Destino de Sangre (libro 11. Sicaria)

Cap. 39 Buenas y no tan buenas

 

Punta Dorada, febrero 2013

En Aravera habían tenido un pésimo día y casi tan gris como en el exterior. Después que Enzo resultase noqueado por Luciano, éste había mirado a Piero que junto con Marino avanzó para levantar a Enzo y llevarlo a su habitación. Kelly se había hecho cargo de Camelia mientras que Ángelo se iba derecho a buscar a Alessandro y casi lo sacó del baño. Después que le explicó lo recientemente sucedió, Alessandro se preguntó qué comía aquella gente, porque sin duda debían ingerir alguna clase de químico muy perjudicial que los hacía extremadamente propensos a complicarse la vida en grado de exageración.

Por otra parte, Giovanna y Amelia que habían sido testigos de todo el drama, y a quienes nadie había prestado atención, salieron disparadas, o al menos Amelia lo hizo, en busca de los chicos para ponerlos al corriente.

  • ¿Qué estás haciendo aquí, Amelia Camila? – preguntó Gianni con disgusto al verla correr hacia ellos
  • Vete a tu habitación como…  – había comenzado Aureliano cuando vieron que Giovanna también se acercaba, aunque más despacio
  • ¿Qué sucede con ustedes? – preguntó Franco
  • Gianni…  – estaba intentando Amelia, pero aun no terminaba de recuperar el aliento

Ya Renzo estaba avanzando para sujetar a su hermana y conducirla a su habitación, pero Gianni lo detuvo.

  • ¿Qué? – le preguntó a Amelia

Pero una vez que ella con ayuda de Giovanna, terminó de relatarles todo, ellos se miraron con confusión y Renzo se pasó la mano por la cabeza como siempre que no comprendía algo.

  • No entiendo – dijo en forma por demás innecesaria ya que el gesto anteriormente descrito lo había dicho por él – ¿Gianni?
  • Yo tampoco – dijo el chico y eso era verdaderamente insólito, al menos para ellos
  • Se supone que cuando la gente se casa tiene niños ¿no? – preguntó Emiliano que era el menor de todos
  • Bueno los tienen sin casarse también – dijo Renzo y Guido lo golpeó en la cabeza – ¡Ey! – se quejó él
  • Hay señoritas presentes, Lorenzo Rossi – dijo Guido
  • Todos tienen razón – dijo Gianni aun con expresión pensativa – pero según lo que acabamos de escuchar, por algún motivo Enzo no quiere a ese bebé
  • Pero eso es horrible – dijo Giovanna – es su hijo

Sin embargo, en este punto Gianni no dijo nada, porque aunque nadie se lo había dicho, él estaba bastante seguro que su propio padre no lo había querido a él, de manera que no le lucía tan extraño, aunque no por eso le gustaba más, pero de momento y a menos que el propio Enzo se los dijese, él pensaba que no podrían saber nada más.

  • No sé, pero creo que es otra cosa – dijo Amelia – porque Enzo también dijo algo de que iba a perderla
  • ¡Claro! – exclamó Guido
  • ¿Claro? ¿Qué está claro? – preguntó Renzo
  • Yo no recuerdo bien, porque eso fue hace tiempo y yo estaba pequeño, pero si me acuerdo que la esposa de Enzo murió y…
  • Espera, espera – lo detuvo Gianni – ¿La esposa de Enzo has dicho?
  • Sí – le contestó Guido – ella murió, aunque… no recuerdo cómo o por qué, pero sí me acuerdo que estaba esperando un bebé

Teniendo en cuenta que la mayoría de los presentes eran unos recién nacidos para entonces, ninguno tenía una idea muy clara de aquello suponiendo que lo hubiesen escuchado alguna vez, mientras que Guido más que recordar, y aunque casi todo lo que sabía era porque lo había escuchado, estaba mejor enterado, y en el caso de Gianni, simplemente ni sabía ni había escuchado nada, así que aún estaba estancado en el asunto de que Enzo había tenido una esposa y que ésta había muerto.

No obstante, Gianni era un niño práctico y decidió que lo que necesitaba era información, aunque también sabía que justo en ese momento era improbable que alguien estuviese dispuesto a dársela, mientras que Renzo se afirmó en su opinión de que eso del matrimonio era una complicación que no quería en su vida, pero independientemente de lo que cada uno estuviese pensando, salieron de su momentáneo ensimismamiento cuando comenzaron a caer unas gruesas gotas de agua.

  • ¡Maldita sea! – exclamó Renzo – Ya se nos fastidió el…  – pero no pudo concluir, porque nuevamente Guido lo aporreó en la cabeza para recordarle, inútilmente, que había chicas presentes

Los más pequeños comenzaron a correr, pero Guido y Gianni caminaron hacia Giovanna con la misma intención, solo que Gianni no tenía ninguna posibilidad de alzarla, así que fue el mayor quien lo hizo.

  • Con tu permiso, Albania

Renzo había recogido la chaqueta que había tirado al piso mientras jugaban y se la colocó por encima a Giovanna antes de que su primo comenzara a caminar tan aprisa como podía con el peso extra, pero aun así llegaron al interior sin mojarse mucho.

Otros que no sabían lo que estaba sucediendo en Aravera eran los Genovesse, porque Luigi, y aunque era domingo, había decidido ir a supervisar los trabajos de una obra que estaba por concluirse y que no había tenido ocasión de visitar. Mientras que Albano y Nino estaban en el recién inaugurado club de la Hermandad Italiana, y no porque Nino tuviese muchos deseos de madrugar un domingo para ir a jugar golf, sino porque Albano casi lo había arrastrado con él. Aquel era casi un ritual para Albano y al que solía dedicar las mañanas de sábado y domingo, pero mientras en El Valle había tenido a Bruno o a Bernardo que gustaban de aquella actividad tanto como él, en Punta Dorada no, porque ni Tonino, ni sus propios hijos eran afectos al golf, y de hecho los chicos lo encontraban tremendamente aburrido, y en el caso de Ángelo, nunca le había gustado ningún deporte, y aunque así hubiese sido, lo que nunca tendría sería tiempo para dedicarse a nada que no fuese su trabajo. Sin embargo, él lo había intentado con todos, pero Luigi se había negado en redondo, los gemelos habían ido en una ocasión y Albano casi sufre un colapso con aquel par y decidió que era mala idea, así que terminó siendo Nino, que siempre había sido en teoría el más dócil, quien terminase viéndose arrastrado  a ello cuando no podía escapar. Pero sin duda aquel día los dioses estaban de parte de Nino en opinión de Leonardo, porque se desparramó un aguacero que los obligaría a dejar aquello, aunque luego el GA pensaría que su opinión con relación a que las divinidades eran bondadosas con Nino, cambiaría drásticamente.




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