Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 26: EMPLEADA

CAPÍTULO 26

EMPLEADA

Es asombroso dormir cada noche junto a Logan sin que haya intentado cruzar la línea del deseo. La noche anterior la tibieza de su cuerpo quedó impregnada en mi piel. Cerré los ojos dispuesta a dejarme llevar, pero él se conforma con la cercanía, con que nuestros cuerpos rocen lo suficiente como para alimentar una pasión que no llega a consumirse, como una mariposa que se acerca peligrosamente al fuego y nunca se quema. Así se siente, por decir lo menos.

Quisiera conversar con Jessie sobre esto, pero tendría que contarle todo lo demás y eso me angustia porque sé que sufrirá de impotencia al no poder ayudarme. No sé si se quede tranquila, aunque le asegure que todo está bien encaminado y en control. Que lo único que necesito es que me diga que pasa con Logan. Seguro tendrá algo ingenioso e inteligente que decirme. Jessie siempre puede ver las cosas en las que yo soy ciega.

Me encuentro sola en la casa. Logan se ha marchado a trabajar mientras que Max duerme plácidamente en una esquina de la habitación. Ha crecido mucho y exige independencia por lo que se echa en el rincón que le parezca, moviendo la cola de lado a lado sin una preocupación en la vida. Lo miro casi con envidia.

“Tú decides tu vida, campeón. Pronto yo decidiré la mía.” —le digo al tiempo que acaricio su pelaje.

Luego de asearme y desayunar, me dirijo a la tarea más importante de este día. Tomo en mis manos el documento que tanto trabajo ha costado crear y cifro en ese papel todas mis esperanzas. Sin detenerme a pensarlo demasiado y sin dejar que la cobardía me lo impida, lo envío a la dirección anotada. Me tiemblan las manos y contengo el aliento por unos instantes. Deseo con todo mi ser que esto funcione porque cada día que pasa es un día de victoria para Parker y no pienso conceder.

Respiro profundo y me quedo mirando el monitor por unos minutos. Tengo confianza de que esto va a funcionar. Traigo la ilusión encendida en mi pecho. Pero mientras tanto, solo resta esperar y eso es tal vez la parte más difícil.

Para cuando llegan las diez de la mañana siento un enorme desasosiego.

¿Será que no lo ha visto? ¿O será que ha detectado su falsedad?

De ser así, me tildará de impostora y podría incluso acusarme de fraude. Dudo que llegue a ese extremo, bastaría con ignorar mi solicitud. Pero la cabeza me inventa historias producto de mi propia ansiedad. Sea como sea, no consigo apaciguar mi inquietud. Me paseo por toda la casa, deteniéndome solo para revisar de vez en cuando si he obtenido respuesta.

No es hasta media tarde que suena la alerta del mensaje deseado. Abro el portal y mis ojos se pasean ansiosos por entre los correos electrónicos hasta tropezar con la respuesta de Alma. Es tal mi nivel de ansiedad que leo rápido, saltando las oraciones de saludos huecos y buscando aquellas que me digan que tengo un ofrecimiento de empleo.

¡Ahí está! ¡Lo logré!

Alma me escribe indicándome la dirección de su casa y señala una hora para verme. Tengo la corazonada de que todo irá bien. Los nervios que antes me torturaban ahora se relajan. ¡Lo he conseguido!

Me preparo para la entrevista con todo el rigor que la ocasión amerita. Quiero que mi presencia la impresione, que vea en mí una mujer joven, fuerte, preparada, dispuesta a dedicarse por entero a la labor, la persona ideal para el empleo que, irónicamente, es cuidar a mi propia hija.

Todavía no conozco la otra parte del plan -ese que Logan se empeña en soltar de poco en poco- pero todo lo que ha propuesto hasta ahora ha funcionado. Eso es señal de que vamos por buen camino.

***

—Adelante, pasa por aquí. La niña esta dormida en su cuna y podemos hablar libremente —me dice al llegar.

Me dirige luego a un salón grande decorado finamente. Basta con echar un vistazo para reconocer la diferencia entre este lugar y la casa en el fin del mundo a donde Parker me llevó a vivir. Me llama la atención sobremanera ver sobre la mesa central una foto de ambos el día de su boda. Siento una rabia momentánea por las promesas que nunca tuvo intención de cumplir. ¡Tantas veces que dijo que nos casaríamos! Ahí está felizmente casado con otra.

Me calmo porque no voy a echar por tierra este momento que tanto me ha costado. Alma me invita a sentarme y ella también se sienta, quedamos una frente a la otra.

—Gracias por venir con tan poco tiempo de aviso —dice como para romper el hielo y sus buenos modales y tono de voz dulce y pacifico quieren convencerme de que ella no es una ladrona de niños. Pero lo es. Y eso es algo que nunca debo olvidar.

—No te preocupes, gracias a ti por la oportunidad.

Me sonríe.

—Como sabes, tengo a mi pequeña Tamara, pero pronto debo volver al trabajo y…bueno…me cuesta un mundo dejarla, solo que estoy obligada a hacerlo —se acomoda en el asiento y ladea ligeramente la cabeza —Por supuesto, quiero dejarla en las mejores manos posible y no sé…cuando te vi en el parque tuve la sensación…llamémosle intuición de madre…—sonríe otra vez —que mi niña estaría bien cuidada por ti. Digo…eres enfermera y para colmo de fortuna, pediátrica. ¿Qué más puedo desear?

Mientras ella habla, analizo cada uno de sus gestos con detenimiento. Trato de descifrar qué palabras utilizar para acabar de convencerla de que soy exactamente la persona que está buscando. Porque nadie mejor que yo.

—Así es, mi profesión para mí es más que un título, es pura devoción. Estoy completamente disponible y puedo comenzar cuando usted lo desee.

Ella deja escapar un suspiro profundo.

—No sabes qué alivio es escuchar eso. Debo volver a la oficina en unos días, y todo esto me tiene al borde de la locura. Mi esposo...

Deja la frase inconclusa, como si reflexionara sobre si decirme más o no. Un silencio incómodo empieza a envolvernos, y no puedo permitir que se prolongue.




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