Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 24: FALSA IDENTIDAD

CAPÍTULO 24

FALSA IDENTIDAD

Alma camina los pocos pasos que nos separan empujando el cochecito y yo me concentro en mirarla a la cara para que mis ojos no se escapen hacia mi niña. Un leve temblor me recorre el cuerpo y debo sujetarme del bolso para controlarme. Quisiera sucumbir al deseo de tomar a mi pequeña y salir corriendo, pero la razón me grita que no debo hacerlo, no es el momento. Elijo plantar los pies en el suelo y seguir el plan.

“Esto lo ganaremos con astucia, no con fuerza…”—me parece escuchar a Logan decirme al oído.

Relajo el semblante, pero siempre manteniendo el gesto preocupado de quien no ha obtenido una plaza de empleo. Es mi carta de presentación ante ella.

—Disculpe mi intromisión, pero me pareció escuchar que es enfermera especializada en pediatría… ¿es así? —me cuestiona con algo de aprehensión, puedo notar que le mortificaría si yo le respondiera con malos modos por escuchar conversaciones ajenas.

Antes de responder me detengo a observarla en detalle. Es hermosa, sin duda. Joven, de cabellos castaños y expresivos ojos claros. A miles de kilómetros se le nota la clase. Tiene ese algo que distingue a las mujeres de otra estirpe, las finas, las educadas en colegios de renombre. Alma Remington es todo lo contrario a lo que yo soy y eso me queda claro en la primera impresión.

—Así es. Tengo mi título y es mi pasión trabajar con niños, aunque… —suelto un suspiro —de nada me ha servido porque no he conseguido el puesto que solicité y…bueno…toca seguir buscando —le respondo tan convincente que yo misma me asombro.

—¿Está licenciada? Quiero decir… ¿Tiene credenciales? —continua el interrogatorio.

—Estoy completamente en ley, obtuve mi licencia con mucho esfuerzo, pero todavía no me llega, es un trámite interminable y no me dieron el puesto por eso…usted entenderá…la junta reglamentaria no tiene ninguna prisa en hacérmela llegar. Un fastidio la burocracia del país…—me lamento.

Alma me escucha atenta, capta mis palabras y creo que logro transmitirle mi frustración. Punto a mi favor.

—Ahora discúlpeme usted la intromisión… ¿Por qué me pregunta? ¿Conoce a alguien que pueda emplearme? Estaré más que agradecida si desea ayudarme.

—Bueno…es que yo…estaba pensando…que tal vez…no sé…si me consigue algún dato verificable sobre su preparación, quizás pueda ayudarle…—ofrece.

Le digo que sí al instante, aunque no tenga la mínima idea de como hacer semejante trámite, que obviamente sería falso.

—¡Por supuesto! Solo dígame a donde lo hago llegar y mañana mismo lo tendrá…—le aseguro.

Alma me dicta su número el cual añado a mis contactos con la rapidez de un rayo mientras sonrío complacida.

—Puedes enviarlo ahí. Estaré pendiente —devuelve la sonrisa, amable.

Le agradezco su intención y luego intercambiamos frases sobre el clima y cosas sin importancia. Debo llenar los espacios vacíos para darle fuerza a nuestra incipiente amistad. Deseo mostrarme agradable, educada y, en especial, confiable.

No obstante, la verdadera prueba de fuego llega cuando el gorjeo de la niña nos avisa que está despierta. Alma se apresura a revisar que todo este bien y yo no me resisto a mirarla. Mi instinto de madre se impone.

La miro con deleite.

¡Esta hermosa! ¡Que mucho ha crecido en este tiempo!

Mi corazón se encoje de dolor y alegría al mismo tiempo. Mi cuerpo se sacude en un nuevo temblor producido por la emoción de verla. ¿Cómo hago para aguantar esta prueba?

Logan vuelve a mi pensamiento. Me advirtió que me convertiría en mi propia peor enemiga si dejaba que el sentimiento me dominara.

“Cabeza fría, corazón de piedra, Allison”—fueron sus palabras.

Pero una madre nunca puede fingir su amor. Sus sentimientos la delatan. Estoy estremecida hasta el tuétano y ser comedida y mesurada ya no está entre mis atributos.

Con todo, el esfuerzo bien vale la pena.

Mostrar indiferencia sería contraproducente a mis planes, por lo que me balanceo en mis sentimientos de madre y logro una actuación digna.

—¿Es ésta la belleza que tendré al cuidado? —pregunto con soltura, con naturalidad.

Alma sonríe como madre orgullosa.

—¡Así es! Mi angelito divino, mi dulce Tamara…—responde.

Mi estomago se revuelca al escuchar el nombre.

¡Es Rosie! ¡Es Rosie! —grito en mi interior.

—¡Es hermosa! ¿Puedo tocarla? —me aventuro a preguntar.

Alma no oculta el orgullo por la niña. La mira con devoción y por un instante dudo que sea falso el amor que refleja su mirada.

—¡Por supuesto! —responde —De hecho, puede tomarla en brazos. Quiero ver como reacciona, si hay química entre ustedes, ya tiene el puesto —indica.

El corazón se me quiere salir del pecho por las emociones que me embriagan. Me inclino y tomo la niña en brazos. No puedo siquiera comprender como mi vida entera se colma de alegría. Siento su cuerpecito contra mi pecho, su piel suave, su aroma. ¡Mi Rosie! ¡Que mucho te extraño!

La niña se acomoda cándida y angelical. Es como si supiera que ha regresado a quien pertenece, a quien la ama más que a nada en esta vida. Cierro los ojos, el momento es sublime. Me parece estar flotando en las nubes con ella.

—¡Ja! ¡Bien que se ha acomodado contigo! —exclama visiblemente sorprendida— ¿Sabes? Soy de las que creen que los niños intuyen quien los quiere bien. Desde tierna edad ya presienten quien sí y quien no. ¡Tú eres un definitivo sí!

Sonrío de pura felicidad. Este momento con mi niña lo ha valido todo. No quisiera que terminara nunca, pero debo ser prudente y no mostrarme en exceso efusiva.

Regreso a mi pequeña al cochecito y Alma se muestra complacida. Me recuerda hacerle llegar la documentación y yo prometo cumplirle.

—¿Cómo te llamas? —me pregunta.

Casi echo todo a perder en ese momento. Era lógico que preguntara, pero la tensión que vivo hace que la pregunta me tome por sorpresa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.