CAPÍTULO 38
SORPRESA
Es impresionante cómo han cambiado las cosas. Aunque el sufrimiento por no saber dónde está mi hija sigue carcomiéndome, encuentro consuelo al ver el esfuerzo constante de los abogados en su búsqueda. Llamadas, correos electrónicos, indagaciones sobre vuelos y diferentes herramientas de rastreo son parte de su labor diaria. Me mantienen al tanto de todo lo que hacen y muestran una convicción admirable de que, pronto, el caso llegará a la corte. Anhelo ese momento con todas mis fuerzas. Quiero que el mundo sepa, de una vez por todas, que Rossie es mi hija y que me la arrebataron de forma cruel e injusta.
Mientras espero ese día, me mantengo ocupada con las tareas de la casa. Me esfuerzo por que todo esté en orden: llevo la ropa a la lavandería, cocino y cuido de Max. Logan parece sorprendido con mi dedicación. Entre una broma y un comentario más serio, me dice que nunca me dejará ir. Después, con un tono más profundo, me expresa su sincero agradecimiento.
—Ahora que siempre estás aquí, y que te siento más tranquila, esto realmente parece un hogar —confiesa, su voz tan suave que acaricia más que sus palabras.
Me esfuerzo por no enrojecer ante su elogio. Es la primera vez que alguien me dice algo así de bonito. En mi infancia en el orfanato, cumplir con las tareas era solo una obligación más en mi día a día. Aquí, sin embargo, servir y ser útil se siente completamente diferente; me llena de satisfacción.
—No es nada —respondo con timidez. Es lo menos que puedo hacer para agradecerte todo lo que haces por mí.
Logan me observa con esa mirada suya intensa y traviesa que siempre logra desarmarme, capaz de dejarme sin aliento solo con posar sus ojos en mí.
—Nada de eso, señorita Allison. Todo lo que hago es porque quiero hacerlo. No estás en deuda conmigo —afirma con total convicción.
Se acerca lo suficiente como para rozar mi mejilla con su mano y recorre el contorno de mi cara con el pulgar. Ese leve contacto incendia mi piel, y tengo que hacer un esfuerzo titánico para no dejarme llevar por el torrente de emociones que amenaza con desbordarse dentro de mí. Intento calmarme y aparto la mirada, dando un paso hacia atrás para tomar distancia.
No le contesto nada; en lugar de eso, mis pensamientos van directo al significado de esas últimas palabras. “No estás en deuda conmigo” resuena como un eco en mi mente. Me prometí no volver a tocar el tema del pago de la deuda después del malentendido anterior. Sin embargo, ahora esa declaración sembró dudas en mí.
¿De verdad no le debo nada? ¿Habrá dejado de lado lo que pactamos?
Mi memoria retrocede a esos momentos en los que acordamos trabajar juntos; él me ayudaría a cambio de algo, algo que nunca se verbalizó pero que ambos entendimos sin necesidad de palabras. Y ahora... simplemente no sé qué pensar.
El timbre del teléfono de Logan suena, interrumpiendo el momento y rescatándome de ceder a la tentación que es tenerlo cerca de mí. Lo observo mientras mira la pantalla con evidente desgano, como si atender esa llamada fuera un mal necesario. Me retiro unos pasos para darle privacidad, aunque eso no impide que oiga aquella voz femenina, la misma de la última vez: alegre y cargada de coquetería. No sé bien cómo procesarlo, pero el desconcierto me invade hasta el punto de dirigirme a mi habitación, alejándome, para no seguir escuchando. No tengo ningún derecho a inmiscuirme en su vida privada, pero me carcome saber quien lo llama con tanta insistencia.
***
Días más tarde, mi rutina en casa se ve interrumpida por un mensaje de uno de mis abogados. Me pide que lo llame de inmediato, asegurándome que tiene buenas noticias. Mi respiración se corta por un momento y el nerviosismo vuelca mi esfuerzo en torpes intentos de marcar el número. Finalmente, consigo llamarlo.
—Los hemos encontrado —es su saludo inicial, cargado de entusiasmo.
La emoción me invade, y mi mente se desordena en una maraña de pensamientos. Sin poder contenerme, lo bombardeo con preguntas:
—¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Tienen a la niña? ¿Qué va a pasar ahora? —Mi ansiedad apenas le da espacio para responder.
—Calma... todo a su tiempo, ya le explico...— dice con una voz tranquilizadora que, irónicamente, solo me pone más ansiosa. Siento el móvil temblar en mi mano mientras lo escucho explicar:
—Fueron interceptados en el aeropuerto mientras intentaban viajar. Un juez emitió una orden de prohibición de salida, como suele hacerse en casos de secuestro de menores. Puedo asegurarle que su niña está a salvo en el país, y pronto iniciaremos el proceso de filiación.
El júbilo me llena hasta tal punto que quisiera gritar al mundo entero mi felicidad. He esperado tanto este momento que las siguientes palabras del abogado quedan opacadas; se tratan de cuestiones legales que apenas logro procesar.
—En fin, señora, vaya contando los días porque pronto tendrá a su niña..., concluye antes de despedirse.
Estoy tan emocionada que lamento profundamente la ausencia de Logan para compartir esta increíble noticia. Esto merece algo especial, quizás un brindis, gritar, bailar sobre el tejado o incluso un despliegue de fuegos artificiales.
Entonces surge una idea que no analizo demasiado: voy a sorprender a Logan directamente en su oficina. No quiero que este acontecimiento se comunique fríamente por teléfono. Es algo que merece ser revelado y celebrado cara a cara.
Decidida, me alisto con esmero y me dispongo a salir. Conozco la ubicación de su oficina; a diferencia de Parker, Logan nunca me ha ocultado sus asuntos. Maneja sus negocios desde un imponente edificio situado en pleno corazón de la ciudad, en una zona exclusiva y comercial.
Al llegar, quedo maravillada por la modernidad del lugar; todo parece impecablemente tecnológico, desde el sistema de registro hasta los relucientes pasamanos. Me colocan una placa identificadora y me guían hasta la dirección correcta. En cuestión de minutos estoy en el piso indicado, avanzando por los pasillos. Antes de poder orientarme totalmente, un hombre mayor de cabello blanco y anteojos se acerca, notando que no soy habitual en el lugar. Pregunta si tengo cita y cómo puede ayudarme.
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Editado: 26.02.2026