(Cusán)
-nada, ni un rastro de la señorita. –lamenta Daberat.
Meneo el vino dentro de mi copa mientras veo como esta se mueve. -bueno, míralo de esta forma sabemos que está viva si no lo estuviera la hubiéramos encontrado al primer día -Daberat me dedica una mirada asesina la ha estado buscando desde que desapareció hace doce días, me encojo de hombros- no hay mal que por bien no venga, sabemos que no está muerta ni está aquí.
Daberat se tapa los ojos con una mano, tampoco ha dormido, le sirvo una copa y se la ofrezco, me mira un momento creí que la rechazaría no es un hombre de beber pero toma la copa y rápidamente la vacía y la coloca en la mesa con dureza.
-tienes razón, no está aquí, las personas que viven en el refugio saben lo delicado que es interferir en nuestros asuntos si estuviera escondida alguien la hubiera delatado, tampoco es que pudiera ofrecer dinero ni siquiera ella cree que sea de la alta nobleza. –Mira con los ojos entrecerrados la mesa- salió.–confirma- la pregunta es cómo pero eso ahora no importa, importa dónde puede estar ahora, con doce días podría estar en cualquier parte desde Valle seco hasta Loma de Sangre.
Tomo un trago- eso sería si anduviera a caballo pero no se reportó ningún animal robado. –apunto.
-entonces estaría alrededor de Copas Altas, Piedra Roja, Bosque Azul, Lago Negro o Monte de Sol sigue siendo una extensa área, si tan solo supiera hacia qué dirección ha caminado… pero no podemos olvidar que existe la posibilidad de que le haya pedido ayuda a un campesino, aunque tampoco creo que tenga esa fuerza de voluntad de llegar tan lejos no está entrenada su cuerpo no creo que aguante un camino tan duro.
-cuidado Daberat no la subestimes es un Azul es de fuerza de voluntad de lo estás hablando. –no negaré que tantas idas al Salón de los recuerdos buscando a Jabné he aprendido algo.
-pues no soy el único que la habrá subestimado, le dije a Kéber que dobláramos la guardia no prestó atención, creía que no era necesario -hace un sonido cona boca de fastidio- me pregunto qué pensará ahora. –se frota los ojos del sueño y la frustración.
Me paso los dedos por mi cabello castaño, esto es un callejón sin salida.
Tocan la puerta. –Pase –digo.
Un soldado menudo entra en el recinto y hace una reverencia mecánica.
-señor -se dirige a Daberat- el Superior Zofím requiere de su presencia.
-dile que iré.
El soldado hace otra reverencia y sale, Daberat se sirve otra copa la vuelve a vaciar con prisa y se levanta.
-hablaremos después Cusán. –se despide asintiendo yo hago lo mismo.
Miro de nuevo la copa pensativo, parece que ahora mismo todo está saliendo mal primero la negación de la señorita Noumair con un compromiso después la negación del príncipe Brachen de exigirla, después la ida de él al viaje luego la desaparición de la señorita, básicamente todo se está encaminando al caño por dos jóvenes, si lo están haciendo por turno le tocará a la señorita Noumair empujar un poco más las cosas, me pregunto qué pasará ahora, apuro el último trago y me levanto para salir al patio dispuesto a practicar, en el camino un general a mi orden me alcanza.
-¿Sí? –pregunto sin detenerme.
-Comandante, las personas de Loma de sangre y alrededores han llegado hoy, son cuarenta en total, dos Azules los hijos del señor de Loma de Sangre los Diquen, -lo Diquen nos enviaron a sus hijos eso es un buen indicio- seis Sangría, tres de ellos son de Bosque Azul uno hijo de los Treiten los otros dos primos, cuatro Sangría –los tacaños de los de Bosque Azul y Loma de Sangre no quisieron enviarnos más de eso, sé que habían más disponibles - uno por familia y el resto los números entre colores es variado. Lo esperan en el patio principal. –termina.
Me detengo suspirando, supongo que tendré que posponer le entrenamiento de nuevo, un Comandante no descansa, cuando decía algo parecido mi padre me miraba y decía “descansarás cuando estés muerto Cusán” hay padre pero que razón tenías.
-bien, vamos.
El patio principal en un lugar en cementado dentro de los muros del Amparo con espacio para trescientas personas, los cuarenta hombres y mujeres (literalmente cuatro mujeres) esperan formados en filas, los Diquen y los Treiten en primera fila se les notaba quienes eran por la ropa.
-buenos días, mi nombre Cusán soy el Comandante de tierra y pertenezco al Concejo seré uno de sus entrenadores durante los siguientes días –Jabné debería estar haciendo esto no yo, es mí Superior y es él más empapado en la materia- a todos agradecemos los han hecho sus familias al enviarlos aquí para su entrenamiento comenzaremos hoy por la tarde, por ahora los dejaré con el General de milicia quién les mostrará sus dormitorios, me gustaría que los Diquen y los Treiten me acompañaran. –Despido a los futuros miembros de ejercito pare que ellos sigan al General, las dos familias se quedan y después que estamos solos sigo hablando- es un placer conocerlos. -hablo con voz a más informal.
-también es el nuestro, mi nombre es Crestin y mi hermano Yuren. -contesta él mayor de los Diquen un hombre de alrededor de cuarenta años su hermano aparenta los veintiuno ambos son pelirrojos.
-igualmente nosotros, somos Phena, Zumber, Oscur y mi persona Biktor. –dice uno de los Treiten también el mayor que parece tener cerca de los cuarenta.
Asiento -quiero mostrarles sus alcobas personalmente –hago un ademán hacia el Amparo.
Toda este protocolo se debe a que son de casas muy importantes tanto los Treiten como los Diquen son hijos de Duques, estaremos en guerra pero no perderemos la diplomacia.
Después de dejar a los Treiten y el menor de los Diquen en sus alcobas y el señor Crestin yo caminamos un rato.
Editado: 31.01.2026