Julián no lo pensó dos veces. Se quitó su chaqueta de cachemira y se la puso a Mía sobre los hombros, ignorando que él mismo se estaba empapando.
—La encontraremos. Te lo prometo —dijo él, con una firmeza que logró calmar el pánico de Mía—. Ella no se iría lejos. Conoce el camino a la cocina.
Durante dos horas, Julián y Mía recorrieron los alrededores de la propiedad. Él no dejó de sostenerle la mano, guiándola por los senderos oscuros. En un momento, Mía tropezó con una raíz y Julián la sostuvo contra su pecho para evitar que cayera.
—Está bien, respira —susurró él, rodeándola con sus brazos—. Aparecerá.
—Julián... —dijo Mía, con la voz quebrada contra su camisa húmeda—. Si algo le pasa, no me lo perdonaré. Ella es lo único que es realmente mío.
Julián la estrechó más fuerte. Por primera vez, no la miraba como a una niña, sino como a la mujer que le quitaba el sueño. Estaba a punto de decirle algo, de confesar que él haría cualquier cosa por verla sonreír de nuevo, cuando un pequeño "miau" de protesta sonó desde debajo de un viejo cobertizo de herramientas.
Allí estaba Missiu Leguau, asustada y con el pelo erizado, pero sana y salva. Julián se metió en el barro para sacarla y se la entregó a Mía. La gata se aferró al cuello de Mía como si su vida dependiera de ello.
—Gracias, gracias... —repetía Mía, abrazando a la gata y, de paso, a Julián.
Cuando regresaron a la mansión, se encontraron con Bianca en el salón, bebiendo una copa de champán con aire aburrido.
—Vaya, qué drama por un animal —dijo Bianca, sin notar que sus zapatos de seda tenían rastro de barro seco en los tacones—. Deberían secarse, mañana salimos temprano para París.
Mía se detuvo en seco. Se acercó a Bianca y, antes de que la modelo pudiera reaccionar, le mostró el trozo de seda plateada que había encontrado en el balcón.
—Si vuelves a tocar a mi gata, Bianca, el vestido de Gaultier será lo último de lo que te preocupes —amenazó Mía con una voz tan gélida que incluso Julián se sorprendió—. Sé que fuiste tú. Y Julián también lo sabe.
Julián miró a Bianca con una decepción profunda. No dijo nada, pero se colocó al lado de Mía, marcando una línea clara.
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Editado: 12.03.2026