Diamante

Cada uno de los reyes que lideraron en el pasado tuvieron que enfrentarse a un enemigo común: aquellos hombres que iban en contra de sus mandatos porque los consideraban injustos o desconsiderados.

Una noche en tiempos arcaicos, antes de que el reino se dividiera en regiones de acuerdo a los puntos cardinales, la reina murió en manos de estos hombres llenos de ira.

Y el rey no pudo con ello.

Desesperado, el monarca acudió a la no tan desconocida magia, aquella que podía curar las heridas más mortales y crearlas al mismo tiempo, y la cual solo podía ser controlada y poseída por hechiceros.

Fue entonces que, bajo una cantidad monetaria considerable, los hechiceros accedieron a intentar lo único que no se había hecho nunca antes: devolverle la vida a alguien.

No era un secreto que el poder de aquella magia iba más allá de su entendimiento, y estaban sobreestimando a sus capacidades, así que decidieron arriesgarse, encontrándose con una bestia que no pudieron contener. Usaron sus capacidades para enviar la magia al cuerpo de la reina y devolverle los latidos, pero aquello se les escapó de las manos, convirtiendo el ritual en una fuerte lucha para contener el poder destructivo que la magia había adquirido y, al ser los hechiceros incapaces de contenerla de nuevo, tuvieron que recurrir a las piedras preciosas más valiosas y fuertes que se encontraron entre las gavetas. Ya se habían usado piedras parecidas para almacenar energía, como los cuarzos, pero esta energía necesitaba de una piedra más fuerte, más resistente, más poderosa…

La magia fue contenida en diamantes como si estos fuesen pequeños frascos, y, aunque la reina no pudo ser salvada, sí que se había salvado al reino y a la tierra de un desequilibrio energético que pudo haber sido lamentable en el futuro.

Los hechiceros no quedaron excluidos de la magia por completo: aún podían manipularla, sentirla, contenerla. Pero no era suficiente. El transcurrir de los días reflejó que la magia estaba apagándose, destruyéndose. Los diamantes estaban muriendo. Resultó ser que el poder energético se mantenía a flote gracias a que se alimentaba de emociones, emociones que no podían ser halladas en piedras, abriéndole paso a un nuevo problema: no cualquier persona podía cuidar y, asimismo, alimentar a estos diamantes, ya que la energía era demasiado fuerte todavía. Se tuvo que hacer una búsqueda exhaustiva en todo el reino para encontrar almas lo suficientemente fuertes como para contener aquel poder casi insostenible; y fue así que, finalmente, se entregaron esos diamantes a distintas personas.

La travesía estaba por terminar, los diamantes tenían un cuerpo fuerte del cual alimentarse y las cosas habían vuelto a la normalidad en el palacio, hasta que pasó lo inesperado: los diamantes, aquellos que se habían tornado cada uno en un color diferente, compartían un rasgo preocupante. Las personas que portaban los diamantes más oscuros presentaban una ascendente tendencia a ser agresivos, llenos de ira, corruptos.

Los hechiceros lo supieron casi de inmediato: la maldad y la bondad se habían dividido igualmente, quedando atrapadas en las tonalidades de aquellas piedras, siendo las más claras las más bondadosas y las más oscuras las más malignas. Pero no todo estaba perdido: los diamantes oscuros se mantendrían controlados siempre y cuando se encuentren en las manos correctas porque, de lo contrario, el poder consumiría sus más fuertes valores y los haría corromperse hasta oscurecer sus almas.

Las piedras fueron enviadas al exilio, distanciada la una de la otra por bosques enteros; se les ocultó la verdad a los ciudadanos y, con el paso de los siglos, la magia pasó a ser parte de los cuentos fantásticos, y los diamantes pasaron a ser un mito distorsionado.

 

 

 

 



Karen Franquiz

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En el texto hay: fantasia magia, poderes, guerra y amor

Editado: 02.05.2020

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