Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 30: CONFESIÓN

CAPÍTULO 30

CONFESIÓN

—Qué torpeza la mía... Alma entra apresurada de regreso a la casa, con el manojo de llaves aún en la mano y una expresión de preocupación que no pasa desapercibida. —Olvidé el móvil con las prisas. ¿Lo has visto?

—Sí, creo que lo dejaste sobre el mostrador de la cocina —respondo con naturalidad.

Se dirige rápidamente hacia allí y pronto descubre que tiene una llamada perdida junto a un mensaje de voz.

—Es Oliver… ¿no escuchaste que timbrara? —pregunta distraída, sin apartar la vista de la pantalla mientras comienza a escuchar el mensaje.

—No…—respondo muy segura de mí. Segura es poco. Segurísima. No escuché nada.

—No importa... tal vez lo dejé en modo silencio —comenta, para mi alivio. —A veces lo hago para descansar un poco. Por cierto, si vuelve a pasar, puedes tomarlo y contestar, ¿de acuerdo? En ocasiones puedo ser un poco olvidadiza —añade como una instrucción improvisada.

Asiento con la cabeza, siguiendo atenta cada palabra.

—Te lo digo por si acaso es Oliver y se desespera si no respondo... o tal vez podría ser yo misma llamando desde la oficina —murmura mientras revisa los ajustes del móvil, confirmando que está efectivamente en modo silencio. Chasquea la lengua, visiblemente molesta consigo misma.

Permanezco escuchándola en silencio mientras continúa hablando. Al concluir el mensaje, su semblante cambia y una sonrisa aparece en su rostro.

—Lo importante es que, aunque estoy más tarde que nunca en esta vuelta al trabajo, mi marido regresará antes de lo previsto. Eso hace que todo lo demás deje de importar —asegura con convicción, relajando de inmediato su expresión.

Finjo una sonrisa acorde a su alegría, aunque en mi interior la noticia no hace más que complicarme aún más las cosas. Alma se despide con tanto apresuramiento como el que traía al llegar, aunque claramente de mejor humor. Tras cerrarse la puerta detrás de ella, me quedo inmóvil, reflexionando en silencio. La cuenta regresiva acaba de comenzar.

El resto del día lo dedico a cuidar de la pequeña, mientras mi mente se llena de imágenes de cómo será todo el día que Parker regrese. Sé que el enfrentamiento es inevitable, y cuando llegue ese momento no tendré más opción que revelar las razones que me llevaron hasta aquí. No es un terreno desconocido ni para él ni para mí, pero sin duda será un impacto para ella.

Hacia el final de la tarde, cuando debía ser hora de que Alma regresara, suena el teléfono. Me avisa que se retrasará un poco y se disculpa con sinceridad, incluso ofreciéndose a pagarme un extra por quedarme más tiempo. Agradece mi paciencia y comprensión.

—Despreocúpate, me quedaré el tiempo que haga falta —le aseguro con afabilidad.

—En serio, Alice, no sé qué haría sin ti... eres un ángel, responde con un suspiro.

Algo en su tono me hace creer que sus palabras nacen del corazón, y eso me reconforta. Saberme valorada por ella reafirma mi decisión de aprovechar cada minuto aquí en mi favor. Además, no tengo prisa alguna por volver a casa. Eso significaría enfrentarme con Logan, y aún no estoy lista para hacerlo. Prefiero aplazar ese momento lo máximo posible; todavía llevo el peso de lo ocurrido anoche, y mis pensamientos se sienten confusos.

La noche ya estaba cayendo cuando Alma finalmente llegó.

—Qué día tan horrible —se lamenta mientras camina directa hacia la habitación de la niña — Todo ha sido un caos.

La sigo, observándola mientras contempla a Rossie dormir con una dulzura indescriptible. Puedo ver el amor desbordar en sus ojos. Me alivia saber lo profundamente querida que es mi pequeña.

Al volver al salón, Alma se deja caer en el sofá con visible cansancio.

—Estoy tan feliz de volver a casa —suelta en un suspiro—. No sé cómo voy a acostumbrarme a pasar tantas horas lejos de Tamy. Hoy no he hecho otra cosa que pensar en ella.

—Te entiendo... no hay nada más difícil que estar lejos de lo que más se ama.

—Es cierto —dice, con un atisbo de melancolía en su voz—. Especialmente cuando se trata de un hijo. Nos costó tanto tener a nuestra niña y… bueno…

Intuyo que este es mi momento. Sé que corro un riesgo al preguntar tan pronto por algo tan personal, pero decido dar el paso de todos modos.

—No es la primera vez que mencionas eso —comienzo con cautela—. ¿Fue concebida in vitro? ¿O acaso… es adoptada?

No quiero sonar inapropiada, así que cuido las palabras tanto como puedo. Afortunadamente, Alma no parece tomárselo mal. En cambio, se pone de pie con calma y, tras unos segundos de reflexión, se dirige hacia una vitrina cercana. Saca una botella de vino junto a dos copas y vuelve hacia mí.

—Voy a contarte algo —dice al fin, con un gesto cómplice cargado de seriedad—, pero quiero que quede entre nosotras.

Asiento con firmeza mientras tomo en mis manos la copa que me ofrece. Nos instalamos cómodamente como dos amigas instintivamente cercanas. Sé que está a punto de compartir un secreto que podría cambiarlo todo y, en ese instante, la expectación llena el espacio entre ambas.

—Hay algo que nunca le he compartido a nadie, ni siquiera a mi familia.

El ambiente se carga de tensión y me concentro completamente en sus palabras.

— Mi niña, a quien amo más que a mi propia vida, no es mi hija biológica. Logramos adoptar gracias al hospital donde Oliver trabaja como asesor legal en temas de familia —afirma con seguridad.

Siento cómo el aire se detiene en mis pulmones mientras la escucho, aunque intento aparentar calma. Alma toma un sorbo de su copa antes de continuar.

—Tener un hijo era nuestra meta más deseada. Nos costaba concebir y, cuando finalmente lo conseguimos, perdí el embarazo —Su rostro se tiñe de una angustia indescriptible y sus ojos reflejan dolor al decirlo —Después de eso, caí en una depresión profunda. Pasaba días sin salir de la cama o vagando por la casa como una sombra. Oliver hizo todo lo posible para ayudarme, fue el hombre más paciente del mundo. Pero todo fue inútil.




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