Leo no podía quitarle la vista de encima a la pista de baile. Ver a Julián susurrándole al oído a su hermana mientras la apretaba más de lo que dictaba el manual del "buen mejor amigo" lo estaba volviendo loco.
—¡Sterling! —rugió Leo, abriéndose paso entre los invitados—. Deja de asfixiar a mi hermana. Tenemos un asunto pendiente en la sala de juegos.
Julián soltó a Mía a regañadientes, dedicándole una última mirada de "esto no ha terminado", y siguió a Leo. Mía y Paz los siguieron, seguidas por una Bianca que intentaba quitarse restos de crema de su vestido.
—Un duelo —declaró Leo, señalando la diana de dardos profesional—. Si gano yo, dejas de "rediseñar" el espacio personal de Mía. Si ganas tú... bueno, eso no va a pasar porque soy un Ferrer.
—Acepto —dijo Julián con una confianza exasperante—. Pero si gano yo, dejas de actuar como si Mía tuviera diez años y me dejas llevarla a cenar mañana sin que envíes a un equipo de seguridad.
Mía se cruzó de brazos, divertida. —Saben que estoy aquí y que tengo voz propia, ¿verdad?
—¡Silencio, Mía! —dijeron los dos hombres al unísono.
Leo lanzó el primer dardo. Centro perfecto. Julián lanzó el suyo sin parpadear. Otro centro. La tensión se podía cortar con un cuchillo hasta que Giovani decidió intervenir.
Goivani, viendo que la cosa se ponía violenta, se acercó a Julián mientras Leo buscaba sus dardos.
—Oye, amico —susurró Giovani con su acento italiano impostado—. Tienes que saber que Paz me pagó con un viaje a los Alpes para hacerte enojar. Mía y yo nunca fuimos "inseparables" en Sídney. De hecho, ella pasó todo el tiempo allá hablando de un arquitecto arrogante que no sabía distinguir entre una columna y un sentimiento.
Julián se quedó con el dardo a mitad de camino. Miró a Giovani, luego a Paz (que le guiñaba un ojo desde lejos) y finalmente a Mía. Una sonrisa lenta y victoriosa apareció en su rostro.
—¿Ah, sí? —dijo Julián—. Bueno, gracias por la información, Giovani. Pero no se lo digas a ella. Me gusta ver cómo se esfuerza por ponerme celoso. Significa que le importo más de lo que admite.
Julián lanzó su último dardo con una puntería letal, ganando el juego por un milímetro. Leo soltó un gruñido de frustración.
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Editado: 12.03.2026