Detrás del agua

Capítulo 16b: Mi preocupación

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Me despierta una lucecilla parpadeante que proviene del libro que dejé sobre la mesa me levanto con dificultad mientras lo miro con los ojos entre cerrados a través de la fina cortina, camino lentamente hacia el con lo que me permiten la piernas al ver de cerca el libro confirmo que tiene una lucecilla encendida, coloco mi mano en la cubierta.

-funcionó –me digo convencido.

-¿Qué pasa maestro? –escucho que pregunta una voz infantil.

Lo miro con una sonrisa mientras él se frota un ojo con sus ojos soñolientos.

-nada hijo vuelve a dormir.

(Abid)

Tengo los dedos entrelazados con fuerza en mi cabello negrizco y mi rostro con la vista a mis rodillas apretando los dientes con fuerza, me encuentro en mi habitación no se cuanto tiempo llevo ahí pero es como si fuera una eternidad las lagrimas me ruedan por el rostro de la rabia y la desesperación ¿por qué? ¿Por qué? Eres un idiota siempre lo supe pero está vez te pasaste ¿y ahora como demonios se supone que se lo diré a mi hermano y a Turquesa? escucho que terminan de abrir la puerta que había dejado entre abierta porque al entrar conmocionado por la noticia había olvidado cerrarla por completo. Sé muy bien que es mi hermano mayor Jadá y junto a él está su prometida ambos Powers igual que yo.

-hermano dejaste la… - se corta la frase el mismo al verme así y sin pensarlo dos veces se acerca arrodillándose frente a mí y una pregunta sin vacilo sale de su boca- ¿quién murió?

Es la pregunta más frecuentemente formulada no deja de ser igualmente desgarradora ya sea decirla o escucharla y está vez me apuñalo el corazón.

Levanto la vista para verlo a los ojos no tiene caso alargarlo más.

-el primo de Salmoné, Cub.

Mis palabras se convierten en dagas que van directo a al corazón de mi hermano Jadá quién se sienta en el suelo con una mano en el turbante y la mirada perdida en la alfombra -¿Cómo? –pregunta sin pensar.

-salvando a personas que no tenían nada que ver con él personas Dalcileas –digo con desprecio como si las palabras fueran tan amargas como el mismo ajenjo[1]

-hablas de ellos como si tuvieran la culpa.

-y la tienen, desde que murió el padre de príncipe Safír el rey Masón el país se ha hundido en un caos y por ende hemos sido arrastrados nosotros ¿Cuántos más de nosotros tienen que morir por ellos? El Superior Salmoné debe estar destrozada –recuerdo cuando me entregó la carta, fui tan estúpido no noté que estaba entristecida se podía ver en sus ojos, lo hubiera sabido hubiera hablado con ella.

-no lo está –me responde su prometida Turquesa, una mujer de ojos avellana cabello ondulado color carbón igual que mi hermano, se supone que debería hacerle llegar los saludos de Salmoné pero este no es momento para hacerlo.

-¿cómo estás tan segura?

-porque la conozco mejor que tú.

Cub, Salmoné, Jadá, Turquesa y yo siempre hemos sido amigos muy unidos desde la niñez ahora sin Cub hay un espacio vacío en el grupo y temo por la vida de Salmoné, recuerdo la mañana en la me dijo que el padre del príncipe Josec, él rey Tomet los había elegido para aquella misión, le dije no lo aceptara que tenía un mal presentimiento de su ida, en los presentimientos nunca me equivoco y él me dijo “animo, no pasará nada ¿Qué es lo peor que puede pasarme? ¿Perder una mano?” Cub amigo idiota, ahora estas muerto. Suelto un par de lágrimas mientras cierro las manos con fuerza.

-el príncipe quiere hacer una alianza con el príncipe Safír –prosigo.

-espera ¿escuché mal? ¿Que no está muerto él príncipe Safír? –Pregunta mi hermano despertando del nostálgico pensamiento.

-perece que no, hace dos estaciones Salmoné escribió que existía la posibilidad de que estuviera vivo, no sé si es una confirmación ahora, no me había tocado llevar mensaje a Dacíl desde esa vez pero escuché decir al príncipe que quiere hacer un lazo con el príncipe de Dacíl ¿A qué príncipe crees que se refiere? –esa misión es muy peligrosa podrían suceder muchas cosas antes de que logre su comisión, mi respiración comienza a acelerarse pero mi corazón se detiene no, ahí está ese presentimiento otra vez- debo irme. –me levanto con los ojos bien abiertos y las lagrimas aun húmedas en mi rostro.

-¿A dónde? Las exequias de Cub debe ser esta tarde a lo mucho mañana. –menciona Turquesa.

-debo hablar con el príncipe Josec antes de que mande a alguien más su respuesta.

-hermano – se levanta Jadá colocando su mano en mi hombro- no estás en condiciones de sustituir a alguien.

-no, quiero ir debo hablar con Salmoné.

-pero, Abid ¿Te perderás el funeral de Cub?

-se cuanta honra merece y le darán, pero ahora tengo que preocuparme por los vivos.

Jadá y Turquesa intercambian miradas no quiero decirles que es por un presentimiento ya es suficiente para ellos con la muerte de Cub.

Me limpio las lágrimas y salgo de mi habitación.

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-Deseo hablar con el príncipe. –anuncio al guardia de la entrada.

Asienta la cabeza y seguidamente toca la puerta y lo dejan pasar al momento regresa.

-tienes permiso. –me dice.

El príncipe está de pie mirando la ciudad desde el balcón, hago una profunda reverencia hincando una rodilla.

-majestad –digo en un gesto de saludo.

-¿Qué necesitas Abid? –me dedica una sonrisa bondadosa.

-si a mí Señor le parece bien quiero ser yo quien entregue la carta de respuesta a el Superior Salmoné.

Su sonrisa va menguando lentamente –Abid, sabes que no estás en condiciones para eso.

-quiero hacerlo –aseguro.

Menea la cabeza con lentitud, eso me dice mucho. –sé que aprecias a Cub tanto como yo, se cuál es tu dolor –percibo que contiene su dolor, príncipe– estoy más que seguro que no estás en condiciones de ir, además ya envié a alguien por ti no quiero que cometas una tontería.



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En el texto hay: #romance, #secretos, #mediaval

Editado: 18.01.2026

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