El grito de la niñera en el piso de arriba interrumpió la celebración de Julián.
—¡Se escaparon! ¡Los trillizos no están en sus cunas!
Segundos después, el caos entró en el salón de baile. Mateo, Alessandro y Sofía, que ya gateaban a la velocidad de la luz, aparecieron entre las piernas de los invitados. Pero no iban solos: llevaban puestas unas pequeñas máscaras de encaje que le habían robado a Juliette y arrastraban una de las capas de terciopelo de la decoración.
—¡Miren! ¡Son mini-superhéroes! —gritó Paz, estallando en risas.
Uno de los bebés se dirigió directamente hacia Bianca, que dio un paso atrás horrorizada. —¡Aléjenlo de mí! ¡Tiene un biberón con fugas!
Mía y Julián reaccionaron al mismo tiempo. Julián se lanzó al suelo para atrapar a Mateo antes de que tirara una torre de copas de champán, mientras Mía atrapaba a Sofía.
—¡Buen trabajo, equipo! —dijo Julián, cargando a Mateo, quien empezó a tirarle del pelo—. Mira esto, Mía. Si podemos manejar a los hijos de Leo, podemos manejar cualquier cosa.
—No te hagas ilusiones, Sterling —dijo Mía, aunque no podía dejar de reír mientras Sofía le babeaba el hombro—. Todavía tienes que explicarme por qué Giovani se fue tan rápido y por qué tienes esa cara de "sé algo que tú no sabes".
La fiesta terminó con Leo derrotado (y con un bebé dormido en cada brazo), Bianca jurando que nunca más volvería a una casa con niños, y Juliette sonriendo desde las sombras al ver a Julián y Mía compartiendo un momento de paz en la terraza.
—Mañana a las ocho, Mía —dijo Julián, dejándola en la puerta de su habitación—. Sin hermanos, sin trillizos y sin fotógrafos italianos.
—¿Es una cita, Sterling? —preguntó ella, acariciando a Missiu Leguau, que acababa de aparecer con una pluma del antifaz de Paz en la boca.
—Es una inspección de sitio —respondió él, guiñándole un ojo—. Quiero comprobar si tus labios siguen teniendo el mismo coeficiente de fricción que en la cava.
Mía cerró la puerta con una sonrisa, mientras Paz, que estaba escondida detrás de una armadura en el pasillo, salía triunfante.
—¡Te lo dije! —susurró Paz—. ¡El plan de los celos nunca falla!
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Editado: 12.03.2026