Díselo a tu Corazón (libro 1)

– 30 –

A mil por segundo 




 

— ¿Te gusta? —pregunta parado junto a mí, mientras yo contemplo todo fascinada.

—Mucho. ¿Es tuya? —inquiero a mi vez, sin dejar de ver la contrucción frente a nosotros y todo al rededor.

—De ambos, de mi hermana y yo, quiero decir. —Asiento sin perder detalle de la gran cabaña de dos plantas, y del río que corre detrás de esta… es bellísimo. —Acá crecimos, aunque esta es una versión más amplia y moderna de la casa en la que nos criamos. —Comenta, en su voz el orgullo.

—Es muy bonita, y el paisaje… inmejorable —musito encantada.

Observo el fondo. Los cerros, los árboles, el río… la extensión de tierra, y las demás casas cada 150/200 metros aproximadamente unas de otras.

—Realmente me encanta. Se respira… —inhalo profundo —, tanta paz.

—Me gusta que te agrade. ¿Entramos?

Le sonrío, moviendo la cabeza afirmativamente.

Se dirije hacia la camioneta, y saca de la parte trasera de la caja nuestras maletas. Haciéndose cargo de ellas, camina hacia la casa y yo, lo sigo mirando la misma con los nervios en aumento.

¿Lo que resta de este día y todo el siguiente solos en esta hermosa cabaña con este paisaje?

Perfecto para mi ya creciente atracción hacia él ¡Hurra!

— ¿Todo bien? —me pregunta deteniéndose a unos pasos de la entrada.

Rápidamente asiento, disimulando mi ansiedad.

—Sí. —Contesto segura.

Acto seguido abre la puerta, y me señala el interior.

—Adelante. —Dice todo caballeroso.

Sonrío complacida, mirándolo fijamente a los ojos mientras me acerco.

Antes de cruzar el umbral, me detengo frente a él y beso su mejilla.

—Gracias.

Y continuo sin dedicarle ni una mirada. No quiero ver en la suya el mismo anhelo de más, que también siento.

Una vez en el interior, soy recibida por el ambiente templado que hace mi cuerpo se relaje de inmediato.

En lo primero que me fijo es la escalera que lleva al piso superior. Desde mi posición alcanzo a ver varias puertas, lo que confirma que efectivamente la casa cuenta con más habitaciones.

Eso es muy bueno.

Luego dirijo mis pasos hacia lo que es el living. El espacio es muy amplio, decorado de manera hogareña y moderna. Pisos de madera, sillones con forma "L" tapizados en tono crudo, frente a una chimenea de gas encendida, proporcionando el calor al espacio.

—Le pedí a mi tío que enciendiera la calefacción. Sino esto sería un frezzer —dice Beltrán dejando nuestras cosas junto a los sofás. Lo miro curiosa. —Vive al otro lado del río, y es quien se encarga del cuidado de la casa cuando no esta ocupada.

— ¿Ocupada? —indago acercándome a las ventanas dobles, para contemplar el exterior.

—Alquilamos también esta. Hasta hace unos días la ocuparon una pareja de canadienses que vinieron de luna de miel. —Me tenso al oír esa palabra. Qué suertudos ellos. —Tuvimos que hacerlo así, ya que por acá el turismo aumentó en los últimos años, y con ello las construcciones de cabañas hoteleras. Nos habían ofrecido vender para construir un complejo, pero no podíamos hacer eso. Acá nacimos y crecimos, es lo que nos quedó de nuestros padres… por lo tanto la amplié haciendo el piso de arriba, la cocina y refacciones más modernas y cómodas. De esa manera no perderíamos ni la propiedad ni nos arriesgariamos a una usurpación.

—Fue una excelente decisión, porque perder esta maravilla habría sido un error —avalo sonriéndole con fascinación.

—Exactamente. Mis viejos trabajaron desde muy jóvenes para poder tener esto. No podíamos venderlo. Y esta es la mejor manera. Además lo que pagan va directamente para Maia, así puede terminar sus estudios tranquila este año, sin preocuparse por trabajar para pagar sus gastos.

—Eso es aún mejor.

—Sí, por esa razón tenía que venir y asegurarme que todo esté bien y arreglar lo que haya que arreglar para ponerla de nuevo en los anuncios. Así no pierde demasiado este mes.

—Es muy lindo que cuides así de ella. —Digo atenta a su cercanía.

Se para a mi lado, observando el exterior.

—No pude cuidarla antes —menciona en tono sombrío. —Quiero darle la seguridad que necesita para salir adelante.

Volteo hacia él, y tomo su mano. Gira también hacia mí al sentir mi contacto, mirándome serio.

—Estoy segura que podrá hacerlo, porque tiene un hermano fuerte que dará lo que sea por ayudarla. —Declaro convencida. Su expresión se suaviza, dibujándose en esos labios que tanto me gustan una sonrisa. —Y ya no pienses en lo que no pudiste hacer antes por ella… Estas hoy, y es lo que cuenta.

Inclina la cabeza hacia un lado, paseando sus ojos por mis facciones.

— ¿Puedo besarte? —Su voz grave, pone mi carne de gallina.

—Por favor. —Susurro en respuesta.

Me acerca de un movimiento, sus brazos me rodean por la espalda, mientras yo envuelvo su cintura de una forma tan natural, que hace mi respiración tiemble.

Nos besamos con lentitud, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo a nuestros pies, y es que este parece detenerse cuando sus labios besan los míos. Cada roce, cada caricia de su boca es un afrodisíaco para mis sentidos, uno que si no tengo cuidado, puede volverse adictivo.

Hago a un lado esos pensamientos, deseando solo concentrarme en lo que siento ahora.

El ritmo incrementa en cada toque, al igual que la sensación de calor, que no proviene de la chimenea cerca de nosotros. Apoyándome completamente en él, saboreo su esencia, su aroma y el deseo que invade cada célula de mi cuerpo.

Agitados, tomamos distancia, pero sin soltarnos. Abro los ojos conectando directamente con los suyos. Su intensidad sacude los cimientos de mis ser cual terremoto.

—Va a ser mejor que te siga mostrando la casa y que elijas en qué cuarto querés quedarte… porque si seguimos así, yo… —vacila, posando su mirada nuevamente en mi boca —no estoy seguro  de ser tan fuerte ahora para resistir más de esto.




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