Diseñando el Desastres

Un Giro Inesperado

Mía se quedó helada, esperando que Julián estallara en cólera. Sabía cuánto significaba este proyecto para él. Pero, para su sorpresa, Julián se quedó mirando el plano en silencio.

—Julián, lo siento muchísimo... yo la limpiaré ahora mismo, yo...

—Espera —la interrumpió él, acercándose tanto que su hombro rozaba el de ella. Estudió las huellas de Missiu—. Mira eso, Mía. La forma en que las huellas cruzan el salón... le da una escala orgánica. Parece un patrón de diseño vanguardista.

Él tomó un lápiz y empezó a unir las huellas con líneas finas, transformando el desastre de la gata en una especie de jardín zen moderno.

—Eres un genio o estás muy desesperado —susurró Mía, asombrada.

—Estoy cansado, Mía. Pero contigo aquí... por alguna razón, los errores no parecen tan graves —dijo él, girando la cabeza para mirarla.

La distancia entre sus rostros desapareció casi por completo. El silencio de la madrugada era absoluto, roto solo por el ronroneo culpable de Missiu. Julián bajó la mirada a los labios de Mía, y ella sintió que el corazón se le iba a salir del pecho.

—Mía... —comenzó él, su voz era un murmullo que vibraba en el aire—. He intentado convencerse de que eres solo la hermana de Leo. Pero cada vez que me miras así, con esa mancha de pintura en la nariz... se me olvida hasta mi propio nombre.

Julián levantó la mano y, con el pulgar, limpió suavemente una gota de tinta de la mejilla de Mía. Su toque fue eléctrico. Pero justo cuando él se inclinaba un poco más, el sonido de unos pasos rápidos en el pasillo los hizo saltar.

— ¡Julián! ¡Cariño! —La voz de Bianca resonó desde la puerta—. Me desperté y no estabas... ¡Oh! ¿Qué hace "la niña" aquí todavía?

Bianca entró en el despacho, luciendo un camisón de seda que costaba más que la mayoría de los cuadros de Mía. Su mirada recorrió la mesa llena de pinturas, a la gata manchada de tinta y, finalmente, la cercanía sospechosa entre Mía y su novio.

—Trabajando, Bianca —respondió Julián, recuperando instantáneamente su máscara profesional y apartándose de Mía—. Mía nos ha salvado la presentación.

—Ya veo —dijo Bianca, con los ojos entrecerrados y una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Qué amable de su parte. Pero ya es hora de que las niñas estén en la cama, ¿no crees? Julián, ven conmigo, necesitas descansar para la reunión.

Mía recogió sus pinceles, sintiendo el frío regresar a su cuerpo.

—Sí, ya he terminado —dijo Mía con orgullo, tomando a Missiu en brazos—. Disfruta de tus "huellas de diseño", Sterling. Nos vemos en el desayuno.

Mía salió del despacho sin mirar atrás, pero mientras caminaba por el pasillo, no podía dejar de pensar en lo que casi había pasado. Julián la deseaba, Bianca lo sospechaba y Missiu... Missiu solo quería que alguien le limpiara la pata negra.




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