Destino de Sangre (libro 13. Última Generación)

Cap. 52 Tensión

 

Punta Dorada, agosto 2014

Un momento antes de que todo el drama que estaba teniendo lugar en la sala de partos se iniciase, los que esperaban habían visto encenderse una luz sobre la puerta de la mencionada sala y lanzaron un grito ahogado. Aunque ya aquello no se estilaba en la mayoría de los centros asistenciales modernos, Camilo encontraba un detalle hermoso el hacerle saber a los parientes por medio de aquella luz, que el nacimiento ya había tenido lugar y el sexo del bebé, de modo que había decidido colocarlo sobre la puerta de la sala de partos.

Una vez que le habían dado la interpretación correcta a la luz, el alboroto no se hizo esperar, especialmente de parte de los Rossi y todos, en lugar de felicitar a Nicola a quien intentaban hacerlo era a un aturdido Ángelo como si en verdad aquellos niños fuesen sus nietos y no los de Nicola.

Kelly por su parte se había refugiado en brazos de Francisco Javier mientras que Sara lloraba en los de su muy emocionado marido; y Cristian solo repetía que no podía creerlo.

Sin embargo, como no salía nadie de la sala, comenzaron a preocuparse y Luciano pasó a informar, pues ya había cesado el escándalo inicial.

  • Nació el primero, pero el segundo aún no – les dijo agregando además lo que le había escuchado a Silvano

No obstante, mientras todos comentaban el asunto, los GA escucharon lo que estaba sucediendo y todos a una voltearon a ver a Luciano, pero si esperaban recibir alguna orden en el sentido de guardar silencio, o siquiera un gesto o una mirada, se equivocaron por completo, y de hecho, pensaron que el individuo iba a descomponerse. Piero fue el que actuó con mayor celeridad y con tanto sigilo como le fue posible, lo apartó del grupo familiar.

Paulo la tuvo más difícil con Fredo, pero afortunadamente tanto él como Gianpaolo no estaban cerca y la familia no notó el violento enfrentamiento entre Paulo y Fredo ni el que estaba teniendo lugar entre Daiki y Gianpaolo. Pero si bien Paulo logró reducir a Fredo y consiguió que lo escuchase, Daiki no tuvo la misma suerte y lo que sí tuvo que hacer fue noquear a su compañero.

  • No va a estar especialmente feliz cuando despierte – dijo Dante, aunque el habitual humor estaba ausente de su tono
  • Y es mejor que te escondas bien o mejor aún, que abandones el planeta, porque por muy hábil que seas, yo soy el mejor testigo de que impedirle ir con Montiel cuando la presume en peligro, es la peor de las ideas – agregó Astor
  • Y siendo que lo está, tu futuro no luce muy alentador que digamos, Sushi – escucharon a Yuri
  • Pues peor para él, porque si se pone estúpido voy a romperle el maldito cuello – dijo Daiki limpiándose la sangre de la boca

Todos sabían que Daiki era una máquina destructora muy al estilo Luciano, de modo que tomaron nota mental de mantenerlo alejado de Gianpaolo por un tiempo prudencial.

En cuanto Luciano volvió de su momentánea abstracción, Piero se alejó tan de prisa como pudo.

  • Tranquilo, soy yo – dijo elevando las manos

Sin embargo, era obvio que Luciano podía estar de muchos modos menos tranquilo, y lo demostró cuando comenzó a correr, así que Piero fue tras él. En opinión de Camilo, aquellos niños tenían la pésima costumbre de ingresar a lugares donde se suponía no debían estar, y aunque por mucho tiempo se preguntó cómo era posible, hacía mucho que había dejado de hacerlo y lo había aceptado como otra realidad de la vida. En aquella oportunidad y estando tan ocupado como estaba, Camilo no los había visto, pero no se extrañó al escuchar la voz de Luciano.

  • ¿Camilo?

El médico no tuvo ocasión de responder, porque en ese momento venía entrando Emilio en compañía de otro médico y casi los atropelló en su prisa.

  • ¿Qué demonios sucedió, padre? – preguntó el chico apartando a Camilo con escasísima delicadeza
  • Se presentó una preeclampsia – dijo él

Los azules ojos de Emilio se clavaron por un par de segundos en Camilo y fue evidente al menos para Luciano y Piero, que parecía querer asesinarlo.

  • A un lado – ordenó Emilio y los GA pensaron que se esforzaba con los individuos equivocados, pues ni Giulio ni  Silvano iban a moverse de ahí así sus vidas dependiesen de ello
  • Escucha… – comenzó Silvano
  • No, escúchame tú a mí – lo interrumpió, aunque sin dejar de hacer lo que fuera que hacía – Sé que tienes conocimientos suficientes como para haber conseguido el maldito título, pero por esa misma razón sabes que está muriendo y que si no me dejan trabajar, ni tú ni nadie podrá hacer nada

Los GA pensaron casi del mismo modo, que aquello era algo que ellos habrían evitado mencionar al menos delante de Giulio por muy verdadera que fuese la afirmación, pero fue Luciano quien actuó de forma más racional acercándose a Giulio.

  • No la estás abandonando, hermano – le dijo – pero es necesario dejarlo hacer su trabajo

Luciano aprovechó diligentemente el hecho de que Giulio estaba tan desesperado que no había lugar en él para la ira ni para intentar acomodarle un puñetazo a Emilio, mientras que Piero la tuvo muchísimo más difícil con Silvano.

  • ¡Suéltame! – le estaba gritando a Piero – ¡Yo puedo hacer esto!
  • Estoy seguro de eso, pero no con ella – le dijo – Ícaro, hay una razón para que los médicos no atiendan a sus parientes ¿recuerdas?




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