Para llegar a la casa de campo, Julián decidió que ir en el coche de la empresa era "aburrido". Así que alquiló un descapotable vintage de color rojo.
—¡Julián, no vamos a caber todos aquí! —protestó Leo, que aparecía en ese momento con Bianca colgada de su brazo.
—Tú y Bianca pueden ir con el chófer, Leo. Yo llevaré a las chicas —dijo Julián, ya sentado al volante, poniéndose unas gafas de sol que lo hacían parecer una estrella de cine—. Mía, de copiloto. Paz, atrás con Missiu. ¡Arrancamos!
—¡Ni loca dejo que esa gata se suba a un descapotable! —chilló Bianca.
Pero ya era tarde. Mía saltó al asiento delantero, Paz se acomodó atrás con Missiu (que llevaba un pañuelo de seda al cuello para el viento) y Julián aceleró, dejando a Leo y a Bianca en una nube de humo y frustración.
—¡Acelera, Sterling! —gritó Paz—. ¡Si superas los 120, te presento a mi prima la modelo!
Julián soltó una carcajada y miró de reojo a Mía. —No necesito a la prima, Paz. Con la copiloto que tengo me sobra adrenalina. ¿Verdad, Mía?
Mía sintió que el viento le despeinaba el pelo y el corazón. Esto era lo que necesitaba: menos misterio y más Julián siendo... Julián.
El descapotable rojo rugía por las carreteras de la campiña francesa. Julián conducía con una mano, riendo de las anécdotas de Australia que contaba Paz, mientras Mía intentaba que su cabello no terminara pareciendo un nido de pájaros.
—¡Sterling, esto es vida! —gritó Paz desde el asiento de atrás, sosteniendo a Missiu Leguau, que llevaba unas gafas de sol minúsculas para gatos—. ¡Mucho mejor que ir en la "vagoneta de la alegría" de Leo!
A unos metros detrás de ellos, una camioneta familiar inmensa intentaba seguirles el ritmo. Dentro, el caos era total. Leo conducía con una ojera que le llegaba al mentón, mientras Valeria intentaba calmar a uno de los trillizos. Luka, de 7 años, iba sentado con una tablet diseñando puentes en 3D, y Jazmín, de 5, le gritaba a su padre que quería ir en el "coche rojo con la tía Mía".
—¡Papá, Julián va más rápido porque su coeficiente aerodinámico es superior! —gritó Luka desde atrás, sin levantar la vista de sus cálculos matemáticos—. ¡Tu conducción es muy ineficiente!
—¡Luka, por favor, no ayudes! —suplicó Leo, mientras Mateo, Alessandro y Sofía (los trillizos) hacían un coro de llanto coordinado—. ¡Valeria, dile algo a tu hijo!
—Él tiene razón, amor, vas como una tortuga —respondió Valeria con una sonrisa cansada, pasándole un biberón a Sofía—. ¡Y Jazmín está a punto de saltar por la ventana para ir con Julián!
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Editado: 12.03.2026