Destino de Sangre (libro 11. Sicaria)

Cap. 46 Dudas

 

Punta Dorada, marzo 2013

Kelly había convencido a Giulio para que no intentase hablar con Damila ese día, de modo que cuando ella volvió y se encerró en su pequeño Hogwarts, nadie la molestó. Francesca que había pasado ese día en el departamento de Vittoria y Cristian, se extrañó cuando volvió y vio a Giulio en el salón sin Damila, así que se apresuró a subir, pero ella no estaba en su habitación; después de pensarlo un poco se asomó a la otra  y la vio tumbada en un sillón acariciando a Ícaro, pero parecía tan abstraída que decidió no interrumpir sus pensamientos.

Siguiendo el consejo de Kelly, aunque no de muy buen grado, Giulio se marchó al día siguiente sin acercarse a Damila, pero no sin dejarle una rosa blanca junto con la nota que dejaba cuando por cualquier motivo no podía verla en las mañanas. El mayor malestar de Giulio, aparte del obvio, era que ese día tendría que quedarse en el complejo, porque tenía una reunión que terminaría tarde, pero esa noche se pasó alrededor de una hora al teléfono conversando con Kelly.

Todos los que estaban al tanto de lo que había sucedido, habían recibido instrucciones de mantener la boca cerrada, de modo que Ángelo no sabía nada, pero lo que no pudo dejar de notar fue que ni la noche anterior ni la pasada, Damila había bajado a cenar. Así que esa mañana antes de bajar a desayunar, se había ido a la habitación de Damila, pero para su sorpresa ella no estaba allí y Francesca le dijo que estaba en la otra, de modo que marchó hacia allá.

  • ¿Se puede? – preguntó asomando la cabeza al mundo mágico como él llamaba a aquel lugar
  • Claro – contestó ella

Ángelo terminó de entrar, pero con una sensación desagradable, pues ni la actitud ni el tono de la chica le habían gustado.

  • ¿He hecho algo para incurrir en tu disgusto?
  • No
  • ¿Alguien más lo ha hecho? – insistió
  • Tal vez

Los acertijos no era lo que mejor se le daba a Ángelo y de hecho no le gustaban, pero en realidad aquel no lo era y concluyó con rapidez que aquello tenía que ver con Giulio.

  • De acuerdo – dijo sentándose a su lado y quitándole de las manos una pluma con la que jugueteaba – ¿Qué hizo esta vez?
  • ¿Qué?
  • Veamos signorina, esa frente arrugada, el mal humor, y la falta de apetito cuando no estamos a las puertas de ningún recital, tienen nombre y apellido y sabemos cuál es
  • Estás diciendo tonterías
  • Bien, entonces llamaré a Sandro para que te examine, porque si no estás peleada con Giulio, entonces estás enferma

El ceño de Damila se acentuó, se puso de pie y caminó hasta una estantería mientras que Ángelo se recostaba del sillón y encendía un cigarrillo dispuesto a esperar el tiempo que fuese necesario hasta que ella se decidiese a hablar.

  • Apaga eso, Pa, no puedo hacer nada si quieres matarte con esas porquerías, pero no lo harás aquí

Ángelo recordó que si bien Damila había sido lo bastante generosa como para autorizarlos a él y a su madre para entrar allí, lo que había prohibido de forma terminante era que fumasen mientras estuviesen ahí dentro, así que se levantó, abrió la puerta y tiró el cigarrillo en un jarrón que estaba sobre una repisa del pasillo y volvió dentro.

  • Lo olvidé, lo lamento – se disculpó y fue a sentarse de nuevo – ¿Y bien? ¿Me lo dirás o tendré que esperar aquí todo el día?

Si bien Ángelo se había preparado para escuchar una furiosa diatriba en contra de su sobrino, para lo que no lo estaba de ningún modo era para ver aquella expresión de tristeza en el rostro de Damila cuando ésta se volvió.

  • ¿Mila? –preguntó poniéndose de pie para acercarse a ella
  • Creo que no soy la chica indicada para Giulio, ni para nadie en realidad – le dijo ella

Un centenar de ideas pasaron a toda velocidad por la mente de Ángelo, y las mismas iban desde que Giulio hubiese dicho alguna barbaridad hasta que la hubiese llevado a cabo, de manera que aun sin saber nada a ciencia cierta, ya estaba planeando llamar al necio aquel para decirle unas cuantas cosas, pero primero le era sumamente necesario hacer algo para borrar aquella expresión del rostro de la niña.

  • Linda, cualquier cosa que Giulio haya hecho…
  • Él no hizo nada, Pa
  • ¿No?
  • No
  • ¿Y entonces por qué dijiste eso?
  • Dije que yo no era la chica adecuada para él, no que él hubiese hecho algo

Ángelo lo pensó un momento, pero eso seguía sin encontrar una imagen correspondiente en su cabeza, de modo que siguió pensando que Giulio había hecho o dicho algo que la había llevado a pensar de aquella manera. Sin embargo, decidió informarse mejor a fin de estar en capacidad de armar una buena defensa.

  • A ver Mila, aun no entiendo por qué dices eso
  • Tampoco yo – dijo con honestidad

Si bien Ángelo no había tenido hijos propios, amaba a sus sobrinos como si lo fuesen, pero en el caso de Damila, tal vez por ser hija de Kelly o por ser hembra, la sentía tan suya como a Giulio, Silvano o Gianni a pesar de que los dos últimos habían llegado a su vida hacía más bien poco, pero se habían instalado en su corazón y parecían haber estado allí siempre. De manera que por todo lo anterior, sufría como lo haría cualquier padre al ver a sus hijos enfermos o tristes, y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para devolverles la salud o la sonrisa. El asunto era que la mitad del tiempo no sabía con exactitud qué hacer y se preguntaba si todos los padres se sentirían de la misma forma, pero en su caso, la impotencia solía producirle una ira inmanejable, y en esta ocasión no fue diferente, aunque hizo su mejor esfuerzo por controlarse.

  • Ven aquí – le dijo conduciéndola de nuevo al sillón y pasando luego un brazo por encima de sus hombros – No sé por qué piensas eso Mila, pero los conozco a ambos y en el caso de Giulio, puedo decirte sin temor a equivocarme, que a pesar de ser como es y sabemos a qué me refiero, te ama de verdad y estaría en total desacuerdo con lo que estás pensando
  • Por mucho que lo conozcas, eso es algo que nadie puede asegurar
  • Si yo acepto eso, tú tendrás que aceptar, que tampoco puedes asegurar lo contrario
  • Eso es trampa
  • Eso es lógica
  • Todo lo acomodas a tu conveniencia
  • Soy un abogado como no se cansa de recordármelo tu madre – dijo él disimulando una sonrisa – Pero aquí no estamos halando de mí, sino del bambino. No es un secreto para ti que nos perecemos mucho, y en virtud de eso, creo que estoy en capacidad de reconocer algunas cosas
  • Como cuáles
  • Como que somos egoístas, por ejemplo
  • No lo eres
  • Ah sí, sí lo soy, pero cuando amamos, el egoísmo se va a paseo Mila, dejamos de pensar en nosotros para pensar en aquellos a los que amamos. En el caso de Giulio, eso se reducía a muy pocas personas
  • Ah sí, poquísimas, solo él mismo – dijo ella en forma irónica
  • No voy a negar que durante mucho tiempo y fuera el círculo familiar más íntimo, y eso con dificultad, Giulio nunca pensó en nadie más, pero desde que entraste en su vida, y créeme que lo recuerdo bien por las muchas veces que lo reñí por ello, te convertiste en el centro de su vida.
  • ¿Lo reñiste por eso?
  • Así es, y lo hice precisamente, porque nunca se había interesado en nadie más y yo lo veía perfectamente natural, de manera que el hecho de que dejase todo tirado por venir a un recital tuyo, que se fuese a correr tras de ti a un centro comercial cuando se suponía estaba de reposo, o que decidiese asignarte un grupo de guardaespaldas cuando yo no veía necesidad para ello, me molestó en aquel entonces y no me cansé de gritarle – enumeró y ella bajó la cabeza – ¡Ey! – dijo él colocando un dedo bajo su mentón – Que no lo entendiese entonces no significa que no lo entienda ahora y esté absolutamente de acuerdo con su proceder, pues solo ha estado cuidando a quien ama
  • En aquella época no…
  • Tal vez no, o tal vez solo no lo supiese, o simplemente no te amaba como lo hace ahora, pero sin duda el amor estaba allí, quizá de distinta manera, pero estaba – hizo una pausa y luego agregó – Yo amo a tu madre, Mila, sé de primera mano lo mucho que puede llegar a doler el amor, y a Giulio le tocó aprenderlo por el camino difícil.
  • Porque casi muere por mi culpa ¿verdad?
  • No, no puedes decir eso, tú eres una de las chicas más inteligentes que he conocido y sabes que no todo lo que sucede es nuestra responsabilidad, aunque estemos involucrados. Lo que le sucedió a Giulio no fue tu culpa de ninguna manera, él cometió excesos y se involucró con quien no debía, y aunque ambas cosas las haya hecho por estar sintiéndose miserable y confundido con relación a sus sentimientos, fueron sus decisiones. No obstante, ese tampoco es el tema, lo importante aquí es que te ama, todo lo que hace lo hace pensando en ti, por ti o para ti, y el lugar en el que estamos es un ejemplo de ello.




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