CAPÍTULO 21
PLAN
—No es que haya encontrado algo, pero…—me soltó por saludo.
Sentí la sangre hervir en mis venas al escucharlo.
—¿Así que no encontraste nada y me has hecho venir en vano? —le recrimino sin reparo. Estoy realmente molesta por haberme hecho gastar el último dinero que me quedaba para trasladarme hasta la ciudad y resulta que no ha encontrado nada. ¡Que bríos!
—Tranquila…déjame explicarte —intenta calmarme dando antes una fugaz mirada alrededor. Me parece que le inquieta un posible escándalo, aunque a mí me importa un bledo si la gente nos mira.
—Si te dije eso es porque necesitaba decirte algo que te hiciera llegar hasta aquí.
Se refería al lugar donde me citó. No solo lejos de mi casa, sino que es un restaurante italiano cuyas salsas se pueden oler desde la calle. Hay dos tragos sobre la mesa y me parece inaudito que Logan piense que me interesa compartir copas en un momento tan crucial.
El sitio está medio vacío pero los comensales lucen todos de una estrata social muy distinta a la mía. No es el tipo de lugar al que estoy acostumbrada y en última instancia me desagrada porque me recuerda el primer lugar al que Parker me llevó. Con el malestar carcomiéndome por dentro se me hace difícil tranquilizarme.
—Necesito que comprendas, no tengo tiempo ni dinero para gastar trasladándome así —remarco nuevamente.
—¿Quieres olvidarlo? —dijo con los dientes apretados y el gesto tan molesto como el mío —Tengo algo importante que decirte, por eso te hice venir…ya cálmate…
—A ver…dime rápido…sin rodeos —lo interrumpo.
Logan hace un silencio de esos que preceden las noticias importantes, de los que te avisan que lo próximo que viene es algo que no esperas. Un notición. Su silencio se alarga más de lo que puedo tolerar y cuando estaba a punto de abrir la boca para reprocharle la intriga, soltó la lengua.
—Oliver Remington hizo el pago de todo lo adeudado. Incluyó también un mensaje declarando el fin del contrato de arriendo. Saldó su deuda conmigo y no me debe nada —soltó.
Doy un respingo, asombrada. Mi mente queda en blanco, como si se negara a llegar a la conclusión más obvia.
—¿Te pagó todo?
—Absolutamente.
—Eso quiere decir que…—me estremezco a tal punto que no puedo terminar la oración.
Logan asiente, sabe lo que estoy pensando.
—Que en lo que a mí respecta no tengo motivos para buscarlo ni tampoco puedo hacerle una denuncia de incumplimiento de contrato —explica.
Me quedo en silencio intentando asimilar lo escuchado. Si Parker ha pagado su deuda, Logan no tiene razones para buscarlo y pierdo la luz del camino que conduce a mi hija.
Trago hondo y mi boca se reseca. No es fácil ver desvanecerse la única esperanza que tengo.
—¿Quiere decir que me dejas completamente sola en esto? —me contengo para no desfallecer —¿Qué no vas a ayudarme?
Él me mira, pero no dice nada. Se queda pensativo y yo no logro descifrar lo que está pensando, pero me aferro a la idea de que no todo está perdido. Quizás si apelo a su piedad…
—No me abandones…—le imploro en un susurro lento.
Vuelve a mirarme, solo que esta vez rompe el silencio. No sé qué va a decir, pero responderé que sí a lo que sea que proponga. No puedo. Me niego a quedarme sola y sin ayuda. Pagaré con gusto el precio que ponga.
—Hay algo más…
Mi corazón se enciende con ilusión, mi esperanza rota vuelve a componerse.
—¡Dime! Sea lo que sea necesito saber…—mi voz ansiosa y suplicante.
—A través del pago pude encontrar su dirección…no es muy lejos de aquí…por eso quise que vinieras…—pronuncia con seguridad y cada palabra me parece un rayo de luz.
—¿Hablas en serio? ¿Cómo lo lograste? —inquiero tontamente, a estas alturas no importan los modos sino los resultados.
—Eso no puedo decírtelo, que te baste que voy a confiarte donde se encuentra. Como te dije, no queda lejos… —afirma.
—¿Dónde es? Dame la dirección que iré ahora mismo —mis ojos se clavan en los suyos con urgencia.
—Te la daré…pero no ahora —sentencia y se echa hacia atrás acomodando el ancho de su espalda en el respaldo de la silla.
Logan toma un sorbo de su trago y yo hago lo propio, ni siquiera pregunto que es, sino que apuro el trago que quema mi garganta, pero me alivia.
—¿Por qué no ahora? ¡Me urge!¡Debo rescatar a mi hija de las manos de ese miserable! —doy un golpe en la mesa que hace saltar los cubiertos.
—Tienes que actuar con inteligencia, no por impulso —interrumpe para dar otro sorbo a su trago —¿Qué piensas hacer? ¿Aparecerte en su casa como una demente a reclamar a tu hija? ¿Crees que él no ha tomado precauciones para ese momento? ¿No se te ocurre pensar que necesitas un plan? —sus interrogantes me enfurecen.
—¡Es mi hija y él se la llevó! ¡Mi plan es rescatarla! —respondo tajante.
Él se queda observándome casi con indiferencia. Puedo ver en sus ojos que mi desesperación no lo contagia. Más bien, me reprende con la mirada.
—Escucha, Allison —ahora se inclina hacia adelante y centra su atención en mí —ya te habrás dado cuenta de que el señor Remington es un hombre calculador. Que te llevo a un sitio apartado para tenerte bajo su dominio solo hasta que naciera la bebé para luego largarse con ella. Eso fue un plan que requirió mucha preparación. Seguramente a estas alturas ya la habrá registrado como hija suya de madre con paradero desconocido. ¡Quien sabe que artimañas usó como abogado! Por lo tanto, tú no puedes aparecerte sin nada. Tienes todas la de perder.
Lo escucho en silencio. Me enoja aceptar que me dice la verdad. Que no tengo nada. Ni evidencia de embarazo, ni dinero, ni mañas, ¡Ni siquiera tengo un techo seguro que ofrecer! —siento los ojos arderme, pero me trago las lágrimas, las cuales no sirven de nada.
—Entonces… ¿Qué propones? —inquiero.
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Editado: 12.01.2026