Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 39: ¡AJÁ!

CAPÍTULO 39

¡AJÁ!

La joven se marcha, y Logan no hace el más mínimo intento por detenerla. No le pide que se quede, no le dirige ninguna palabra. Ni un "nos vemos luego" ni un "seguimos en contacto". Nada. Cero. Como si, de repente, ella hubiera dejado de existir ante sus ojos.

Su semblante cambia por completo al verme.

—¡Allison! ¡Qué agradable sorpresa! —dice poniéndose de pie al instante, con una sonrisa sincera que ilumina su rostro. No puedo evitar fijarme en lo bien que se ve aquí, en su oficina, más dominante y cautivador que nunca.

Me sorprende como el ambiente se transforma cuando nos quedamos a solas. Lo sereno que parece llama mi atención. No hay rastro de nerviosismo o incomodidad ante mi visita inesperada, algo que podría desconcertar a cualquiera invadido en su espacio privado.

Con un ademán cortés, me invita a sentarme donde unos instantes antes estaba la joven que se marchó. Vacilo. Por un momento dudo cómo actuar, con una sensación extraña que no logro definir. Finalmente, sacudo cualquier pensamiento que mi mente haya fabricado y fijo mi atención en lo realmente importante: el motivo que me ha traído hasta aquí.

Me siento e intento aparentar indiferencia. Después de todo, lo que aquella chica represente o no en su vida no es asunto mío. Logan es libre, igual que yo; entre nosotros no existe compromiso alguno.

Juntando valor, por fin tomo la iniciativa.

—He venido a contarte algo que no podía esperar… ¡Los han encontrado! —Dejo escapar las palabras sin contenerme más; me quemaba la necesidad de compartir la noticia.

Logan abre los ojos con incredulidad y salta de la silla. Rodea el escritorio con rapidez y en cuestión de segundos está frente a mí. Rodea mi cintura con fuerza mientras me alza del asiento hasta que mis pies quedan suspendidos en el aire.

—¡Logan, por todos los cielos! —atino a decir sorprendida ante su reacción.

—¡Esto sí es una auténtica buena noticia! —afirma con una alegría desbordante antes de volver a dejarme en el suelo.

—¡Sí que lo es! —respondo con entusiasmo— Estoy emocionadísima con lo rápido que todo está avanzando. Creo que, de verdad, esto se va a resolver mucho antes de lo que creíamos posible. Por fin voy a tener a mi niña conmigo —mi voz tiembla un poco, cargada de esperanza y felicidad.

Logan, visiblemente conmovido, no puede contener su curiosidad y me lanza una seguidilla de preguntas:

—¿Dónde estaban? ¿Cómo los encontraron? ¿Qué es lo que sigue ahora?

Le cuento todo lo que sé, tratando de no omitir ningún detalle. Resalto especialmente el esfuerzo que los abogados están haciendo para conseguir cuanto antes la prueba de filiación. Observo cómo la emoción brota de él como si también estuviera viviendo esta lucha, como si fuera un padre al que están a punto de devolverle a su hijo perdido. Tal vez es un poco así. Ha estado conmigo hombro a hombro en esta lucha. Su reacción despierta en mí una ternura abrumadora; un nudo se forma en mi garganta, tan apretado que parece imposible deshacerlo.

En medio de la euforia, suena mi teléfono. No tengo muchas ganas de atender, pero el nombre que aparece en la pantalla me detiene: es uno de los abogados.

Con un gesto rápido me excuso:

—Dame un momento…—digo y llevo el aparato al oído.

Las palabras al otro lado son tan inesperadas que apenas puedo procesarlas. Solo logro responder: “Sí… claro… salgo para allá de inmediato…”

Al finalizar la llamada, Logan, que no ha dejado de observarme, me pregunta con evidente preocupación en sus ojos.

—¿Qué ha ocurrido? —dice, notando cómo el color parece haber desaparecido de mi rostro.

Intento sonreír para calmarlo, aunque el nerviosismo me traiciona. Yo misma estoy desconcertada por la rapidez de los acontecimientos.

—Me han llamado para que me presente ahora mismo y realice la prueba de filiación… —explico, las palabras saliendo entrecortadas por la turbación que siento.

Sin darme un respiro para reflexionar sobre lo que sucede, Logan ya está decidido.

—Vamos juntos —declara con firmeza.

Es evidente que no tiene intención de aceptar que vaya sola en esta situación, y ni siquiera me da espacio para intentar persuadirlo de lo contrario. Antes de salir, notifica por el intercomunicador que estará ausente el resto del día. Luego apaga su computadora y toma su chaqueta con determinación.

Subimos al auto y él conduce durante todo el trayecto con una sonrisa tranquila, como si supiera exactamente cómo contagiarme algo de serenidad. Me observa de vez en cuando, compartiendo conmigo esa mezcla entre alegría y temor que parece envolver a ambos por igual. Aunque el miedo a lo desconocido intenta apoderarse de mí, me reconforta su compañía; la certeza de no tener que enfrentar sola este momento tan difícil es, en apariencia, lo único capaz de tranquilizarme ahora. Hay una fuerza indescriptible en sentirse apoyada, una especie de protección que da la ilusión de ser imbatible.

Llegamos al lugar acordado, y él camina conmigo hasta la puerta donde tomarán la muestra. Sin embargo, ahí debe detenerse; no le permiten acompañarme más allá.

—Aquí te espero —me dice.

Mientras espero mi turno, escaneo con la mirada cada rincón del lugar buscando a Parker por si acaso estuviera presente. Aunque no se ve rastro de él, mi corazón no deja de acelerarse. La persona encargada prepara el hisopo y me explica que la otra parte será citada para realizar su muestra el día siguiente. Ese detalle me genera alivio; al menos por ahora no tendré que verlo ni enfrentar miradas incómodas.

"Los resultados estarán listos entre 3 y 10 días hábiles" —explica como si leyera mi mente justo al finalizar. Le agradezco su eficiente labor y salgo de ahí impregnada de esperanza y optimismo. Es un paso más en mi lucha, uno que me acerca a mi pequeña.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.