CAPÍTULO 32
EL MOMENTO
Acepto el consejo de Logan como la confirmación que necesitaba para el próximo paso en mi lucha. Me propuso ir guiándome poco a poco, mostrándome cómo proceder, y hasta ahora todo ha salido según lo planeado. Por eso, he tomado la decisión de abrirle mi corazón y contarle todo a Alma. Soy consciente de lo arriesgado que es, de cómo podría echar por la borda todo lo que he conseguido hasta ahora, pero el inminente regreso de Parker no me deja otra opción.
En la mañana, al llegar a la casa, encuentro a Alma preparándose para salir temprano y llegar antes de su horario habitual.
"Quiero compensar mi tardanza del otro día. La niña durmió bien anoche y está en su cuna"
Lo dice mientras se ajusta la chaqueta que lleva sobre su conjunto elegante de falda y blusa. Luce impecable, proyectando esa imagen sofisticada típica de una mujer con mucha clase. Es innegable que es una mujer atractiva e inteligente, y no me cuesta entender por qué Parker nunca llegó a amarme como yo anhelaba. Siempre fue ella quien tuvo su corazón, quien poseyó su amor sin compartirlo.
El día transcurre con calma. Mi pequeña Rossie es un verdadero ángel. No da problemas, sino que parece iluminar todo a su alrededor. Crece cada día más fuerte y ágil. Además de adorable, es increíblemente hermosa, aunque cada vez noto más cuánto se parece a Parker. Me cuesta entender cómo Alma no ha advertido que su hija "adoptiva" refleja los rasgos de su marido con tanta claridad. Para mí es evidente, incluso dolorosamente obvio.
A lo largo del día, una tensión constante me envuelve al pensar en lo que ocurrirá cuando Alma regrese y llegue el momento de confesarle todo. No sé muy bien cómo abordarlo; las posibles reacciones giran en mi mente como nubes oscuras antes de una tormenta. Cada palabra será decisiva, cada gesto tendrá su peso. Soy plenamente consciente de que, si cometo un error, toda esta historia podría terminar con mi imagen reducida a la de una villana. Debo andar con extremo cuidado.
Paso el día entero ensayando en mi cabeza cómo plantear el tema sin que resulte forzado. Sin embargo, después de tantas vueltas y de un agotamiento mental palpable, concluyo que lo mejor será dejar que las palabras fluyan de manera natural. Cuando se tiene la verdad, me digo, no hace falta prepararla. Ese pensamiento me reconforta, aunque aún espero no quedarme sin valentía ni fuerzas cuando llegue el momento.
Al caer la tarde, cuando Alma cruza la puerta de regreso, siento cómo mi corazón pende de un hilo, colmado de puro nerviosismo. Repasamos juntas cómo ha ido el día de la niña, pero pronto las palabras me abandonan; se quedan atrapadas en mi garganta como si fueran prisioneras. Alma, mientras tanto, tiene a la pequeña en brazos, llenándola de besos y caricias. Yo no puedo hacer otra cosa más que rondar por el salón como un león enjaulado, ansiosa e inquieta.
—¿Te pasa algo? Te noto nerviosa… —comenta finalmente, al sentarse y acomodar a la niña en su regazo.
Titubeo por un momento, sopesando cómo responder, pero decido que es mejor soltarlo todo, sin rodeos ni preámbulos.
—Un hombre me engañó. Me hizo promesas de amor que nunca tuvo intención de cumplir y luego me abandonó como si nada le importara... —dije al fin, clavando mi mirada en sus ojos. En ellos aparece un destello de sorpresa mezclado con desconcierto.
—Alice… lo siento mucho… No puedo imaginar cuánto debió dolerte… —susurra Alma, visiblemente conmovida.
Respiro hondo, decidida a decir toda la verdad y enfrentar lo que venga.
—Pero ya no duele. Te lo puedo asegurar: no siento absolutamente nada por él —respondo con fortaleza en la voz.
Puedo notar cómo Alma vacila; es evidente que mi confesión la ha tomado por sorpresa y necesita procesarla.
—No sé bien qué decir… Me duele tu historia, realmente es muy triste lo que me cuentas, pero… —pausa un instante, parece buscar las palabras adecuadas antes de continuar— creo que es bueno que ya no te lastime. Que lo hayas enfrentado y superado, ¿no es así?
Ahora me mira con cierta curiosidad mientras se pone de pie para colocar a la niña cuidadosamente en la cuna portátil del salón.
—En parte sí —respondo finalmente, dejando entrever que aún queda algo por desatar dentro de mí.
—Pero... en parte no... ¿hay algo más? —pregunta, concentrando toda su atención en mí.
—Ese hombre me quitó algo que debo recuperar —respondo con determinación—, y no descansaré hasta conseguirlo.
Alma abre los ojos con asombro. Aunque no pronuncia palabra, las dudas son evidentes, flotando como un eco invisible. Sé que quiere saber más, y estoy lista para contárselo, para enfrentar lo que sea necesario. Si Parker no tuvo reparos en hacer lo que hizo, ¿por qué debería tenerlos yo al hablar de ello?
—¿Quieres saber qué es lo que me robó? —lanzo la pregunta con intención calculada, consciente de que la intriga la consume.
Ella asiente lentamente, sin apartar la mirada de mí. Estoy a punto de desatar los infiernos, lo sé, pero no voy a retroceder. En ese instante, justo cuando estoy por revelar todo, el sonido de alguien llegando a la puerta nos interrumpe. Me quedo helada y observo, llena de horror, cómo alguien empieza a girar la cerradura. Una oleada de pánico me invade; siento que la sangre se congela en mis venas, como si el suelo hubiese desaparecido bajo mis pies. Apenas logro respirar; mi cuerpo se niega a reaccionar.
—¡Debe ser Oliver! ¡Ha regresado! —dice Alma con una alegría que contrasta brutalmente con el terror que se apodera de mí. Es entonces cuando siento una chispa de conciencia y reacciono ante lo inevitable.
—Voy a llevar a la niña a su habitación para que puedas recibirlo con calma... —logro decir con voz temblorosa.
Sin darle tiempo a responder, tomo a la pequeña en mis brazos y salgo de allí tan deprisa como mis piernas me lo permiten.
#294 en Novela romántica
#120 en Novela contemporánea
superacion decepcion empezar de nuevo, lucha entre familias, engaño y traicion
Editado: 04.02.2026