Faltaban dos horas para la cita y Julián estaba en su habitación intentando decidir si una camisa azul era demasiado "estoy intentando impresionarte" o si la blanca era demasiado "acabo de salir de una obra".
De pronto, un sobre se deslizó por debajo de su puerta. Julián lo abrió y encontró tres hojas impresas con gráficos de barras y tablas dinámicas.
ASUNTO: Optimización de Interacción Social con Sujeto "Tía Mía". DE: Luka Ferrer (Consultor Jefe).
Análisis de riesgo:
Julián sonrió y guardó las hojas en el cajón. —Gracias, pequeño genio.
Julián llevó a Mía a un restaurante escondido en un callejón parisino, un lugar tan exclusivo que no tenía ni cartel en la puerta. Todo iba perfecto: las velas, el vino, la mirada de Julián que hacía que Mía olvidara hasta su propio nombre... hasta que llegó el camarero.
Se llamaba Jean-Pierre, y en cuanto vio a Mía, su cara pasó de la cortesía francesa al odio puro.
—¡Tú! —exclamó Jean-Pierre, dejando caer la carta sobre la mesa—. ¡La amiga de la mujer que me dejó plantado en el altar por un instructor de yoga australiano!
Mía parpadeó confundida. —¡Yo no hice nada! Esa fue Paz, yo solo...
—¡Ustedes son cómplices! —dijo el camarero dramáticamente—. No habrá sopa de cebolla para ustedes. Solo agua del grifo y pan duro. ¡Venganza!
Julián soltó una carcajada. —Mía, tu círculo de amigos es un campo minado. ¿Hay alguien en este continente que no tenga un trauma causado por Paz Valente?
—Probablemente no —admitió Mía riendo—. Pero mira el lado positivo: ahora tenemos una historia mejor que la de Bianca y tú cenando caviar en silencio.
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Editado: 12.03.2026