Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 34: REFUGIO

CAPÍTULO 34

REFUGIO

Una vez más logro escapar de su agarre. La rabia que arde en mi interior es el combustible que necesito para enfrentarlo. ¿Qué se cree este miserable? ¿Acaso piensa que sigo siendo aquella ingenua que alguna vez conoció?

—No vuelvas a tocarme —le grité mientras retrocedía un par de pasos para aumentar la distancia entre ambos. Esto puede acabar bien o muy mal, depende de ti.

Sé que le tomó por sorpresa mi reacción, lo pude ver en su cara. Estaba acostumbrado a que yo acatara sus decisiones, pero en ese momento le demostraba que ya yo era otra persona. Estaba dispuesta a dialogar si él mostraba disposición, pero no me detendría si optaba por llevar esto al límite. Sus tretas ya no tenían efecto en mí, y estaba lista para todo, incluso para exponerlo frente a su preciada Alma.

—Ah —chasquea la lengua con desdén —Ahora resulta que la pobre huérfana, la niña insignificante que nadie quiso, pretende ser una mujer hecha y derecha. No seas absurda, a mí no vas a venir con aires de superioridad. No eres nadie y es evidente que ya perdiste.

Sé que busca herirme con esas palabras, pero no lo conseguirá. Aunque sienta el dolor como un puñal enterrándose en mi pecho, me mantengo firme. El tiempo de llorar terminó hace mucho.

Parker se acerca, su cuerpo emite una amenaza silenciosa mientras su rostro endurecido como una piedra y sus ojos entrecerrados dejan ver el odio. No retrocedo ni un milímetro, mi mirada desafiante se encuentra con la suya. Ambos callamos por un instante, midiendo nuestras fuerzas, ninguno dispuesto a rendirse. Aprovecho ese breve silencio para lanzar mi propuesta.

—Tienes dos opciones. Confiesas todo a Alma y me devuelves a mi hija o te denuncio por secuestro y falsificación de documentos. Tú decides. Si eres sensato, escogerás la primera y esto se acaba aquí. A cambio, yo te prometo que me iré con la niña como si nada hubiera pasado.

Parker me observa con desprecio, pero no deja de prestar atención a cada palabra que digo.

—¿Y si no quiero? — desafía, como si aún tuviera el control.

—Hablaré con Alma. Le diré todo tal cual ocurrió y pondré la denuncia. Lo llevaremos hasta la última instancia judicial —respondí con determinación.

Parker inclina la cabeza hacia atrás y deja escapar una carcajada exagerada.

—¿Te estás volviendo loca? Esos temas legales los sé manejar como ningún otro. Tú, pobre tú, no tienes ni los recursos para pagarte un abogado mediocre.

—No me subestimes... podrías llevarte una sorpresa. Ahora decide: ¿se lo dices tú o se lo digo yo?

Parker me mira con rabia, de sus ojos se desprenden auténticas ráfagas de desprecio.

—¡Bah! ¡No podrás contra mí! Tengo a la ley de mi lado, además, incluso si le cuentas todo a Alma, ¿piensas te va a creer? Sabes que solo confía en mí. Ella bien comprende que no es la primera vez que madres entregan a sus hijos, y yo soy quien se encarga de los procedimientos. ¿Que luego alguna madre se arrepienta? Puede ser, pero ya será demasiado tarde. Los procesos de adopción son definitivos, no hay marcha atrás.

Niego interiormente cada una de sus palabras. Conozco la verdad, y él también. Nunca entregué a mi hija, jamás lo haría. Pero parece que ha narrado esta mentira con tal convicción que hasta él mismo ha terminado por creerla.

—Sabes perfectamente que es tu hija biológica. Las pruebas de paternidad lo confirmarán —le recordé, intentando devolverlo a la realidad. Él no hizo más que reírse, como si mis palabras fueran una broma.

—¿Y quién me obligará a someterme a una prueba? ¿Tú? —responde con total descaro, una burla reflejada en su rostro.

—Un juez lo hará…

—¡Vete de aquí! —gritó, perdiendo la paciencia—. ¡No quiero verte más ni en mi casa ni cerca de Alma ni de Tamara!

—¡Se llama Rossie! —le corregí alzando la voz.

—Rossie no existe. Al igual que tú tampoco existes. ¡Vete!

Me di la vuelta y salí con el corazón roto en mil pedazos. Peleaba contra un enemigo que parecía tener todas las ventajas. Oliver Remington o Parker Gianmarco, aquel descarado embustero, estaba respaldado por demasiadas cosas...

Al llegar a casa, hallé a Logan esperando en el medio del salón. Su preocupación era evidente al verme entrar. Ni siquiera necesité explicar nada; mi rostro hablaba por sí solo, y él lo entendió sin necesidad de palabras. Me refugié en sus brazos, desbordada por la desesperación. Fingir fortaleza todo este tiempo me había consumido, y ya no podía sostenerme más.

—Tranquila… tranquila —murmuró mientras acariciaba con delicadeza mi cabello—. Sé que no es fácil, pero ese hombre solo busca infundirte miedo. Tú tienes la verdad de tu lado y esa es tu mayor arma.

Gradualmente recobré la calma con su apoyo. Logan tiene esa manera de mostrarme una perspectiva distinta, como si siempre supiera qué decir para aligerar mis cargas.

Nos acomodamos para hablar con calma y le conté todo lo que había ocurrido. Escuchó cada palabra sin interrumpirme, analizando mis relatos en silencio, con esa mirada reflexiva que tanto reconfortaba.

—Está claro que no piensa dar el brazo a torcer —dijo finalmente—. No admitirá jamás que te engañó. Está muy convencido de su versión y respaldado por el apoyo ciego de su esposa.

—Eso me asusta más que nada —respondí tratando de mantenerme serena, aunque sentía el pecho apretándose nuevamente—. Sin el apoyo de ella todo se complicará aún más.

—Ella parece una persona razonable. Tal vez debería enterarse del engaño que le ha ocultado su esposo. Así entenderá mejor tu situación… y se dará cuenta del fraude en el que está involucrada.

—Es justo lo que planeo hacer… pero tengo miedo —me atreví a confesar casi en un susurro.

—No debes temer —dijo con suavidad al tomar mi rostro entre sus manos y forzarme a mirarlo a los ojos—. Estoy aquí contigo para lo que necesites, siempre. Por ahora buscaré un abogado experto en casos familiares para que te ayude.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.