Devuélveme A Mi Hija

CAPÍTULO 46: FAMILIA

CAPÍTULO 46

FAMILIA

El día de la cita fue un cúmulo de emociones, con todos nosotros nerviosos y expectantes. Logan, mis abogados y yo llegamos temprano, listos para completar el trámite que al fin me devolvería a mi hija, esta vez para siempre.

Logan compartía mi ansiedad, sus sentimientos eran tan intensos como los míos.

—Por fin la tendremos —me dijo suavemente, antes de depositar un beso en mi mejilla.

El acuerdo establecía que Alma entregaría a la niña personalmente. Fue una concesión en la que estuve de acuerdo. Después de todo, ella facilitó el caso. Sin su ayuda, todo hubiera sido más complicado. Además, reconocía lo difícil que era este trance para ella.

La puntualidad fue nuestra prioridad, llegando incluso antes de lo previsto. Sin embargo, la ansiedad me había causado una noche en vela, esperando desesperadamente que llegara el momento. Los minutos comenzaron a pasar y Alma aún no aparecía. Mi inquietud se encendió como una chispa.

—¿Y si cambió de opinión? ¿Y si todo esto fue solo una farsa para ganar tiempo y huir con mi pequeña? —pregunté con la preocupación desbordándome. Mis abogados intentaron tranquilizarme.

—No hay motivo para alarmarse, señora. Cualquier incumplimiento le traería graves consecuencias legales. Ya tiene suficiente con la situación de su esposo. Es solo un retraso, no se preocupe —respondieron con calma.

Mientras tanto, Logan me observaba con esa paciencia que solo alguien que conoce tus heridas puede tener. Había sido testigo de las veces que la vida me golpeó, entendiendo perfectamente mis temores. Aun así, hizo su mejor esfuerzo para calmarme.

—No te inquietes, amor. En cualquier momento se abrirá esa puerta —me decía con dulzura.

Sin embargo, los intentos infructuosos de los abogados por contactar a Alma intensificaron mi pánico. Las piernas comenzaron a flaquearme y un temblor leve recorrió mi cuerpo; tuve que buscar apoyo para no caer.

—¿Qué hora es? —pregunté con temor.

—Es hora de tranquilizarse. Solo son unos minutos de retraso —respondió Logan serenamente.

Quería creerle, necesitaba aferrarme a esas palabras. Pero cuando lo que esperas significa tanto, cada minuto se siente como una eternidad. Es pura tormenta emocional.

De pronto, la puerta se abrió, y allí estaba Alma con la niña en sus brazos. Apenas la vi, sentí que algo dentro de mí volvía a la vida.

—¡Alma! ¡Has tardado muchísimo! —exclamé, incapaz de contener mi ansiedad. No era reproche, sino pura angustia acumulada, y creo que ella lo entendió porque se apresuró a disculparse.

—Pido perdón por la demora. Es cierto que el tráfico fue complicado, pero siendo honesta… —su voz se quebró ligeramente—…quise estirar el último día que pasaría con ella...

La pequeña Rossie dormía plácidamente entre sus brazos, un ángel ajeno a todo el caos emocional que giraba a su alrededor. Su inocencia era un recordatorio silencioso de lo verdaderamente importante frente a las turbulencias del día.

Alma la estrechó contra su pecho, dejando que las lágrimas resbalaran por su rostro.

“Adiós, mi hermosa Tammy”—murmuró entre sollozos— “Toda mi vida te voy a amar… Siempre serás mi hija. Te dejo ir con amor y dolor... nunca te olvidaré.”

Luego, depositó un tierno beso en su frente. Guardamos silencio, respetando la solemnidad del momento. Era una escena desgarradora, una de esas en las que las palabras sobran. Me quedé quieta, aguardando pacientemente el instante en que ella se decidiera a entregármela. No quise apresurarla; entendía demasiado bien lo que significa perder lo que más se ama.

Finalmente, Alma la colocó entre mis brazos. La pequeña emitió un leve gemido, pero enseguida se acomodó en mi pecho y volvió a dormirse plácidamente. Parecía como si supiera, de alguna manera, que había perdido algo importante, pero confiaba en que todo estaría bien. Con lágrimas aun corriendo por sus mejillas, Alma se las limpió como pudo y fijó su mirada en la mía. Entonces, casi con un ruego, me hizo una petición.

—¿Podrás enviarme alguna foto de vez en cuando? Quiero verla crecer, verla dar sus primeros pasos, en su primer día de escuela… ¿Podrás hacerlo?

No podía negarme a una súplica tan sincera. Lo haré, le respondí con firmeza y convicción. Ella esbozó una sonrisa agradecida antes de marcharse sin volver la vista atrás. En su partida se llevó mis miedos y me dejó solo felicidad. Nunca terminaré de agradecer el inmenso amor que le dio a mi hija.

***

Con los trámites legales terminados, dejamos el lugar agradeciendo a nuestro equipo por su apoyo antes de subir al auto. Yo ya había conseguido un asiento de seguridad para la niña, y la acomodamos cuidadosamente en él, en el asiento trasero. Aún dormía tranquilamente. Cada tanto giraba para mirarla, extasiándome con su presencia, sintiendo la necesidad de verificar que seguía ahí conmigo, a salvo, y que nadie me la quitaría jamás. Sin embargo, tras un rato me percaté de que no reconocía el camino que tomábamos como el regreso a casa.

—¿A dónde vamos?, le pregunté a Logan con curiosidad.

No respondió al instante; en cambio, una sonrisa enigmática apareció en su rostro. Detuvo el auto al borde del camino y se giró hacia mí.

—¿Dónde dijiste que vive tu amiga Jessie? —preguntó como si ya conociera la respuesta. —Jessie vive lejos... como a tres horas de aquí —respondí un tanto desconcertada — ¿Qué estás pensando?

Sospechaba sus intenciones, pero necesitaba confirmarlo con sus palabras.

—Vamos para allá. ¿Cuánto tiempo llevas sin verla? — preguntó con tono decidido.

—Hace demasiado tiempo… ¡Pero espera! Es una locura—protesté—. No llevamos ropa adecuada ni suficiente leche para la niña.

—Locura sería seguir postergándolo más tiempo. Conseguiremos lo necesario por el camino—replicó tranquilo—. Además, vas a ser su dama de honor; te necesita a su lado. Y no olvides que tienes buenas noticias que darle…




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