del alcance de los indiscretos oídos de sus cuidadores, tenían más oportunidad de eso en el jardín, porque según Guido, que era el mayor de ese grupo, los Alfa tenían cámaras y micrófonos escondidos por toda la casa, algo que Franco se encargó no solo de confirmar, sino de señalarles algunas. Esto había causado la alarma de Giovanna al imaginar que alguien podía estarla viendo mientras se cambiaba de ropa por ejemplo, mientras que a Amelia, que había crecido entre chicos, esto la traía sin cuidado.

  • ¿Tío Ángelo te riñó, te castigó…?
  • Cálmate Amelia – le dijo Gianni quien solía perder la paciencia cada vez que la niña se sentía molesta o asustada, porque en su opinión hablaba más que él en esos momentos
  • Nadie ha muerto, Albania, así que deja de llorar – estaba diciendo Renzo a la otra niña y luego miró a Gianni – Habla de una vez o esta va a deshidratarse
  • Tranquila, Albania – le dijo Gianni con mucha más dulzura y una delicadeza de la que carecía Renzo – de veras no hay motivos para llorar
  • Pero… tío Ángelo estaba… muy molesto
  • No, no es así, lo que está es preocupado – dijo él y pasó a referirles lo sucedido
  • Entonces no estás castigado ¿no? – preguntó Emiliano que era el más chico
  • Por supuesto que no – dijo Franco con fastidio al tiempo que Gianni contestaba también
  • No, solo debemos evitar el despacho de papá hasta que se arregle el problema

Siendo niños como eran y una vez aclarado el asunto, casi todos se fueron a seguir jugando, pero Renzo miró con atención a Gianni.

  • Dime la verdad, señor Del Piero
  • ¿Cuál verdad?
  • Eso que no dijiste
  • No fastidies, Renzo, ya les dije todo lo que papá me dijo
  • Va bene, ma dime ahora lo que tú piensas – insistió
  • No lo sé, Renzo – dijo claudicando – pero mira hacia allá – agregó señalando con disimulo hacia donde estaban Dinka y Giove

Aunque Renzo no era tampoco tan mayor y solo le llevaba poco más de un año a Gianni, desde un inicio había asumido que el del cerebro era éste, pero también pensaba que tenía una extraordinaria y muy molesta forma de preocuparse en demasía, mientras que él, que era mucho más práctico, si tenían algún problema, fuera de la naturaleza que fuera, se ocupaba de resolverlo y a otra cosa. No era que Renzo fuese un estúpido como solía llamarlo su dulce hermana, aunque sí era un tanto inconsciente y muchas veces actuaba sin pensar, pero aquel chico compartía una característica con Luciano, y era que no necesitaba de complicadas instrucciones para resolver las cosas, y lo único que necesitaba eran dos, un motivo y ver todo el conjunto para decidirse por la solución más práctica, aunque tal vez por su juventud, esto lo llevaba en muchas ocasiones a sacar conclusiones apresuradas y a veces erradas. De manera que al ver lo que Gianni señalaba, decidió arbitrariamente que el problema que preocupaba a Ángelo, era Gianni.  Renzo concluyó esto tanto por lo que Gianni había contado que le había dicho Ángelo, como por lo que estaba viendo y lo que había sucedido el día de la boda, así que tomó su decisión y se encaminó a la casa dejando a Gianni con la palabra en la boca, pero eso le importaba poco, porque en cualquier caso, su amigo hablaba demasiado y él tenía asuntos más importantes en los que ocuparse.

Giove y Dinka lo vieron pasar como una exhalación hacia la casa, pero como los demás seguían en el jardín, supusieron que Renzo iba a la cocina, porque aquel pequeño sujeto parecía vivir con hambre y era usual que se escabullese a la cocina varias veces al día. No obstante, el destino de Renzo era otro, ubicar a su tío Fredo con mucha urgencia y lo hizo.

  • Fredo – lo llamó y tanto Gino como Martino que estaban en ese momento con el GA, rieron
  • Estos chicos no te respetan, Atila – dijo Martino




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.