CAPÍTULO 22
MAX
Desde ese día me mudé a su casa. Logan envió a uno de sus empleados a recoger todas mis pertenencias y preparar la casa para los siguientes inquilinos. Me pareció bien porque aquel lugar esta tan solo lleno de tristezas y malos recuerdos.
La casa de Logan es todo lo contrario a la soledad en que vivía. No me sentí extraña cuando llegué. Me pareció agradable el ambiente tibio con muebles en colores monocromáticos, pisos en madera pulida y un ventanal por el que entra la luz vibrante del día.
Debo decir que su casa parece un verdadero hogar, aunque él viva solo con su adorable cachorro. Quizás es eso lo que da la sensación de hogar.
En cuanto entré a la sala principal, mis ojos se escaparon a mirarlo.
—¿Qué es eso que se mueve ahí? —le pregunté señalándole un lío de sábanas sobre su sofá. Era imposible no notar como se movían aquellas telas.
—Ese es Max —respondió al tiempo que lo sacaba de entre las sábanas y lo tomaba entre sus manos.
Me enamoré del animal al instante.
—¡Es un bebé! —exclamé emocionada.
—Es apenas un cachorrito de semanas. Lo adopté de un refugio casi acabado de nacer. Lleva poco tiempo en este mundo y soy todo lo que tiene.
—Bueno, ahora me tendrá a mí.
Entonces me pasa el cachorrito y siento ternura al instante. Creo que es un Spaniel pero no sé mucho de perros y, por supuesto, en el hogar de niñas nunca tuve mascota. El animal se pega a mi cuerpo como buscando calor y desde ese momento también lo adopté. Luego de un rato se queda dormido en mi regazo y vuelvo a acomodarlo entre las sábanas.
Logan me muestra el resto de la casa. Caminamos entre pasillos y lo observo todo. Los techos altos es una de las cosas que más me gustan porque dan la sensación de libertad. La casa me parece grande para una sola persona, un lujo que algunos pueden darse. En cada esquina se respira tranquilidad, justo lo que necesito para poder llevar a cabo el plan que todavía no tengo pero que espero pronto concretar.
Luego de mostrarme cada rincón de la casa, me asalta una pregunta que no me atrevo a decir en voz alta. Él, no obstante, parece descubrirla en mi semblante porque la responde sin que yo la verbalice.
—Éste será nuestro dormitorio —asegura al tiempo que abre la puerta y queda ante mí una habitación inmensa con una cama cubierta de sábanas blancas y almohadas de color nacarado. Tiene un baño propio y los pisos recubiertos con alfombra. Del techo baja una lámpara con múltiples luces. Todo parece sacado de una revista de decoración. Hermoso, sin duda, pero también intimidante.
—¿Nuestro dormitorio? —cuestiono y el tono asustadizo delata mi temor —Pero si he visto que sobran habitaciones…puedo ocupar cualquier otra.
Logan se había dirigido a la ventana que daba a un patio interior, pero se voltea a verme en cuanto me escucha. Observo como arquea una ceja y pone un gesto de intriga.
—Pero… ¿es que eres tan ingenua y piensas que no tendrás que pagar? Te recuerdo que tenemos un trato…—me suelta sin que su voz denote molestia o inconformidad, solo como quien hace un simple recordatorio.
—Lo sé…pero todavía no tengo a la niña, ni siquiera tengo un plan para recuperarla. ¿No te parece un poco apresurado? —doy un paso atrás y me pongo en modo de alerta. Me acerco a la puerta por si tengo que salir corriendo.
Logan exhala con una sonrisa en los labios. Con un par de zancadas se allega a mi lado y me sujeta por la cintura como si adivinara mis intenciones de escape.
—Bueno… ¿Qué puedo decirte, mi querida Allison? Me irás pagando según vayas recibiendo. Por ejemplo, ya tienes un techo seguro donde vivir sin pagar ¿No te parece que eso merece una gratificación? —susurra acercando provocadoramente su rostro al mío.
Trago hondo. Sé que estoy en sus manos en todo el sentido de la palabra. Él es mi único aliado, para bien o para mal es de quien me sostengo en este momento que me siento tan sola y vulnerable. Me propone pagar a plazos, como se hacen en los negocios. Sé que no debo negarme. Hacerlo significaría renunciar a su ayuda, la cual necesito como aire para respirar.
—¿Cuál es ese primer pago? —murmuro sintiendo que me falta el aire. Logan aun me ciñe por la cintura y me estrecha contra su cuerpo sin que yo ofrezca resistencia porque estoy dispuesta a pagar.
—Lo primero es esto…—masculle.
No tuve tiempo a reaccionar porque de inmediato él busca mi boca y me besa. Es un beso que comienza suave y va despacio hasta convertirse en apasionado. Siento el calor de sus labios en los míos. Sus manos se deslizan subiendo desde mi cintura, atravesando la espalda y perdiendo sus dedos por mis cabellos. La fricción de nuestros cuerpos me despierta sensaciones extrañas, inquietantes y reveladoras. No es un beso forzado, es un beso cómplice.
—Eres buena pagando…—dice al fin soltándome y yo recobrando el aliento.
—¿Es eso un halago? Porque es de mal gusto, ¿sabe? —increpo sobre su elección de palabras.
Logan responde con una sonrisa y yo me reprocho mis remilgos porque en el fondo debo admitir que lo disfruté. Solo que jamás lo voy a admitir. Prefiero hacerme la digna y me muevo a otra cosa.
—Y bien… ¿Cuál es el plan?
Caminamos hasta el jardín interior y nos sentamos en una banqueta de frente a un portal recubierto de hiedras. El ruido del agua al caer desde una fuente ubicada junto al portal me sirve para apaciguar el corazón que se me había alborotado por el beso.
—¿Tienes alguna amiga que te ayude? Es que lo que he pensado te sirve mejor con una amiga…—explica.
—No tengo a nadie en el mundo. La única amiga que tengo y a quien quiero como a una hermana se llama Jessie y vive lejos. Ni siquiera he podido contarle lo que me está sucediendo…
—Hummm —hace un mohín contrariado.
—Sea lo que sea, lo puedo hacer sola, te lo juro.
#411 en Novela romántica
#154 en Novela contemporánea
superacion decepcion empezar de nuevo, lucha entre familias, engaño y traicion
Editado: 12.01.2026