Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 37: HUIDA

CAPÍTULO 37

HUIDA

Logan me consiguió el bufete de abogados más renombrado del país. La firma Lowes & Gabitts tiene la reputación de aceptar únicamente casos en los que tienen la certeza de salir victoriosos. Apenas podía creer mi buena fortuna, aunque tampoco se trata realmente de suerte. Es Logan quien se encuentra detrás de todo esto, el arquitecto de mi destino, capaz de hacer que lo que necesito se vuelva realidad.

Regreso a la estación de policía pocos días después de aquella experiencia tan desalentadora, pero esta vez lo hago acompañada por tres respetados abogados. El aire parece impregnado de una sensación de triunfo. A pesar de ello, trato de ser cauta y no adelantarme a celebrar. La seguridad que siento al cruzar esa puerta me insufla esperanza, aunque la vida me ha acostumbrado a esperar el peor desenlace, lo que me lleva a contener cualquier exceso de optimismo.

Al llegar, me encuentro con el mismo oficial del retén que atendió mi caso anteriormente. Su reacción es inmediata y evidente: su incredulidad salta a la vista. Me observa a mí y luego a los abogados que me escoltan, con una expresión que refleja desconcierto. Pálido, con la boca entreabierta como si intentara hablar sin lograrlo, ajusta su posición en el asiento mientras nos mira con nerviosismo. Uno de mis abogados rompe el silencio con un saludo cortés acompañado de firmeza:

—Buenos días, señor agente —saluda con voz grave y potente.

El oficial responde con torpeza:

—Buenos… días —Trata claramente de aparentar calma, aunque su rostro delata un profundo impacto.

Mi abogado extiende la mano en un gesto profesional antes de continuar:

—Un placer saludarle. Hemos sido informados por nuestra representada sobre la falta de avances en la investigación del secuestro de su hija. Y bueno… —su tono adopta rápidamente un matiz duro y directo— ¿a quién tenemos que presionar para que este caso empiece a avanzar?

La palidez del oficial se intensifica y gotas de sudor comienzan a recorrer sus sienes.

—No, señor abogado… no hay necesidad de medidas drásticas. Enseguida le consigo esa información.

El amparo que siento al escuchar ese intercambio no tiene comparación. Mi interior se llena de una renovada esperanza por encontrar justicia. Apenas un día atrás, en este mismo lugar, me sentí como un animal acosado y despreciado; hoy, sin embargo, las cosas han cambiado.

—Aquí tienen, señores —hace la entrega con tanta pleitesía que es risible.

Veo como despliegan la carpeta de mi caso y, aunque se trate de solo unos cuantos documentos, siento alivio al verlos.

Nos movemos a un espacio preparado para este tipo de gestiones y los abogados revisan cada documento al detalle. Hablan entre sí en una jerga que no reconozco totalmente pero que evidencia su malestar por lo deficiente del trabajo hecho. La atmosfera se siente cargada por su descontento.

—Vamos a necesitar copia de este expediente —dicen al concluir la revisión.

El agente se ofrece a entregarle copias de todo lo que necesiten. Es claro el respeto que le inspiran mis abogados. Su fama de ganar casos que parecían imposibles hace un favor a mi causa.

Al salir de allí, nos dirigimos a una cafetería para conversar sobre los preparativos del caso. Los abogados me hacen preguntas de todo tipo. Respondo con la mayor honestidad posible, aunque algunas respuestas me avergüenzan. Me dicen que no debo temer, que su estrategia se centrará en los hechos favorables y, con cada respuesta que les doy, parecen ganar más confianza en la solidez del caso.

—Has sido demasiado ingenua, pero encontraremos una solución. Ya lo verás —comenta uno de ellos con un tono tranquilizador.

Nos despedimos y regreso a casa con el corazón lleno de melancolía. Echo de menos estar con Rossie, escuchar sus balbuceos y verla reír cuando le contaba cuentos llenos de animación, que ella, a pesar de su corta edad, parecía comprender. Son esas pequeñas cosas de su crecimiento las que me he perdido y lo que jamás podré perdonarle a Parker. El amor fingido que me ofreció ya no me importa, porque, aunque duela aceptarlo, gracias a él conocí a Logan.

De vuelta en casa, busco distraerme con cualquier tarea para llenar el vacío que siento. Mi mente da vueltas en los pensamientos y me recrimino seguir siendo tan tímida con Logan.

Anoche, cuando me dijo que me quería, no supe cómo reaccionar. Sentí algo estremecerse dentro de mí, y ni siquiera fui capaz de sostenerle la mirada o admitir que yo también lo quería. Un miedo inexplicable me bloqueó. Creo que me paralizó la idea de que quizás él no me quiera de la misma manera en que yo lo quiero. O peor aún, pensar que por algo me sacó de su habitación... tal vez ni siquiera me desea.

¿Estaré equivocada?

***

Al día siguiente, recibí una llamada de mis abogados. Agradezco que me mantengan al tanto, pero mis emociones están a flor de piel; por eso, la llamada me provoca una mezcla de alegría y pánico a la vez.

“Lo que vamos a decirle no debe alarmarla. Necesitamos que confíe en nosotros...” —escuché desde el otro lado de la línea.

Ese preámbulo no hizo más que aumentar mi nerviosismo. Cierro los ojos por un instante y respiro profundo.

Yo confío... dígame lo que sea” —respondí intentando proyectar una calma que no sentía realmente.

“La familia Remington ya no está en la casa. Todas las puertas están cerradas y las luces apagadas. Un vecino asegura haberlos visto salir con equipaje y, bueno... claro, con la niña. Se han marchado y desconocemos a dónde.”

Sentí como si el suelo desapareciera bajo mis pies. Tuve que apoyarme contra la pared porque las piernas amenazaban con fallarme.

¡No puede ser! Se fueron de la ciudad... ¿o del país? No, no...”—murmuré atormentada.




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