Mía intentó escapar del caos del bolso hacia la terraza, pero en el pasillo se encontró con una figura pequeña y seria. Luka, de 7 años, estaba allí de pie con su pijama de naves espaciales y su tablet en la mano.
—Tía Mía —dijo el niño con tono analítico—. Según mis cálculos, pasaste exactamente 604 segundos en la cava con Julián.
—Luka, cariño, ¿no deberías estar durmiendo? —preguntó Mía, todavía sonrojada.
—Estaba calculando la resistencia del viento en los viñedos —respondió el niño—. Pero mi sensor de anomalías se activó. Saliste de la cava con una frecuencia cardíaca visiblemente elevada y una dilatación pupilar poco común. ¿Es Julián una variable desconocida en tu ecuación emocional?
Mía se quedó boquiabierta. —Yo... eh... solo hacía calor allí abajo, Luka.
—Los sótanos de piedra mantienen una temperatura constante de 12 grados, tía. Tu hipótesis térmica es inválida —sentenció Luka, ajustándose las gafas—. Además, Julián tiene una mancha de tu labial en la mejilla izquierda. El ángulo de incidencia sugiere un movimiento apresurado de escape.
Julián, que venía caminando detrás, soltó una carcajada y alborotó el pelo del niño. —Eres demasiado brillante para tu propio bien, Luka. Ve a dormir o tendré que pedirte que revises mis planos, y me da miedo que encuentres errores.
Luka asintió con suficiencia. —Los encontraré, Julián. Por cierto, tía, papá está buscando a Julián con una expresión que indica un 90% de probabilidades de conflicto físico. Yo, que ustedes, me escondería.
Mía y Julián salieron casi a tropezones de la cava, pero al ver a Leo caminando por el pasillo con cara de "voy a cometer un crimen arquitectónico", Julián la tomó de la mano y la arrastró hacia el invernadero de cristal.
—¡Escóndete! —susurró Julián, empujándola bajo una mesa llena de orquídeas exóticas.
—¿Me estás pidiendo que me esconda como una adolescente? Sterling, tengo 24 años y un título en Bellas Artes —replicó Mía, aunque ya estaba agachada entre las macetas.
—Y yo tengo 24 años de conocer a tu hermano, y te aseguro que ahora mismo su lóbulo frontal ha sido reemplazado por puro instinto de protección —respondió Julián, metiéndose a su lado—. Además, admitamos que estar aquí abajo, tan cerca... —se inclinó hacia ella, rozando su hombro—, no es el peor lugar para pasar el rato.
Afuera, se escuchó la voz de Leo. —¡Sé que están por aquí! ¡Luka dijo que el ángulo de fuga de Mía apuntaba al sector este! ¡Valeria, esto es tu culpa por dejar que Paz los encerrara!
—¡Ay, Leo, relájate! —se escuchó la voz de Valeria, divertida—. Estás proyectando tus traumas. ¡Déjalos vivir!
Mía y Julián se quedaron inmóviles, sus respiraciones mezclándose en el aire húmedo del invernadero. Julián la miró fijamente, y por un segundo, el sarcasmo desapareció de sus ojos grises. —Mía, ese beso de hace un momento... ¿fue por el juego o fue un error de cálculo?
—Fue un experimento artístico, Sterling —respondió ella con la voz un poco temblorosa pero sarcástica—. Quería ver si el rojo de mi labial combinaba con tu palidez de susto.
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Editado: 12.03.2026