Destino de Sangre (libro 13. Última Generación)

Cap. 21 Promesa cumplida

 

Punta Dorada, diciembre 2013

Lógicamente Luciano no hizo entrar a Damila directo a la sala, sino a la pequeña donde había llevado a Ettore la primera vez y desde donde se tenía una vista panorámica de la otra. Por muy preparada que hubiese estado Damila y ciertamente no lo estaba, el espectáculo era grotesco, de modo que se tambaleó y se aferró al brazo de Giulio. Luciano le concedió unos minutos antes de hablar.

  • Ya los viste y si quieres puedes…
  • No – dijo ella para sorpresa de Giulio

Se separó de él y dio un par de valientes pasos hacia el ventanal. Mientras ella miraba la escena, Fredo se acercó a Luciano.

  • Lo haces ahora o no podrás hacerlo, porque Ángelo está entrando

A Luciano le pareció que quien viniese al volante se había esmerado, pero se limitó a asentir y se acercó a Damila.

  • Bambi, AG viene y sabemos que intentará impedir que lo veas
  • No, no lo hará – dijo ella con convicción
  • Bien, pero yo debo marcharme
  • ¿Por qué?
  • No te lo puedo explicar en este momento, pero prometo hacerlo luego – dijo esto y miró a Giulio – ¿Bambino?
  • Fiore, Fredo – llamó él – Se las encargo
  • ¿Dónde vas, G?
  • Yo también tengo una cuenta que cobrar bebé, y así como te estoy permitiendo esto porque es tu derecho, espero que tú no intentes objetar los míos – le dio un fugaz beso y salió con Luciano sin darle tiempo a decir nada

Unos minutos después la puerta se abrió de nuevo con mucho estrépito dando paso a un extraordinariamente furioso Ángelo.

  • ¡Giulio Marcelo!
  • No es necesario que grites, Pa. Además, G no está aquí

Ángelo se acercó a ella y sus ganas de apalear a Giulio se multiplicaron al ver lo que ella estaba mirando.

  • Salgamos de aquí, Mila – dijo sujetando su brazo
  • No Pa, estoy justamente donde quiero estar y no puedes obligarme a salir

Domenico que había llegado con Ángelo, elevó las cejas, pero hasta él sabía cuándo permanecer callado. Con ellos también habían llegado los gemelos, Albano, Alessandro, Enrico y Aurelio que era quien había conducido, pero casi inmediatamente llegaron los que venían con Enrico el joven que era otro loco con un volante, de modo que en breve aquella sala les quedó pequeña. Alessandro intentó lo que Ángelo evidentemente no estaba consiguiendo, pero chocó contra el mismo muro de terquedad tan Kelly.

  • Mila – intentó de nuevo Ángelo
  • He dicho que no, Pa – lo interrumpió ella – Aquel infeliz – dijo señalando hacia donde Luciano le había dicho que estaba Vince – si hubiese podido me habría violado de la forma más brutal. Y el otro desquiciado quería matar a G y convertirme en su esposa. Así que no Pa, no tienes derecho a quitarme el mío de ver como pagan por lo que nos hicieron y por lo que pretendían hacernos.

Aunque todos los presentes, incluido Ángelo estaban en estupefacto silencio, Nicola demostraría una vez más la condición de la que lo acusaba Silvano.

  • Muchachita grosera, le estás hablando a… – pero hizo muy rápido silencio cuando ella se giró y dio un paso hacia él
  • Hasta ahora he tenido paciencia con usted por dos motivos. El primero, porque mi madre me enseñó a respetar a los mayores. Y el segundo, porque para desgracia de G, es usted su padre; uno bastante decepcionante, aunque por fortuna lo tiene a él – dijo señalando a Ángelo
  • ¡Cierra la boca niña! ¿Cómo te atreves…?

Nicola fue silenciado por una violenta bofetada que posiblemente lo salvó de males mayores, pues gritarle a Damila en presencia de individuos como Fredo, Gianpaolo o el mismo Ángelo, era un crimen de la peor especie; y si bien Fredo habría tenido alguna consideración porque aquel era un Del Piero, y Ángelo porque después de todo aquel necio era su hermano, ninguno de los anteriores era el caso de Gianpaolo.

  • Comencemos por el final, Nicola – dijo Damila en tono gélido – Me atrevo, porque es usted necio en grado de exageración y ya me harté. Y con relación a lo primero – y dio otro paso haciendo que Nicola retrocediese para regocijo de Gianpaolo – Si alguien no tiene derecho a darme órdenes, ese alguien es usted, porque le guste o no, ahora yo no solo soy una Del Piero, sino que soy la esposa del individuo que no dudaría ni un solo segundo en mandarlo al infierno si yo se lo pido.

A pesar de la horrorosa, caótica o comprometida situación en la que se encontraban y eso iba a depender del carácter de cada quien, el ruidoso escándalo que tenían los GA era de pronóstico; en el caso de los gemelos Genovesse, en verdad tenían deseos de ponerse a aplaudir, y en el de Gianpaolo no se molestó en ocultar su sonrisa. Pero aquel momentáneo alto, finalizó cuando escucharon la voz de Silvano.

  • Buonanotte signori

En ese momento todos se giraron y Damila volvió junto al ventanal.

  • Dio, no – murmuró Ángelo al ver a Giulio junto a Silvano y a Dante




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