CAPÍTULO 40
99.99%
Han pasado exactamente cinco días. Los he ido contando uno a uno, marcándolos en el calendario que cuelga en la pared de mi habitación. Han sido días interminables porque el tiempo se alarga para quienes esperan.
Aquella tarde, después de salir de la prueba de filiación, Logan y yo decidimos ir por un helado. Estábamos realmente felices, riéndonos, compartiendo confidencias y celebrando que, por fin, parecía que todo comenzaba a tomar su rumbo. Me miró de manera especial y dijo que le gustaba verme así, dejando que sus ojos se detuvieran en los míos, como si quisiera asegurarse de que yo entendiera la sinceridad de sus palabras.
—Me gusta verte así —dijo.
Sentí cómo la sangre corría más liviana por mis venas, quizás por esa mezcla de vergüenza y timidez que me provoca su mirada. Le pregunté a qué se refería, aunque era innecesario; sabía que hablaba de verme feliz, sin la carga asfixiante que había traído conmigo los últimos meses.
—¿Así cómo?
—Así, feliz —me respondió, justo lo que esperaba escuchar.
Y tenía razón. Estaba feliz, no solo porque el caso de mi hija finalmente avanzaba, sino porque él estaba a mi lado. Me llenaba de dicha su apoyo, su compañía, todo lo que hacía por mí, incluso aquel pequeño gesto: disfrutar juntos ese helado en ese momento tan simple y perfecto. Pero no me atreví a decirlo. Sentía que él esperaba más de mí, algo que fuera más allá del agradecimiento que lograba articular con palabras entrecortadas. Mi corazón deseaba decirlo con fuerza, pero mis labios permanecían callados. Él tampoco presionó para que avanzáramos más allá de lo que estaba dispuesta a compartir. Tal vez debió insistir y pudiera ser que yo al final cediera.
Pero no fue así.
Aunque con todo, fue una tarde maravillosa.
Cinco días después, un lunes cualquiera, Logan está en el trabajo. Yo sigo inmersa en la rutina del hogar, que ha sido mi mejor terapia para distraerme y no pensar constantemente en lo que viene. Entonces sucede: finalmente suena el teléfono con la tan esperada llamada de mi abogado. Mi corazón se detiene por completo al escuchar el timbre.
No logro recordar nada de lo que dije antes, ni siquiera el saludo o el preámbulo a las palabras del abogado. Aquellas que realmente escuché resonaron como música en mis oídos.
—Han llegado los resultados. Por supuesto, dieron un 99.99%… ¡Felicidades!
El resultado era el esperado, no podía ser de otra manera. Pero lo verdaderamente relevante era que ese dato cimentaba nuestro caso. Una vez establecido el vínculo, podíamos avanzar hacia las acusaciones de secuestro y adopción fraudulenta.
—Esto podría tomar más tiempo en probarse —advirtió con tono firme—, pero no hay motivo para preocuparse. Se trata de acusaciones serias y ya estamos trabajando en ellas. De confirmarse, el señor Remington incluso podría perder su licencia como abogado.
A mi mente llegó el recuerdo de que Parker no estaba solo. Alma también estaba involucrada. Eso no lo olvidaba.
—¿Y ella? ¿Alma? ¿Lo sabía? ¿Fue cómplice? —pregunté con angustia creciente. Si mi hija estaba bajo el cuidado de una mujer capaz de apoyar un acto tan infame, no podría ser una buena persona, mucho menos una buena madre para Rossie. Esa idea me atormentaba, sobre todo en las noches, cuando los pensamientos oscuros no me daban tregua.
—Eso aún está bajo investigación. Tenemos que comprobar su implicación más allá de cualquier duda razonable —dijo, utilizando términos legales que yo conocía bien—. Pero, siendo honesto, hasta ahora no hemos encontrado pruebas que lo confirmen.
Me quedé absorta, reflexionando. En mi mente desfilaban momentos en los que Alma siempre había sido amable conmigo. Me ofreció una oportunidad que nadie más habría considerado, confió en mí. Me atrevo a pensar que, bajo otras circunstancias, incluso habríamos podido llegar a ser amigas. Pero considerando la situación actual, sé que se verá obligada a elegir un bando, y tengo claro que no será el mío. Por muy buena persona que sea, eso no se me escapa. Además, no puedo evitar pensar que Parker arruina todo lo que toca; seguramente, también la ha herido a ella.
Conversé sobre estas cuestiones con Logan y, para mi desconcierto, parecíamos estar en sintonía.
—Todo el mundo tiene una razón para actuar como lo hace... solo es cuestión de encontrarla —comentó de forma despreocupada.
—Entonces, ¿qué opinas que sea lo que la mueve? ¿Su deseo de ser madre a toda costa? ¿Complacer a su esposo hasta el punto de volverse su cómplice?
—No lo sé. —Inclinó ligeramente la cabeza y encogió los hombros—. Supongo que solo ella podría responderlo...
Mi siguiente pregunta quedó suspendida en el aire, y estoy casi segura de que Logan sabía por dónde iban mis pensamientos. Aunque no lo expresó con palabras, su expresión cambió, mostrando una especie de intriga discreta, como si esperara que me lanzara y pusiera en voz alta lo que rondaba mi mente. Admito que siempre he sido una cobarde para abrirme completamente, esa actitud viene del miedo que arrastro desde la primera vez que lo intenté y fracasé estrepitosamente. Pero esta vez, ¡esta única vez!, decido reunir el coraje necesario para decir lo que realmente me tiene inquieta. Sé que estoy pisando territorio incierto, pero decido dar el paso.
—Si dices que todo el mundo tiene una motivación para actuar... entonces... ¿por qué me ayudas? ¿Cuál es tu motivación conmigo?
Ahí está. Lo solté. Y el mundo no se vino abajo.
Logan reaccionó con un leve sobresalto ante mis palabras. Su sonrisa habitual se desvaneció, quedándose con una expresión neutra que yo intentaba descifrar. Lo percibí nervioso; aunque transmitía calma exteriormente, yo conocía lo suficiente de sus gestos para notar que algo lo había descolocado.
—Ya lo habíamos comentado antes. Te lo dije desde el primer día, soltó al fin, aunque su tono no era del todo convincente. Aun así, lo dijo.
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Editado: 26.02.2026