Diseñando el Desastres

La Gala en el Palacio de Versalles

El Salón de los Espejos de Versalles intimidaría a cualquiera, pero no a los mellizos Ferrer cuando caminaban juntos. Leo, con su traje impecable, y Mía, con su vestido verde esmeralda y el broche de su abuela, atraían todas las miradas. Julián los esperaba junto al podio, ajustándose los puños de la camisa con una ansiedad que solo Mía sabía detectar.

—Estás radiante, Mía —le susurró Julián cuando ella se acercó. Sus ojos grises bajaron por un segundo al broche de Juliette y luego a sus labios.

—No te acostumbres, Sterling. Solo intento que tu "diseño frío" no congele a los franceses —respondió ella con una chispa de rebeldía.

A pocos metros, Bianca observaba la escena con una sonrisa gélida. Llevaba un vestido plateado que parecía una armadura. En su bolso, su teléfono contenía las fotos del cuaderno secreto de Julián: la prueba de que el arquitecto estrella de Selene Global estaba más interesado en la anatomía de la hermana de su mejor amigo que en los cimientos de los edificios.

—¿Están listos para la proyección de los planos? —preguntó Bianca, acercándose al técnico de video con una amabilidad fingida—. Tengo un "material adicional" que Julián olvidó incluir y que hará que esta presentación sea... inolvidable.

La presentación comenzó con éxito rotundo. Julián hablaba de estructuras y Mía, con una elocuencia que sorprendió incluso a Leo, explicaba cómo el "patrón orgánico" (las huellas de Missiu) representaba la fluidez de la vida moderna.

—Y ahora —anunció Julián—, vean la integración final del hotel en el paisaje parisino.

Pero cuando la pantalla gigante debería haber mostrado el renderizado final del edificio, la imagen cambió. Apareció un dibujo a carboncillo. Era Mía, durmiendo en el jet privado, trazada con una devoción que rozaba lo obsesivo. Luego otra: Mía riendo con una mancha de pintura en la nariz.

El murmullo en la sala fue instantáneo. Leo se tensó, mirando de la pantalla a Julián con una expresión que prometía una tormenta de proporciones épicas.

—¿Qué es esto, Julián? —preguntó Leo en un susurro mortalmente tranquilo.

Julián se quedó petrificado. Bianca, desde la primera fila, fingió sorpresa tapándose la boca con la mano, pero sus ojos brillaban con pura malicia. Mía sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Su secreto y el de Julián estaban expuestos frente a la alta sociedad de dos continentes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.