Destino de Sangre (libro 13. Última Generación)

Cap. 16 Otro

 

Europa, noviembre 2013

Damila y Giulio estaban viviendo los días más felices de sus vidas, porque a pesar de que los problemas no estaban todos resueltos, al menos de momento ellos podían disfrutar de su luna de miel como cualquier pareja de recién casados.

La única diferencia con relación a otras parejas, era que ellos se veían obligados a ir a todas partes con una escolta de 24 horas. Como Giulio estaba perfectamente al tanto del peligro que corrían, si bien no dejó de ir a todos los lugares que tenía planeado llevar a Damila, lo hizo siempre observando las estrictas medidas de seguridad y de hecho era el único que sabía que aparte de Fredo, Lisandro y el resto del grupo de custodia que los acompañaba, también contaban con otro individuo al que jamás veían, pero que estaba allí. Erik Zalinski.

Ellos habían iniciado su viaje a finales de agosto, de modo que ya llevaban poco más de tres meses en el mismo y en ese momento se encontraban en Noruega. En principio aquel habría sido un país que no habría entrado en la lista de Giulio, pero sabiendo como sabía que por algún motivo aquel lugar llamaba la atención de Damila, lo había incluido. Esa noche y cuando se preparaban para salir a cenar, el móvil de Damila comenzó a repicar, de manera que Giulio suspendió el proceso de colocarle el pesado abrigo de pieles que estaba por colocarle y arrugó el entrecejo.

  • Es Nino – dijo ella alegremente respondiendo a los inquisitivos ojos verdes
  • No me digas – dijo él en tono irónico – Ese infeliz te llama más que tu madre

Aquello era puntualmente cierto, porque Nino llamaba casi a diario y era algo que fastidiaba mucho a Giulio que incluso en una ocasión lo había mandado a paseo diciéndole que ellos no lo habían molestado durante su viaje de bodas. Damila había montado en cólera y a Giulio le había costado mucho hacer que se le pasase el enfado, algo que no sucedió hasta que llamó a Nino y se excusó con él.

  • ¡Mila! – escuchó ella antes de que pudiese siquiera contestar
  • Hola Nino ¿Cómo…?
  • ¡Mila, estamos camino a la clínica!
  • ¡Oh por todos los cielos! – exclamó Damila

Aquello puso en estado de alerta a Giulio que corrió hacia la puerta antes de enterarse de nada más.

  • ¡Fredo! – llamó
  • Succede?
  • ¿Sabes algo de Punta Dorada?
  • No, pero…
  • Averigua si todo está bien – le dijo y volvió junto a Damila – ¿Bebé? – preguntó, pero ella le hizo un gesto con la mano
  • Pero todo está bien ¿no?
  • Bueno sí… creo…
  • ¡Nino!
  • No sé Mila, supongo que sí, pero Ana se siente horrible y no sé…
  • Primero que nada tranquilízate – le dijo – ¿Ya le avisaste a Ma?
  • ¡Oh por Dios! No

Eso extrañó en realidad poco a Damila, porque Nino parecía incapaz de pensar con claridad cuando estaba nervioso y sin duda lo estaba.

  • Ya estás haciendo todo lo que puedes hacer Nino, solo avisa a la familia o no te lo van a perdonar. Llámame cuando estés en la clínica ¿bueno?

Giulio estaba entendiendo poco y la palabra clínica no ayudó a que su tensión disminuyera.

  • ¿Bebé? – preguntó de nuevo cuando ella cortó la comunicación
  • Parece que el bebé de Nino y Ana está en camino

Giulio se sintió muy aliviado de que aquello fuese todo, así que solo elevó las cejas, aunque luego se preguntó si todo estaría en orden. En principio y como ya se ha dicho, Giulio no solía preocuparse mucho por casi nadie, y si bien Nino entraba en su círculo, no tenía ni idea de si era el momento para que su hijo naciese o no, así que decidió informarse.

  • ¿Debemos preocuparnos, bebé? – preguntó, pero como pensó que no estaba siendo muy claro, agregó – Es decir, ¿es tiempo de que nazca o no?
  • Sí, sí lo es – le contestó ella, pero como la vio preocupada insistió
  • ¿Y qué es lo que te preocupa?
  • En principio que ningún viaje a la clínica me pone contenta, y segundo que me gustaría estar con Nino en este momento

Si bien Giulio entendía lo primero definitivamente no lo segundo, y no lo hacía por su proverbial egoísmo. De manera que conociendo a su mujer, decidió no discutir, sino que la apresuró para salir y se dedicó a distraerla tanto como le fue posible.

Punta Dorada, noviembre 2013

Kelly había despachado a los niños para la escuela y se había acostado de nuevo, ese día había amanecido con un dolor de cabeza invalidante, aunque no se lo había dicho a nadie. Sin embargo, cuando Luigi notó que no estaba en el comedor cuando él bajó, dejó a Samuel con el saludo en la boca y volvió sobre sus pasos.

  • ¿La signora no se ha levantado? – le preguntó a Gino que era el que estaba de guardia en el pasillo
  • Lo hizo, señor, pero después que los niños se marcharon, volvió a su habitación




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