Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 43: ALIADA

CAPÍTULO 43

ALIADA

—¡Allison! ¡Allison! —oí que me llamaba.

Me giré, confundida, buscando su rostro. Nuestras miradas se cruzaron, y durante unos segundos, el tiempo pareció detenerse.

—¿Podemos hablar? —preguntó con una mezcla de urgencia y seriedad.

Asentí en silencio, señalándole con un pequeño movimiento de cabeza que se acercara a un rincón apartado del salón.

—Gracias por lo que hiciste… Fuiste muy valiente —le dije, dejando que la sinceridad fluyera desde lo más profundo de mi corazón.

—Hice lo que era justo —contestó con firmeza, aunque sus palabras dejaron entrever una tristeza latente. Pero también había algo más: una certeza incuestionable de que había tomado la decisión correcta. Abrí la boca para responder, tal vez con más palabras de gratitud. Pero no logré articular nada; ella me interrumpió con un torrente de palabras, como si las hubiera reprimido durante demasiado tiempo y ya no pudieran esperar más.

—Todo este tiempo he estado reflexionando sobre lo que ocurrió. No solo eso… también me propuse descubrir la verdad. No la versión de Oliver, ni tu versión, sino la verdad completa.

La observé en completo silencio mientras hablaba. En ese instante, un temor se apoderó de mí. ¿Qué conclusión habría sacado? Esa verdad que ahora defendía con tanta convicción bien podría ser fruto de lo que ella deseaba creer, algo moldeado hasta transformarse en su realidad. Cuando vives con alguien manipulador, es fácil quedar atrapada en ese juego... y yo lo sabía mejor que nadie. Por otro lado, su acción de devolverme a mi hija daba a entender que había descubierto todo tal y como pasó.

—Todo empezó cuando llegaron los resultados de la prueba de paternidad —su expresión se oscureció mientras continuaba, luchando por mantener la compostura.

—Hasta ese momento Oliver no me había confesado ser el padre, luego no tuvo más remedio que admitirlo. Lo que sucedió después, como puedes imaginar, fue un verdadero caos.

Alma deja de hablar por un momento mientras su mirada se fija en el ventanal. Observa los edificios, pero es evidente que su mente está a kilómetros de distancia.

—Enfrentar la infidelidad de Oliver ya fue un golpe devastador —comienza a decir. Pero como si eso no fuera suficiente, tu versión de los hechos seguía resonando en mi cabeza. Te escuché claramente gritar detrás de la puerta que la niña era tuya, que él te había engañado, que nunca la habías abandonado. Había algo en tu voz, en tu desesperación, que quedó impreso en mi memoria. Creo que Oliver lo notó, porque en ese instante prácticamente me arrastró hasta la habitación para mantenerme alejada. Pero yo ya había escuchado suficiente, y eso plantó en mí la semilla de la desconfianza. Si me había traicionado contigo, ¿por qué debía creerle ahora cuando decía que habías cedido a la niña?

La sinceridad en su tono me impacta profundamente. Al mismo tiempo, siento la necesidad urgente de aclarar mi posición. Coloco suavemente mi mano sobre la suya y busco su mirada, dándome cuenta de que necesito que me preste toda su atención.

—Quiero que entiendas algo. Nunca supe que él era casado. Me dio otro nombre, decía llamarse Parker Gianmarco. Me llevó a vivir a un lugar remoto, me prometió matrimonio y me juró que algún día iríamos a Budapest…

Alma suelta un bufido lleno de desdén y repulsión.

—Nuestra luna de miel fue en Budapest.

La revelación me golpea con fuerza. Parker nos utilizó a ambas de manera despreciable, pero ahora sé con certeza que siempre tuvo sus ojos puestos en ella. Yo solo fui un medio para cumplir su deseo: tener un hijo. Fui un daño colateral.

—Sé que amas a mi hija como solo una verdadera madre sabría hacerlo —digo con toda la honestidad que puedo reunir —Lo vi en cómo la cuidaste, cómo te dedicabas a ella con esmero y devoción. Te lo tengo que agradecer.

Asiente lentamente, pero sus ojos empiezan a llenarse de lágrimas.

—Eso es precisamente lo más difícil — dice con voz quebrada. Por eso me negué a perderla, por eso quise aferrarme a sus palabras, a las mentiras de Oliver. Porque no creerle significaba enfrentar la posibilidad de perderla… y ese dolor era demasiado grande para soportarlo. Quiero que me entiendas… Tammy es todo para mí.

—Claro que lo entiendo —contesto con voz trémula. Solo alguien que ha creído haberla perdido puede entenderlo tan profundamente como yo.

Alma baja la mirada, como buscando fuerzas para continuar.

—Tuve que hacerlo —añade después de una pausa —Cada vez encontraba menos credibilidad en las historias de Oliver. Y luego ya te había conocido… al verte pude leer tu verdad. Mi corazón me decía que no eras una farsante. Todo lo contrario, hiciste absolutamente todo lo que estuviera a tu alcance por recuperar a tu hija. Es lo mismo que yo habría hecho en tu lugar.

Sus lágrimas comienzan a fluir sin control, al igual que las mías. Un torrente de emociones nos envuelve mientras compartimos este crudo momento de conexión.

—Dime… ¿Qué fue lo que te convenció? —le pregunto mientras intento calmar mi voz entre el nudo que siento en la garganta —¿Qué te llevó finalmente a tomar la decisión… la decisión de renunciar?

Alma logró recomponerse lo suficiente como para continuar hablando.

—Hice mi propia investigación. Todo este tiempo de espera lo utilicé para buscar información. Antes de ir al trabajo o después, al salir por la tarde, indagaba con discreción en el mismo hospital donde él trabajó, en ese lugar donde supuestamente renunciaste a la niña. Descubrí que nadie te recuerda ahí, que no hay registro alguno de que firmaras algún documento ni constancia de nada. A veces le decía que llevaría a la niña a un paseo por el parque, como solía hacer antes, pero aprovechaba ese tiempo para hacer llamadas. Así fue como me di cuenta de que todo era un fraude. Al final, cuando lo confronté, admitió parte de su engaño... pero yo ya conocía toda la verdad.




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