Diseñando el Desastres

L'Atelier Caché

Escapar del hotel sin que los guardaespaldas de Leo los vieran fue una operación que requirió toda la astucia de Mía y el conocimiento técnico de Julián sobre las salidas de servicio. Missiu Leguau, metida en una mochila de transporte que Mía se negaba a dejar atrás, maullaba con suavidad, como si ella también oliera el misterio en el aire de la noche parisina.

Llegaron a un callejón estrecho cerca de la Basílica del Sacré-Cœur. El número 12 era una puerta de madera descascarillada que parecía haber sido olvidada por el tiempo.

—Es aquí —susurró Mía.

Introdujo la llave de bronce. La cerradura protestó, oxidada por décadas de desuso, pero finalmente cedió con un chasquido seco. Al entrar, el olor a óleo viejo, polvo y lavanda los envolvió. Julián encendió la linterna de su teléfono, iluminando un espacio lleno de lienzos cubiertos por sábanas blancas y mesas de dibujo que parecían altares.

Mía se acercó a un escritorio central. Allí, bajo una capa de polvo, había una fotografía de una joven Luna Black sonriendo junto a Juliette. Pero lo que llamó la atención de Julián no fue la foto, sino los planos que estaban extendidos sobre la mesa.

—Mía... mira esto —dijo Julián, su voz llena de un asombro profesional que nunca antes había mostrado—. No son planos de edificios.

Mía se acercó y sintió que el mundo giraba. Los planos mostraban la estructura de la mansión familiar, pero con anotaciones en rojo. "Pasajes de Juliette", "El archivo de la herencia", "La verdad sobre el apellido Dubois".

—Mi abuela no solo construyó una empresa —susurró Mía, pasando los dedos por el papel amarillento—. Construyó un mapa. Selene Global es solo la fachada de algo mucho más grande que ella quería ocultar... o proteger.

Justo en ese momento, Missiu saltó de la mochila y empezó a rascar con insistencia una pared de madera al fondo del taller. Julián iluminó el lugar y descubrió una pequeña ranura que coincidía perfectamente con el tamaño de una... ¿segunda llave?

—Bianca tenía razón en algo —dijo Julián, mirando a Mía con una seriedad mortal—. Tu familia tiene grietas. Y acabamos de caer en la más profunda.




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