Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 19: LOGAN MASSONE

CAPÍTULO 19

LOGAN MASSONE

Tengo frente a mí a un hombre que dice llamarse Logan Massone, que se declara dueño de la casa en que vivo y que pregunta por alguien que no conozco. Con tanto lío que tengo en la cabeza no me interesa ponerme a descifrar el misterio de tal Sr. Remington con el que pide hablar.

—¿Está usted seguro que ha llegado a la casa correcta? Lo digo porque no conozco y menos comparto techo con ningún señor Remington.

El hombre continúa mirándome de una manera inquietante. He pasado una noche fatal, traigo puesto el primer trapo que encontré, mi cabello está revuelto y seguro debo tener el rímel regado por mis ojos enrojecidos de tanto llorar. Aun así, él sigue mirándome. ¿Qué tanto me ve?

Mi paciencia es corta.

—¿Va a hablar o espera que yo adivine lo que piensa? —cuestiono molesta.

Él carraspea, mira alrededor y suelta un suspiro. Cuando parece convencerse de que allí no se encuentra a quien busca, se decide a hablar.

—Bueno, en realidad esta conversación la debo tener con el señor Remington porque fue él quien firmó el contrato de arrendamiento…pero…

—Ya le dije que no conozco a esa persona —lo interrumpo con brusquedad —Aquí solo estoy yo y hasta ayer vivía con mi hija y su padre, Parker Gianmarco.

Él hombre niega con la cabeza.

—Usted disculpe —su voz es conciliadora — pero no conozco ningún Parker Gianmarco. Le repito que quien firmó el contrato para vivir en esta casa fue el señor Remington…Oliver Remington. Puedo mostrarle los documentos si lo desea…

Siento que me hierve la sangre por dentro.

—¡No me muestre nada! No me interesan sus negocios ni sus contratos —le recalco para que note mi desinterés en el asunto —Yo vivo aquí hace cerca de un año. Ayer mi hija quedó al cuidado de su padre y no sé nada de ellos. Ya hice una denuncia…comprenda que estoy en una situación desesperada y no tengo cabeza para nada más —hago un esfuerzo por mostrar fortaleza y no desmoronarme frente a este extraño, pero no es fácil porque me destruye recordar que he perdido a mi niña.

—Lamento mucho su situación —sus ojos, que ahora noto son de un gris profundo, parecen reflejar genuina empatía.

—Déjeme mostrarle algo…—añade al tiempo que saca su teléfono móvil del interior de su chaqueta y desliza su dedo sobre la pantalla.

Me quedo mirando lo que hace y estoy deseosa de que suceda algo con lo que yo pueda demostrar su equivocación.

Al cabo de un rato, gira el aparato hacia mí y me muestra una foto. Es una cédula de identidad con la foto de Parker. Iba a decirle que, en efecto, es él. Solo que me fijo que aparece con otro nombre: Oliver Remington.

Me costó entender lo que estaba sucediendo. Aturdida y sin saber que decir, apenas logré balbucear.

—Es él…es Parker…

—¿Es usted su esposa? —pregunta.

No sé que responder porque mi mente todavía va asimilando lo que sucede.

—Sí…digo no…quiero decir…no estamos casados, pero vivimos juntos y tenemos una hija. Pero ha desaparecido llevándose a la niña y ahora…no comprendo.

Debo haber palidecido de una manera tan evidente que me pide que me siente y descanse. Ese pequeño gesto de su parte me dio la impresión de que existía algo de humanidad en aquel hombre.

—¿Se encuentra bien? —pregunta, no sé si porque no encuentra que otra cosa decir o si en verdad le importa.

—¿Cómo puedo estar bien? —casi grito —Acabo de descubrir que he vivido engañada todo este tiempo, que el padre de mi hija es un farsante y se ha llevado a mi niña quien sabe con qué propósito…—la rabia marca mis palabras.

Él queda sin palabras al ver mi reacción. Con todo, me explica la razón por la que había llegado hasta allí.

—El señor Remington me ha firmado un contrato de un año para el alquiler de esta casa. Al principio los pagos estuvieron al día, pero lleva varios meses en atraso —explica —He hecho varias gestiones de cobro, pero han terminado en nada por lo que me vi obligado a venir personalmente. Si no hay pago, la ley me permite lanzarlo a la calle…pero…—titubea en continuar

—¿Me va a lanzar a la calle? —inquiero aterrada.

Se muestra confundido con mi pregunta y no responde. Intento mirarlo a los ojos, pero él esquiva la mirada. No necesito que diga nada más, es evidente que la respuesta es afirmativa.

—¿Qué puedo decir? El señor Remington tiene una deuda grande conmigo —suelta tras meditarlo.

—A mi solo me interesa recuperar a mi hija…

—Y a mí el dinero… ¿Lo tiene usted?

Este es el momento donde lo malo se torna peor.

Niego con la cabeza, derrotada y abatida por esta nueva tormenta que se avecina.

—No tengo un solo peso a mi nombre. Lo he perdido todo…a mi hija primero que todo. Pero también a la imagen de un hombre que creía conocer. Para colmo de males, ahora llega usted a decirme que también pierdo el lugar donde vivo…

No sé de dónde saqué la fuerza para decir esas palabras sin llorar. No es mi intención causar lástima, pero mi panorama es devastador y no hay otra forma de describirlo.

Nos quedamos un rato en silencio. Puede ser que por su cabeza estuviera pasando la forma de lanzarme de aquí mientras que en la mía solo hay caos.

—Le suplico que no me eche…necesito un lugar donde estar en lo que recupero a mi niña. Necesito encontrar a Parker…o a Oliver Remington o comoquiera que se llame —ruego sin pudor, mirándolo con la intención de traspasarlo y llegar a su alma hasta conmoverlo.

Lo veo titubear, cavilando pensamientos que yo quisiera adivinar. Se desplaza por el salón en pasos lentos y cada una de esas pisadas resuenan en mi corazón que está pendiendo de un hilo por la expectativa. ¿Lo habré conmovido?

Finalmente, se voltea a mirarme y lo hace de forma decidida.

—A mí también me interesa que el señor Remington aparezca…yo puedo ayudarla a encontrarlo…—suelta con un brillo extraño en los ojos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.