Diseñando el Desastres

El Regreso de la "Mala Influencia"

El sol de París entraba por el ventanal del hotel, pero lo que despertó a Mía no fue la luz, sino el sonido de su teléfono saltando sobre la mesa de noche como si estuviera poseído.

—¡Mía! ¡Abre la puerta de tu habitación o juro por mi bolso de edición limitada que llamo a los bomberos!

Mía saltó de la cama, casi pisando a Missiu Leguau, y corrió a abrir. Frente a ella estaba Paz Valente, su mejor amiga desde la secundaria, que se había ido a Australia a "encontrarse a sí misma" y, por lo visto, solo había encontrado una colección impresionante de ropa cara y un bronceado envidiable.

—¡Paz! ¿Qué haces aquí? —gritó Mía mientras su amiga entraba con tres maletas gigantes.

—Me aburrí de los surfistas, nena. Tienen mucha sal en el pelo y muy poca conversación —dijo Paz, tirándose sobre la cama de Mía—. Me enteré de que estás en París con el "Arquitecto del Pecado" y no pensaba dejar que te enfrentaras a esa estatua de hielo llamada Bianca tú sola. ¡Vamos a prender fuego a esta ciudad!

Mía rió, sintiendo que por fin alguien traía un poco de caos necesario. Paz era la única persona capaz de hacer que Leo, el hermano de Mía, perdiera los papeles con solo una frase.

Media hora después, Mía y Paz bajaron al restaurante del hotel. Mía intentaba parecer profesional, pero Paz caminaba como si fuera la dueña del Ritz.

En la mesa del rincón, Julián estaba revisando unos planos mientras bebía un espresso. No llevaba corbata, tenía los dos primeros botones de la camisa abiertos y le guiñaba el ojo a la camarera francesa que le traía los croissants.

—Vaya, vaya... Sterling sigue igual de comestible que siempre —susurró Paz, dándole un codazo a Mía—. Mira esa sonrisa de "sé que soy el mejor y tú también lo sabes".

Julián levantó la vista y, al verlas, su sonrisa se ensanchó. Se levantó con esa elegancia desestructurada que lo caracterizaba.

—¡Paz, Valente! La última vez que te vi, estabas intentando convencer a Leo de que el tequila era un grupo alimenticio —dijo Julián, dándole un beso en cada mejilla a Paz y luego deteniéndose frente a Mía con una mirada juguetona—. Y tú, pequeña Mía... ¿dormiste bien o soñaste con estructuras góticas?

—Dormí perfectamente, Sterling. Hasta que el huracán australiano llegó a mi puerta —respondió Mía, tratando de ignorar cómo él la miraba.

—Bueno, prepárate —dijo Julián, guiñándole un ojo—. Porque hoy la reunión con los inversores se canceló. El jefe francés quiere vernos en su casa de campo... y dijo que podemos llevar "compañía".

—¿Casa de campo? —Paz se iluminó—. Eso suena a vino gratis, hombres con boina y muchas oportunidades de dejar en ridículo a Bianca. ¡Cuenta con nosotras!

¡Hola! Prepárense, porque a partir de ahora el humor más bizarro y delicioso está oficialmente activado.

Con la llegada de Paz, la mejor amiga de Mia, el caos tiene nombre propio… y cuatro patas. Missiu Leguau está lista para hacer de las suyas, porque cuando se trata de proteger su reino (y a su humana), no hay límites.

Y por si fuera poco, las locuras de Julián y Oliver prometen convertir cada escena en un desastre gloriosamente romántico.

¿Están listos? Porque esto recién empieza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.