Días de cuarentena

Capítulo 0

— Mmm… te ves rara, sí, puedes quedarte.

— Wow, que gran bienvenida.

— Si quieres, podemos tomar un trago o tener un polvo... 

— Que gracioso. ¿Puedo pasar? 

— Oh, claro. Dame, te ayudo.

Mark, el dueño del departamento toma una de mis dos maletas junto a la mochila que me cuelga del hombro, las lleva a la pequeña sala que tiene y se detiene a esperarme, pero es que no tengo super fuerza como él, y arrastro la maleta con pereza hasta llegar a su lado.

Bueno, al fin lo alcanzo y él con esa sonrisa que no ha borrado desde que me abrió la puerta, me lleva a un cuarto. Pero antes de abrir se detiene.

— Oye… em… ¿sabes? Por ser mi primera inquilina, creo que puedes decidir — mi cara debe mostrar que no entiendo un carajo — Este cuarto está a lado del mío, pero allá hay otro — apunta a uno que está al otro lado de la sala.

— ¿Puedo elegir?

Asiente.

— La de allá.

Y transportamos todas mis cosas al cuarto que queda en la otra punta del departamento.

Me paso todo el día ordenando. Odio ordenar, quizá sea el único día de todo el tiempo que pase aquí que vea mi cuarto tan ordenado. Luego será una masa de cosas.

Escucho unos golpes.

— ¿Se puede? — se oye del otro lado de la puerta.

— ¡Sí! — me levantaría del suelo, pero que flojera.

Sigo doblando poleras mientras veo a Mark entrar con una sonrisita.

— Mis amigos han hecho una fiesta de bienvenida, ¿te apuntas? 

Lo pienso bien antes de responder.

Ah, ya sé la respuesta.

— No, gracias.

— ¿En serio? Si habrá droga, alcohol y todo para que te diviertas.

— Oh, mis ganas por ir subieron cuando dijiste droga.

Él ríe.

Tal vez nos llevemos bien, claro, si aguanta mi sarcasmo.

— Bueno, hay una copia de las llaves en la cocina y si escuchas sonidos de personas en la madrugada no te asustes, seré yo más que seguro.

Asiento mirando la ropa doblada y que ahora debo guardar en cajones.

Que pereza la vida.

— Adiós, chica friki.

Cierra la puerta, y luego escucho la otra puerta cerrase. Mi cuerpo cae hacia atrás chocando con el suelo.

Extraño a mi familia.

Extraño a mis amigos.

Extraño a mi gato.

Ah, sí, verdad, extraño a mi novio.

Extraño mi hogar.

Ahora tendré que vivir con un desconocido, mi hábitat natural será este cuarto y la universidad. 

Ya no más películas en la sala ni cocinar juntos, ni hacer las compras…

Que asco da la vida universitaria, y eso que aun no entro. Mañana ya odiaré haber nacido. 

Esa noche se pasó volando, y en la mañana cuando estaba a punto de irme, alguien tocó la puerta.

Abro la puerta con ganas de poner los ojos en blanco si es Mark, porque no pienso ser su niñera.

Pero no, al otro lado hay un chico, es bajito, más bajito que yo y tiene una expresión de asustadizo. Da un paso hacia atrás cuando abro completamente la puerta, viene con un bolso que deja en el suelo y revisa algo en su celular. Traga saliva antes de hablar.

— ¿Está… Mark?

— No — le dijo.

Vuelve a tragar saliva y está a punto de responder, pero Mark aparece por detrás y le pone una mano en el hombro. Ni siquiera me di cuenta cuando llegó.

— Ay Aly — ¿me acaba de llamar Aly? — Me va a reventar la cabeza.

— Este chico te está buscando. Y no me llames Aly.

Los dejo ahí pasando por su lado y bajando las escaleras, porque este edificio no tiene ni ascensor. Es una porquería, pero es la única porquería que me podía permitir.

Paso mi primer día de clases aburrida, solo hubo presentaciones y me perdí varias veces buscando los salones.

¿Por qué nunca fui buena con las direcciones?

Y así es como al llegar al departamento me avisa Mark que Antony también vivirá ahí.

Y luego de semanas viviendo ahí me di cuenta que ninguno de los tres era molesto, quiero decir, ninguno se molestaba en saludar, nadie cuestionaba cosas cómo a qué hora se llegaba, ni nada, era como si el salón fuera un lugar público, todos pasabamos por ahí, pero nadie se detenía a… nada.

Y yo menos me molestaba en tratar de entablar algo, ni conversaciones ni amistad ni nada. Solo hablaba con Mark a fin de mes para pasarle el dinero, lo recibía con esa sonrisa que siempre traía y ya. Además casi nunca lo veía, nuestros horarios eran completamente diferentes. A veces lo sentía llegar en la madrugada o a veces me lo encontraba llegando por la mañana. No era lo mismo con Antony, llegaba antes que yo y siempre me lo encontraba cocinando algo con cara de sueño.

Para las vacaciones fui a ver a mis padres, y justo una semana antes de empezar mi segundo año de Universidad llegué a ese departamento y me encontré con las peores noticias del mundo.

Literalmente.



Akashi

#2889 en Otros

En el texto hay: romancejuvenil

Editado: 11.04.2022

Añadir a la biblioteca


Reportar