A mis hijos. Porque sois los que le disteis sentido a mi oasis y los que me obligasteis a bajar del puente. Este libro es mi verdad, para que nunca tengáis que vivir con dudas sobre quién es vuestro padre.
A la memoria de mi madre. Te fuiste viéndome roto, pero este libro es la prueba de que aprendí a recoger mis propios pedazos.
Y a ella. Por la lealtad inquebrantable de aquellos veinticuatro años, por el respeto a nuestra historia y por la generosidad de recordarme que, por encima de todo, sigo siendo un padre