Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 28: BAILE

CAPÍTULO 28

BAILE

Cuando Alma regresa al salón, noto que ya casi es mi hora de salida, así que me preparo para despedirme. Estoy deseando llegar a casa y contarle a Logan cómo ha sido mi día. Aunque quisiera irme rápido, ella parece tan feliz que no me deja ir sin antes hablar de su conversación con Parker.

—En una semana Oliver estará de vuelta, el sábado para ser más específica. ¡Estoy tan contenta! anuncia con una alegría desbordante.

Finjo emocionarme con la noticia, esbozando una sonrisa y simulando una expresión de agradable sorpresa.

—¡Fantástico! Por fin podré conocerlo. Debe ser un excelente esposo para alegrarte tanto su regreso.

—Lo es —suspira —Oliver supo sacarme de mi tristeza y le dio un nuevo sentido a mi vida. Siempre le estaré agradecida por lo que ha hecho por mí: por amarme, por su paciencia cuando más lo necesitaba y, sobre todo, porque juntos logramos a nuestra pequeña Tamara. ¿Cómo no voy a amarlo?

Sus palabras me revuelven el estómago. Escuchar tantos elogios sobre el ser más despreciable que conozco me coloca en un dilema entre lo que manifiesto con apariencia agradable y lo que realmente desearía decir. Quisiera gritarle que es un canalla, un miserable. Pero en lugar de eso, mantengo mi sonrisa.

—Bueno, ya me marcho —digo mientras pongo mi bolso sobre el hombro y me dirijo hacia la salida —Nos veremos mañana.

Mientras salgo, un pensamiento insiste en mi cabeza: tengo una semana para resolver esto y recuperar a mi niña. Aunque me consuela tenerla cerca y cuidarla, no es suficiente. Ella es mía y debe estar siempre conmigo. Como corresponde.

Al llegar a casa, me sorprende ver a Logan allí tan temprano. Acaba de ducharse, lleva una bata azul y camina descalzo mientras pequeñas gotas aún resbalan por su cabello.

—Vaya, ¿a qué se debe que el señor de la casa esté de regreso tan temprano? le pregunto mientras dejo el bolso sobre el sofá.

Él responde con entusiasmo, como si estuviera impaciente por compartir sus planes.

—Hoy tomé la tarde libre para estar contigo —responde en un tono pícaro que eriza mi piel.

—¡Ja! ¡ja! —Río nerviosa, y creo que lo ha notado.

—Hablo en serio… —replica mientras ajusta su bata. En ese momento me invade el terrible temor de que cometa algún descuido y revele más de lo necesario porque me parece que no lleva nada por debajo. Decido enfocar mi mirada en sus ojos para evitar cualquier distracción involuntaria.

—¿Y cómo será? ¿Qué haremos?

—Como ves, ya me estoy preparando— señala su bata como si no fuera algo evidente desde el primer momento —Quiero que también te alistes y te pongas muy bonita. Planeo llevarte al mejor restaurante de la ciudad y después... no sé... quizás al cine o a bailar. ¿Qué te parece? ¿No crees que ya es hora de que hagamos algo diferente?

No sé exactamente cómo terminará eso "diferente" que propone, pero acepto de inmediato. Me vendría bien desestresarme un poco. Además, tendría que estar loca para rechazarle una invitación a este hombre.

Busco con prisa lo mejor que tengo en el armario. Escojo un vestido hermoso que jamás pensé que tendría ocasión de estrenar, pero hoy, por fin, es el día. Combino mi elección con unos zapatos elegantes, un brazalete sutil y un par de discretos pendientes que completan mi preparación para esta noche tan especial.

Al salir al salón, encuentro a Logan esperándome. Su reacción al verme es indescriptible.

—Te ves preciosa —me dice, admirándome de pies a cabeza.

Sonrío y me sonrojo un poco antes de replicar:

—Tú también… pareces un príncipe encantado.

Una expresión divertida cruza su rostro mientras arquea las cejas y, sin decir nada más, me ofrece su brazo para salir. No me importa a dónde nos dirijamos; este momento ya me parece perfecto.

Al llegar, vamos a una mesa que ha sido reservada previamente. Enseguida, nos sirven unas copas de champán.

Cortesía de la casa, señor Massone. Siempre es un honor recibirlo aquí” —dice el anfitrión, inclinándose ligeramente.

Echo un vistazo a mi alrededor y el lugar me resulta encantador. Se percibe un ambiente cálido, la música es envolvente y algunas parejas bailan al ritmo del compás. Logan me explica que es su sitio favorito, señala que la comida es inigualable y añade que llevaba tiempo deseando traerme.

—La verdad es que me gusta mucho —le confieso con una sonrisa—. Además, ya necesitábamos un cambio de aire, ¿no crees?

—Por supuesto —responde entusiasmado—. Por eso lo planeé. Entre tanto caos no hemos tenido ocasión de conectar de otra manera que no sea hablando de problemas. Pero esta noche será diferente.

Le sonrío mientras él me toma del brazo con suavidad.

Yo no podría estar más de acuerdo.

—Me parece perfecto. Esta noche no habrá lugar para los problemas… Bueno, al menos no para los míos. Porque tú nunca hablas de los tuyos; parece que no tienes ninguno —le digo con total honestidad.

Él sonríe y ese simple gesto me fascina. Es como si su rostro se transformara por completo y, por un instante, su alma quedara expuesta.

—Problemas tengo, como todo el mundo —admite con sencillez—. De hecho, hoy tengo uno que aún no sé cómo resolver…

—¿En serio? Bueno, dime, tal vez pueda ayudarte —ofrezco, interesada.

Logan se ríe a carcajadas mientras niega con la cabeza y sus ojos azules chispean divertidos.

—¿Acaso ya lo olvidaste? Juramos no hablar de problemas esta noche.

No puedo evitar reírme también ante su respuesta. Nos tomamos aquella primera copa sin prisa y, mientras avanzaba la velada, perdí la cuenta de cuántas más bebí. Hablamos incansablemente, como si nos estuviéramos conociendo por primera vez. Logan compartió recuerdos de su infancia feliz junto a sus padres antes de mudarse siendo joven. Me contó sobre sus viajes y su amor por el mar; cada palabra me hacía imaginar escenas ajenas pero fascinantes para alguien como yo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.