Destino de Sangre (libro 11. Sicaria)

Epílogo

 

Faltaban menos de dos meses para la boda de Damila y Giulio, pero Ángelo estaba firmemente convencido que no viviría el tiempo suficiente para verla.

Durante las últimas semanas no había tenido un minuto de paz, porque cuando la pareja no estaba discutiendo por asuntos relativos a la preparación de la boda, estaban haciéndolo por cualquier otro motivo que podía ir desde las quejas de Giulio por el poco tiempo libre de Damila hasta cosas tan absurdas como quién diseñaría el vestido de novia de ella, algo que en opinión de Ángelo no era asunto de su sobrino, porque esas eran cosas de mujeres y su único deber era asegurarse de que dispusiesen de los recursos necesarios para que ellas hiciesen lo que se les pegase la gana.

Por otra parte, el día del cumpleaños de Gianni, éste había tenido un aparatoso accidente al caerse del techo de la cochera con la resultante de que se había fracturado un brazo. Después del susto, Ángelo había montado en cólera y había enviado a los inocentes Giove y Dinka al calabozo, de modo que tuvo que enfrentar la ira de Kelly y del mismo Gianni cuando se enteraron de esto, y sumado a lo anterior, Giovanna y Amelia fueron a verlo la noche del accidente para decirle que estaban muy preocupadas, o más bien Amelia lo hizo, porque Giovanna para variar no podía hablar debido a las lágrimas; el asunto era que la angustia de las niñas obedecía a que Renzo se había encerrado en su habitación, porque a su juicio había sido su culpa lo sucedido con Gianni, y ni siquiera Franco había logrado convencerlo de salir de allí. Ángelo que había regresado de la clínica con un horroroso dolor de cabeza, se tragó dos pastillas y fue a ver al chico.

  • Abre la puerta, Lorenzo o haré que la tiren – le dijo

Evidentemente aquello no habría sido necesario y le habría bastado con hacer traer las llaves, pero no hizo falta ni lo uno ni lo otro, porque el chico le abrió.

  • Veamos jovencito…
  • No pierdas tu tiempo, tío, es mi culpa y no hay nada más que discutir

Ángelo se pasó más de una hora hablando, pero Renzo no volvió a abrir la boca ni cambió de parecer. Gianni no tuvo más suerte, de manera que Renzo se pasó casi una semana encerrado en aquella habitación, y solo comía una vez al día y poco. Aquello hizo que Ángelo y Alfredo recordasen una oportunidad en la que Giulio había regresado a casa con un ojo morado como resultado de un pleito con otro niño de la escuela, y Fredo había pasado tres días encerrado en el sótano culpándose de lo sucedido, pero en su caso no había querido comer absolutamente nada ocasionándole una crisis nerviosa a su desventurada madre. De modo que Ángelo comenzaría a preocuparse por Renzo preguntándose si en verdad y como había pensando, allí había otro Fredo en gestación.

Otro asunto que vino a alterar los ya muy golpeados nervios de Ángelo, fue que Ana tuvo una amenaza de aborto, y aunque el médico que la atendió dijo que aquellas cosas podían ocurrir en forma espontánea y sin que hubiese sucedido nada en particular, Nino se negaría a dejarla salir de casa después que la dieron de alta e incluso amenazó a la pobre Carmen si la dejaba abandonarla en algún momento, algo del todo absurdo, porque Ana contaba con una escolta apropiada y ciertamente Aurelio Sacchi, que era el GA a cargo de la misma, no sería susceptible a ser convencido de dejarla salir, de manera que Ana se convertiría casi en una prisionera durante los próximos meses, aunque esto se suavizaría con el tiempo.

El episodio anterior también afectó de manera brutal a Enzo que seguía sin superar del todo su trauma, de modo que se volvió obsesivo con los cuidados de Camelia, aunque ella no había experimentado más malestar que algún eventual mareo.

Alessandro y desde que Ángelo había contraído matrimonio, no se había marchado, sino que viendo que su amigo lo necesitaba poco, pasaba más tiempo fuera, aunque al regresar era recibido por los ácidos comentarios de Damila y por el ceño adusto de Ángelo.

  • Parece que la vida conyugal no te sienta muy bien, pequeño Genovesse – le dijo una noche en la que Ángelo acababa de discutir con Giulio diciéndole que si tanto le preocupaba el bendito vestido de Damila, mandase a traer a cualquier diseñador y se olvidase del asunto – Siempre he dicho que el matrimonio es algo pésimo para la salud y para la felicidad de un individuo

Ángelo no le contestó, sino que despachó un scotch doble con mucha rapidez.

Sin embargo, a pesar de todo aquel circo, otros individuos como Marino, Alfredo y el mismo Antonio, que llevaba ya mucho tiempo trabajando con Ángelo, coincidían en que por mucho que se quejase, nunca lo habían visto tan feliz y solo esperaban que las cosas siguiesen así y que sus enemigos los dejasen en paz, aunque al menos los Rossi sabían que eso era imposible y que era solo cuestión de tiempo antes de que intentasen algo drástico, pero agradecían que los chicos de Luciano siguiesen trabajando sin descanso para evitarlo y solo rogaban para que aquel período de paz fuese lo bastante largo como para permitirles disfrutar tanto de la próxima boda como de los futuros nacimientos, pero sobre todo, que Ángelo pudiese seguir con vida por mucho tiempo.




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