Destino de Sangre (libro 11. Sicaria)

Cap. 40 Sorpresas

 

Punta Dorada, febrero 2013

Mientras escuchaba aquel diálogo, Luciano había tecleado en el ordenador para abrir los archivos de informes que pasaban los GE y ahora leía a toda velocidad el correspondiente al de las últimas actividades de aquella chica, pero no había nada en las mismas que indicase ni su intención ni la presencia de algún inconveniente enamorado, de manera que o bien exponía a continuación sus motivos, o él tendría que averiguarlos por otros medios que sin duda no iban a gustarle a la jovencita.

Nino por su parte y después que Ana había dicho que no quería verlo más, hizo la pregunta más estúpida que podía haber hecho.

  • ¿Qué?
  • Sé que no eres sordo y…

Pero Ana no alcanzó a concluir, porque ya Nino la había sujetado levantándola del sillón, y aunque no lo había hecho con violencia, Leonardo había dado un paso hacia ellos en previsión de cualquier cosa, porque no había olvidado la advertencia que le hiciese Luciano antes de comenzar a trabajar como BA de Nino.

  • Te escuché, pero no entendí
  • Tiene un serio problema si…
  • Cierra la boca, Dark – escucharon que decía Luciano
  • No creo que sea tan complicado, solo no quiero verte más – dijo Ana
  • Bien, pero al menos tengo derecho a saber la razón para esto – dijo con admirable calma en opinión de Leonardo

Sin embargo, independientemente de lo que pudiesen haber esperado y aun suponiendo que esperasen algo, Ana comenzó a llorar. Nino era un individuo sensible y sumamente delicado con las mujeres, pues el haber perdido a su madre siendo aún muy joven, parecía haberlo hecho especialmente considerado con las féminas, de manera que suavizó el tono y la actitud.

  • Veamos Ana – dijo abrazándola – lamento de veras si hice algo inapropiado o que te haya herido o molestado, y te juro que nunca ha sido mi intención lastimarte de ninguna manera, pero…
  • No – dijo ella tapándole la boca – tú no has hecho nada
  • Entonces no entiendo, porque estaba en la creencia de que tú y yo…
  • No hay un tú y yo, Nino
  • A ver, es verdad que no tenemos un compromiso propiamente dicho…
  • Y nunca lo tendremos, porque sabes que tú familia tal vez me acepte como amiga de Mila, pero no aceptarán nada más allá de eso
  • Estás diciendo tonterías, Ana
  • No, no lo estoy haciendo, yo estaba allí cuando todo el lío de Cris y Vicky ¿recuerdas?
  • ¿Y recuerdas tú que ahora están casados?
  • Sí, pero no es tu caso. Tú eres hombre, y si no entendí mal, tienes una gran responsabilidad con tu familia
  • Giulio también la tiene y…
  • ¡Vamos Nino! No puedes comparar. Mila es una Montiel, mientras que yo…
  • Créeme Ana, en nuestra familia, y aunque no voy a negar que en algunos casos, los apellidos son importantes, no son un obstáculo insalvable – guardó silencio y como ella no agregó nada más, él volvió a hablar – Todo esto es, porque piensas que no voy en serio contigo – le dijo, y aunque no era una pregunta esperaba una respuesta que no llegó – ¿Ana?
  • Nunca has dicho nada que…
  • No estaba muy seguro de estar haciendo bien, Ana, pero no por lo que piensas – se apresuró a agregar al ver su expresión –  Primero consideré tu edad, pero luego me di cuenta que eso carecía de importancia. Y lo que en verdad me ha estado deteniendo, es que lo que puedo ofrecerte tal vez se vea bien desde lejos, pero atarte a mí, significa limitar tu vida, porque me dijiste que habías escogido tu carrera porque querías trabajar y viajar, algo que a mí lado no podrías hacer, o al menos no como tú quieres debido a las limitaciones que ya conoces – concluyó y dejó caer los brazos con abatimiento
  • De manera entonces que en cualquier caso, no sería posible nada – dijo ella

Nino se volvió y Leonardo pensó que nunca le había visto una expresión tan desesperada, de modo que habría preferido estar en cualquier lugar menos allí, y aunque ningún peligro del tipo que requiriese de su intervención lo amenazaba, tampoco podía marcharse sin autorización de Luciano, así que se apresuró a solicitarla, aunque no podría concluir.

  • ¡No! – exclamó Nino girándose de nuevo y sobresaltando a todos

Tanto Ana y Leonardo, como los que escuchaban a distancia se tensaron.

  • Nino…
  • Es verdad que he pensado todo eso, pero también lo es que nunca me plantee dejarte, y ahora que tú lo estás haciendo, me doy cuenta que no puedo y no voy a permitirlo – concluyó abrazándola de nuevo
  • Me parece que oigo campanas de boda a la distancia – dijo Paulo

Luciano sonrió y pensó que finalmente Nino había sido atrapado, así que se alegró de haberle advertido a Ángelo aquella posibilidad, y aunque ahora Nino tendría que hacer frente a Albano, teniendo el apoyo de Ángelo todo resultaría más fácil. No obstante, la palabra fácil no parecía aplicable a nada que tuviese que ver con aquellas personas, y no demorarían en comprobarlo una vez más.

  • Dime que aceptas casarte conmigo, Ana, porque si no… – pero no pudo concluir, porque ella le colocó un dedo sobre los labios
  • Sal de ahí, BJ – le dijo Luciano
  • Gracias, porque… – estaba diciendo él, pero no pasaría de allí
  • Si es así, entonces tal vez te alegre saber que seremos padres en unos meses – dijo Ana




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