CAPÍTULO 44
LO CONSEGUIMOS
Parker descargó toda su furia en Alma al sentirse incapaz de intimidarme. Se giró hacia ella con agresividad.
—¿Por qué hiciste esto? ¿Te volviste loca? ¡Todo lo hice por ti... por nosotros! ¿Y así es como me lo pagas? ¡Arruinaste todo! —le reprochaba con una mezcla de ira y frustración en la mirada, incapaz de aceptar su responsabilidad y visiblemente decepcionado por lo que consideraba una falta de lealtad.
Alma lo observaba con frialdad, incrédula ante la audacia de Parker al intentar culparla por lo sucedido. Su silencio, afilado y calculado, fue su respuesta, un arma que a él solo lo enfureció más. En un arrebato de frustración, Parker la sujetó por los hombros con brusquedad, temblando mientras trataba de arrancarle las respuestas que ella se negaba a darle.
—¡Dime por qué entregaste a mi hija! ¡Es mía también! ¡Tengo tanto derecho como ella a tenerla! —gritó con desesperación airada.
Sentí temor y el miedo de que pudiera lastimarla me impulsó a actuar. No podía quedarme inmóvil.
—¡No tienes ningún derecho! ¡Déjala tranquila! —me interpuse entre ambos, enfrentándome a su mirada cargada de rabia, pero mi intervención solo desató una tormenta de insultos.
—¡Tú no te metas! Esto no es asunto tuyo, inútil. No sirves para nada, nunca me importaste. Das lástima, porque nadie jamás te ha querido, ni siquiera tus propios padres... ¡estás sola! ¿Quién sabe cómo pagaste a tus abogados, si no tienes nada ni a nadie? — escupió con desprecio.
Antes de lograr articular una palabra en respuesta, escuché la voz de Logan resonar a mis espaldas. ¡Logan!
—Ella no está sola... ¡Me tiene a mí! Y te prohíbo que vuelvas a hablarle de esa manera —dijo con firmeza.
De inmediato, todas las miradas se posaron en él. Parker, al reconocerlo como su casero, quedó momentáneamente sin palabras, dejando de lado los insultos para centrarse en observarlo de arriba abajo. La tensión era evidente; las sienes le pulsaban y unas pequeñas gotas de sudor comenzaron a aparecer por su frente.
—¡Vaya! Así que esto es lo que pasa —logró decir finalmente, recuperando algo de su arrogancia—. Entonces, te buscaste como amante al dueño de la casa —me lanzó con malicia.
Antes de que pudiera continuar, Logan perdió la paciencia. En un rápido movimiento, lo agarró por la solapa de su chaqueta con tal fuerza que el tejido cedió, dejando la prenda parcialmente desgarrada.
—Te advertí que no vuelvas a hablarle así. Allison es mi prometida, nos vamos a casar, y no voy a tolerar que alguien como tú mancille su nombre, ¿te quedó claro? —le gritó al rostro, a escasos centímetros de distancia.
Quedé confundida. En medio del caos, busqué a Alma con la mirada, pero ya no estaba. Apenas noté en qué momento había desaparecido. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que un par de alguaciles irrumpiera en la escena para controlarlo todo. Con decisión, se acercaron a Parker.
—Le advertimos que, si no se controlaba, lo regresaríamos a la celda preventiva —comentó uno de ellos con tono severo mientras el otro le colocaba las esposas con movimientos precisos y firmes. Pronto se perdieron por el pasillo llevándose a Parker con ellos. Sentí un enorme alivio al verlo ser llevado lejos.
Alma regresó con una calma renovada, casi como si previera que le preguntaría a dónde había ido, se adelantó a explicarme.
—Fui por los alguaciles. No voy a permitir que nos siga haciendo daño —articuló con firmeza.
Su dolor era palpable, enfrentarse al hombre que alguna vez fue su compañero de vida, al esposo que juró estar siempre a su lado, era un tormento. La traición la había alcanzado, como también lo había hecho conmigo en otro tiempo. Entendía su sufrimiento porque ya había recorrido ese camino.
Al final, la triste verdad era que Alma y yo éramos más similares de lo que nunca hubiera pensado; ambas fuimos defraudadas por aquel hombre con quien soñamos construir una familia. Tomé aire, sintiendo el peso del silencio que se instalaba entre nosotras. Hay heridas para las que no existen palabras ni consuelo; solo el tiempo puede intentar darles alivio.
—Solo quiero pedirte una cosa… —dijo con voz suave pero firme.
—Lo que quieras —respondí casi en automático.
—Déjame despedirme de mi niña… porque, aunque ahora es tuya, siempre será parte de mí… —explicó, con el dolor marcando cada palabra.
—Si eso deseas, así será —aseguré sin dudar.
No hubo necesidad de agregar más. En ese momento, todo entre nosotras quedó dicho. Se fue despacio y, con pasos pausados, caminó hasta la salida.
Al girarme hacia Logan, una cálida felicidad me envolvió al tenerlo a mi lado.
—Me has sorprendido. No imaginé que vendrías —le dije con sinceridad.
—Habíamos quedado en que me mantendrías al tanto de todo lo que pasara, pero no recibí ni una llamada ni un mensaje. No podía concentrarme en la oficina pensando en lo que estaría sucediendo... y bueno, parece que llegué justo a tiempo.
Asentí con la cabeza.
—Tienes razón, lo siento… Fueron demasiadas cosas ocurriendo tan rápido que no podía pensar en nada más —me excusé, algo avergonzada. Logan deslizó su mano con suavidad por mi cabello y me regaló una sonrisa cargada de calma, iluminando por completo mi día.
—A pesar de todo este lío tan desagradable, tengo excelentes noticias —dije, y su rostro se llenó de curiosidad al escucharme.
—Dime ya… No me hagas esperar más, he estado con la incertidumbre rondándome todo el día...
Sonreí ampliamente y, sin más preámbulos, solté la noticia: ¡Me han devuelto a la niña!
Sus ojos se iluminaron con una alegría desbordante. Conmovido, se abalanzó sobre mí, abrazándome con fuerza mientras decía:
—¡Lo conseguiste!
—¡Lo conseguimos! —corregí emocionada.
Nos alejamos de allí con la esperanza de que lo más difícil hubiese quedado atrás.
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Editado: 07.03.2026