CAPÍTULO 35
NO ES CIERTO
Regreso a mi habitación, abatida por no haber tenido el valor de ir a la puerta de Logan y pedirle que me dejara quedarme con él. Esta noche, más que nunca, deseaba sentir su abrazo, sentirme protegida. Ya en la cama, intento consolarme pensando que tal vez fue lo mejor, que necesito enfrentar mi situación sin involucrarlo más. Sin embargo, el vacío de no tener un hombro en el cual llorar pesa demasiado. ¡Qué triste es la soledad! Apago la luz de la lámpara y, envuelta en mi melancolía, finalmente caigo rendida al sueño, sin abrir los ojos hasta el amanecer.
Al despertar, me detengo un momento a pensar en mi siguiente paso. A estas alturas no puedo imaginar qué le habrá dicho Parker a Alma. No puedo evitar sentir miedo ante lo que pueda suceder hoy, pero, aun así, me preparo como puedo para afrontarlo. Sé que esto apenas empieza y que el camino será todo menos fácil.
Finalmente, tomo la decisión de dirigirme a su casa. Me presento al trabajo como cualquier otro día, con la firme intención de sobrellevar lo que sea que me espere. Llego y toco la puerta… no hay respuesta. Insisto, pero obtengo el mismo resultado.
Mi mente comienza a llenarse de ideas oscuras, pensamientos horribles que no hacen más que aumentar mi pánico. ¿Y si Parker se llevó a Alma y a Rossie para escapar de mí? ¿Cómo podría haberla convencido de algo así en tan poco tiempo? No estoy segura, pero sé que él es capaz de cualquier cosa, es un maestro de la manipulación.
Inhalo profundo intentando calmarme. Cierro los ojos un instante para decidir que hacer. En el hogar de niñas nos enseñaron esa práctica para tomar decisiones importantes. Nunca me ha servido de nada, pero me aferro a cualquier cosa que me dé un poco de claridad. Quizás ha llegado el momento de regresar a la policía y decirles donde encontrar a mi niña ya que ellos nunca hicieron nada ni me mantuvieron al tanto de la investigación.
Casi doy todo por perdido. Estoy por irme de allí cuando algo me detiene. Una corazonada, un presentimiento. No estoy segura. Pero algo dentro de mí me impulsa a intentarlo una vez más. Toco otra vez, con más insistencia.
—¡Alma! Soy yo, Alice... ya llegué... —grito desde el otro lado. La única respuesta que obtengo es un silencio profundamente inquietante.
"Aquí no hay nadie", pienso con miedo.
De pronto percibo unos pasos lejanos que avanzan en mi dirección y oigo el inconfundible gorjeo infantil de Rossie. Mi corazón, detenido por un instante, parece volver a latir.
La puerta se abre finalmente y aparece Alma frente a mí. Su expresión es indescriptiblemente seria, un contraste aterrador con la mujer dulce y amigable que creí conocer hasta ahora.
—Buenos días… pensé que no estaban… —logro decir débilmente mientras me encuentro con su dura mirada, que parece traspasarme. Detrás de ella, a poca distancia, está Parker sosteniendo a Rossie en brazos. La pequeña me mira emocionada, tendiéndome los bracitos para que la cargue. Se me encoge el alma al pensar que quizás la he perdido para siempre. Es una escena surrealista y desgarradora.
—¡Lárgate de mi casa, farsante! —grita Alma de repente, con un desprecio helado en su voz.
Me quedo paralizada, incapaz de articular palabra. Por más que hubiera querido pensar lo contrario, sabía en lo más profundo que esto era inevitable: Parker le había contado su versión, una historia retorcida adaptada perfectamente para ganar su favor. No sé exactamente qué le habrá dicho, pero estoy segura de que no fue la verdad. El dolor que siento no se compara con nada; es como si me hubiera arrancado el suelo bajo los pies.
—Alma, por favor, déjame explicarte —murmuro con un hilo de voz temblorosa.
Parker deja a la niña en la cuna portátil y avanza hacia la puerta, dispuesto a enfrentarse a mí. Siento una punzada en el estómago al verlo; compruebo que del amor al desprecio el paso es breve. Pero no me dejaría doblegar. Mantuve la espalda erguida y mi mirada fija en ellos, decidida a no permitir que el miedo traicionara mi rostro.
—Eres una loca. ¡Lárgate de aquí o llamaré a la policía! —espetó Parker con esa autoridad que tanto detestaba y que me enfurecía aún más. Alma no se quedó atrás, lanzando las palabras como si fueran cuchillos.
—No hay nada que explicar —afirma con los ojos llameantes—. Confié en ti, te creí… cuando me dijiste que eras una enfermera graduada, especializada en pediatría, y ahora sé que ni siquiera terminaste la universidad. ¡Eres una mentirosa! Ni tu nombre es real, Alice Moore. Todo lo tuyo es una farsa, una completa mentira. Su rostro estaba enrojecido por la furia, y sentí como si esas palabras cavaran un profundo agujero bajo mis pies.
Quise hablar, defenderme, pero mi voz parecía atrapada entre el nudo en mi garganta y las emociones que me atormentaban.
Mientras tanto, Parker me observaba desde un costado, con una sonrisa cargada de desprecio y superioridad. Esa mueca, esa maldita expresión satisfecha, me sacó del letargo.
—¿Recuerdas la historia que te conté sobre cómo alguien me traicionó? —logré finalmente articular, mi tono más firme de lo que esperaba—. Es hora de darle un nombre a esa traición.
Alma negó rápidamente con la cabeza, su cara reflejando determinación y desprecio.
—No quiero oír más mentiras ni tus cuentos de siempre —gruñó—. Sé perfectamente lo que hiciste. No querías a tu hija; la abandonaste. Ahora vienes arrepentida, queriendo quitármela. Pero eso nunca va a pasar. ¿Me entiendes? ¡Nunca! Ella es mía —Su juicio cortó como una hoja afilada, pero logré encontrar algo de fuerza para replicar.
—¡Eso no es cierto! —grité casi sin pensar.
—¡Lárgate! —gritó Alma antes de cerrar la puerta de golpe en mi cara.
El estruendo resonó en el vacío que sentí por dentro, dejándome inmóvil por unos segundos. Desde detrás de la puerta escuché el llanto de Rossie; los gritos debieron haberla asustado. Me quedé paralizada, incapaz de moverme, hasta que, impulsada por un acto reflejo desesperado, golpeé la puerta con las palmas abiertas.
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Editado: 26.02.2026