CAPÍTULO 23
ANZUELO
Al llegar la noche es cuando todo se pone difícil. Por más intentos que hago, Logan no me permite dormir en otra habitación que no sea la suya. De nada sirven los ruegos ni alegaciones de sentirme enferma. No me cree nada.
Me meto a bañar y salgo vestida con la bata más larga y aburrida que tengo, sin transparencias, de mangas largas y cuello alto. Sin embargo, me siento insegura y me muestro titubeante.
Al verme, mi aspecto solo le causa risa a Logan.
—Pareces una monja…—dice tras soltar una risotada.
Sé que tengo el rostro encendido porque él me lo dice, pero también porque siento un calor subirme hasta las mejillas. Creo que hasta las orejas las tengo calientes.
—No me importa lo que parezca, pienso dormir así —respondo tajante.
Él, en cambio, va con el torso al descubierto y tan solo luce un sexy y provocador bóxer. No puedo resistirme a la tentación de mirarlo. Es un monumento de hombre, mucho mejor que Parker. Camina por la habitación y estoy segura de que se pavonea solo como una franca declaración de insinuarse. Seguro lo hace para ver mi reacción. No le sigo el juego y me limito a mirarlo sin decir nada, actuando como si no me importara.
Me siento sobre el filo de la cama y él parece deleitarse con solo verme allí. Tengo toda la intención del mundo de meterme bajo las cobijas y arroparme hasta la nariz. Pero antes de hacerlo, Logan me dice algo que me hace pararme de un brinco.
—No te preocupes por quedarte a solas conmigo. Tendremos compañía—suelta como si tal cosa y el corazón comienza a brincarme en el pecho.
—¿Qué quieres decir? —inquiero aterrada.
¿Es un pervertido? Solo eso me faltaría.
Se dirige a la puerta sin responderme de inmediato. Siento pavor por lo que pueda estar tramando. Ya tengo bastantes enredos en la vida como para meterme en otro más.
—Ya vuelvo —indica con total tranquilidad y sale de la habitación.
Yo vuelvo a sentarme, o más bien, a petrificarme sobre la cama. La espalda erecta, los ojos con cautela por lo que pueda significar eso de que no estaremos solos. Quisiera correr y escaparme, pero no tengo a donde ir. De todas formas, observo la ventana más cercana, por si acaso. Estoy atrapada en las garras de este hombre al que apenas conozco y ya debo compartir el lecho. Estoy a su merced, sin posibilidad de tener otro lugar donde estar. Es horrible.
Pocos minutos después, Logan regresa. Trae un lío de sábanas entre sus manos. El alma me regresa al cuerpo.
—¡Max! —exclamo tan feliz como aliviada.
El animalito asoma su cabecita a través de las telas y me parece lo más tierno. Logan lo acomoda en la cama, en medio de los dos. Le acaricia el lomo y sus ojos se desviven al mirarlo. A mí también me provoca ternura. Quedamos finalmente dormidos, acostados uno de frente al otro con Max entre nosotros. Fue una buena noche para los tres.
***
El plan comienza hoy y estoy con los nervios de punta, aunque intento serenarme. Debo actuar con naturalidad, Logan me lo ha dicho mil veces. Esta vez me he jurado controlar mis impulsos y trabajar despacio. El plan de Logan es bueno, aunque no es infalible. De cualquier modo, no me lo ha explicado por completo, sino que lo diluye poco a poco. Con todo, creo que puede funcionar. Cualquier cosa puede suceder cuando no sabemos cómo reaccionará la otra parte. Esa parte que se llama Alma Remington y que se ha apropiado de lo único valioso que tengo en la vida, mi pequeña Rosie.
Me he vestido con un toque ejecutivo que da la apariencia de ser profesional. Un traje sastre, una chaqueta por encima, zapatos cerrados. Todo comprado por él para sumarlo a una deuda que nunca podré pagar. El cabello -que Logan insistió me tiñera de rubio- envuelto en un moño sobre la nuca.
—Entre menos te parezca a la mujer que eras antes, mejor —asegura.
Me miré antes de salir y apenas pude reconocerme. Esa imagen que me devolvía el espejo era irreconocible a la Allison simple que soy.
El tiempo ha pasado rápido y atrás quedaron los días fríos. La temperatura es esa agradable de primavera.
Estoy sola, sentada en una banqueta del parque. Tengo mi móvil a la mano y traigo unas gafas oscuras que me protegen de que Alma no pueda darse cuenta de que la estoy observando. Según dice Logan, esta es la hora que saca a pasear a mi niña.
Luego de una espera considerable, al fin la veo acercarse. Va recorriendo la acera que bordea el césped verde donde las personas se tumban a leer, charlar o simplemente tomar el sol. Es un lugar poco concurrido, pero con suficiente ambiente para que una madre se sienta segura de traer a su bebé.
En cuanto la veo acercarse, entro en escena.
“Es que no entiendo…tengo todas las cualificaciones para el empleo…” digo al aire, teléfono al oído.
Hago una corta pausa y espero a que Alma se acerque un poco más.
“Permítame explicarle, soy una enfermera con especialidad en cuidado pediátrico, soy la persona ideal para el puesto…”—esto último lo digo cuando ella esta lo suficiente cerca como para escucharme.
Prosigo el acto.
“¿Qué más pueden pedir?” Mi prontuario es excelente.”
Trago hondo porque los nervios amenazan con traicionarme por la cercanía del coche donde va mi niña. ¡Que fácil seria arrancarla de allí y salir corriendo!
Vuelvo a tragar, a respirar profundo y a calmarme.
“Por supuesto que tengo toda mi documentación. Solo que me tomará un poco de tiempo hacerlos llegar…usted sabe, la burocracia.”
Hago otra pausa donde se supone estoy escuchando lo que me dice mi interlocutor. Alma pasa frente a mí. Hago un esfuerzo sobrehumano para no mirarla, pero doy un vistazo fugaz hacia el cochecito. No lo pude evitar.
Ella sigue de largo y yo camino tras ella, a una distancia prudente.
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Editado: 04.02.2026