Díselo a tu Corazón (libro 1)

– 14 –

Extraña 


 

 

 

Un sonido… pausa. 
Segundos después, el mismo sonido asciende, insistente, molesto. La melodía suena cerca, y sin embargo, no consigo saber de dónde o a qué corresponde. Resoplo. 
El silencio regresa. Me relajo.

Pero no perdura, el ruido vuelve. 
Esa melodía, que aunque no es fea, sí es fastidiosa porque quiere conseguir sacarme de mi descanso. No quiero abrir mis ojos. 
El cansancio que siento es tanto, que pareciera que no he dormido en meses, lo que no está muy alejado de la realidad.

Impaciente por acallar ese sonido, me doy por vencida. Mis párpados se abren. Mientras mi visión se adapta a mi entorno, perezosa, muevo mis brazos, luego mi cabeza buscando la fuente de ese ruido. Mi teléfono: identifico. Mi cuerpo y mi mente se rehusan a salir de este estado.

Luego de una profunda respiración, muevo mis piernas, y es ahí cuando el dolor se dispara, la queja de mi pierna izquierda, más exactamente de mi tobillo. Todo lo ocurrido se recrea en mi cabeza. Mi memoria dando marcha atrás.

Mi salida al lago. Los minutos, tal vez horas allí contemplando mi alrededor, viajando al pasado. 
Luego el choque con Beltrán, mi forma grosera de tratarle y mi posterior esfuerzo por llegar; negándole ayuda. 
Maia viviendo a atenderme.

Él también, para arreglar la chimenea. 
Su amabilidad. 
Su sonrisa…

Sacudo la cabeza, y regreso a mi ahora. Al sonido que cesa.

Me siento, y busco mi celular entre las varias cosas sobre la mesita frente a mi. La pantalla se enciende, llamando mi atención. El sonido resurge. Una llamada.
Estiro mi brazo para alcanzarlo. Cuando lo tengo, la foto y nombre ahí están. Es Víctor.

¿Pero cómo?

—Hola Vic, ¿cómo…?

— ¡Gracias al cielo! ¿Tienes idea de cuántas veces te he llamado? —es su queja instantánea.

— ¿Muchas? —exhalo—, estaba dormida.

—Pero si allí ya es casi mediodía.

—No tengo idea, estaba agotada, supongo —omito entrar en más detalles. —Tú cómo estás.

—Definitivamente más tranquilo ahora que logro comunicarme contigo. ¿Y tú?

—Estoy bien, ¿por qué te pones así? —un leve suspiro es todo lo que escucho por su parte. —Víctor, no hay dolor que me lleve a la locura, lo sabes, ¿no?

Vuelve a suspirar.

—Lo sé, es solo que… —breve silencio, como si buscara las palabras adecuadas. —Te echo de menos, ¿de acuerdo? Nunca hemos estado separados tanto tiempo y por tantos kilómetros. Mucho menos sin saber a dónde has ido. Me preocupo por ti, siempre lo haré, y me entristece no estar contigo ahora... Entiendo que es lo que necesitabas, pero…

—Te quiero —musito de pronto. Entre emocionada y apenada, ya que comprendo su sentir. Pasamos por mucho juntos, desde lo bueno y lo malo, y es la primera vez que me aparto de él. Pero como dice, era necesario. Necesito hacer esto, sola. —No te preocupes, estoy mejor, te lo aseguro. Es más, ahora que culminé con mis trabajos pendientes, tengo pensado hacer algunas excursiones y… —me detengo al ser nuevamente consciente de una cosa — ¿Cómo conseguiste este número?

Pienso rapidamente en qué momento se lo he dado. Pero no lo recuerdo, porque no lo hice. Siempre he llamado yo, y en modo 'desconocido' para no darles mi ubicación. Es una tontería que no lo haya hecho, sin embargo por razones obvias no quiero que nadie lo sepa. No deseo llamadas indeseables.

—No me diste el número, si es lo que estas pensando. La última vez que hablamos, olvidaste ocultarlo, y lo guardé. Ayer no hablamos, así que… tuve que. —Expone sereno.

—No puedo recordar porqué no tengo mi número oculto... —murmuro más para mí misma.

—Nadie sabrá que estás allí. Lo prometo. —Su voz es solemne.

—Sé que no irás a decírselos, confío en ti. Es solo que… —hago una mueca. —Como sea, ya lo sabes ahora.

—Sí, y me contarás cómo es ahí. ¿Es tan bonito como Nona nos contaba? Y que sepas que te envidio. Me encantaría ir, y lo haré… lo haremos juntos la próxima vez —y lo asegura, no esta a discusión; deja claro.

Y así, comienzo a explicarle cada paso. Como fue que llegué aquí, desde mi corta estancia en Buenos Aires, hasta esta casa que encontré por casualidad y que no dudé en alquilar una vez estuve segura que era el destino que quería. Le platico sobre Maia, lo encantadora que es y lo mucho que le agradaría. También menciono a su hermano que explico es dueño de la casa, pero sin entrar en detalles que puedan hacer que haga preguntas, sobretodo respecto al incidente y mi lamentable forma de actuar. Por suerte no las hace, y de forma absurda, me alivia.

Una hora después, luego de, incluso planear juntos lo que puedo hacer aquí, nos despedimos ya que debe ir a su trabajo.

—Si no me llamas, lo haré yo. Sé que estás bien, aun así hazlo; o juro que viajaré solo para tomarte de esas hermosas orejas que tienes.

Sonrío.

—De acuerdo, de acuerdo. Los quiero, le das a mi tía un fuerte abrazo lleno de besos por mí.

Okayyyyy, te quiero.

Termino la llamada, y me quedo mirando la pantalla por un momento con una sonrisa cariñosa. Fue bueno después de todo que supiera donde estoy. Poder contarle sobre la casa y lo poco que he visto pero que es precioso. Es agradable y un alivio que lo sepa. No me hacía muy bien no decirle.

Mientras miro, me doy cuenta que tengo varios mensajes de Maia preguntando cómo estoy y si necesito alguna cosa. 
Sonriendo agradecida le respondo. 
Luego veo el nombre de Beltrán en el siguiente mensaje por whatsapp, lo que me deja sorprendida.

Hola, cómo estás. Espero que mejor, ¿la chimenea anduvo bien?

Hola, estoy mejor gracias. Supongo que sí, no he subido a mi habitación aún. De hecho, acabo de despertar.

¿De verdad le diré que acabo de despertar? 
Borro eso último. Lo envío.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.