Diseñando el Desastres

El Contrato Roto en las Sombras

Al regresar a la mansión, el ambiente cambió. Julián dejó a Mía en la entrada y se dirigió a la biblioteca, donde Bianca lo esperaba con una copa de martini y una expresión de furia.

—¡Llegas dos horas tarde! —chilló Bianca, levantándose—. Se supone que debíamos ir juntos al evento de la revista Vogue. ¡Soy tu novia, Julián!

Julián se quitó la chaqueta y la tiró sobre el sofá, mirándola con una frialdad absoluta. —No, Bianca. No eres mi novia. Eres una modelo a la que le pago una cifra ridícula mensualmente para que me acompañe a eventos y me sirva de escudo. El contrato dice claramente: "Sin involucramiento emocional y sin escenas de celos".

—¡Pero yo te amo, Julián! —exclamó ella, aunque sus ojos brillaban más por la ambición que por el sentimiento—. Podemos ser la pareja más poderosa de la arquitectura. Esa pintora no tiene nada que ofrecerte más que problemas y una familia ruidosa.

—Esa "pintora" tiene todo lo que tú no puedes comprar con el cheque que te firmo, Bianca —respondió Julián acercándose a ella con tono amenazante—. Si vuelves a hacerle un desplante a Mía o a intentar sobornar a Jazmín, el contrato se termina hoy mismo. Y créeme, París es muy frío cuando no tienes mi apellido respaldándote.

Bianca apretó los puños, el odio hirviendo en su interior. Sabía que Julián la despreciaba, pero no pensaba soltar la gallina de los huevos de oro.

Enojada y humillada, Bianca salió de la biblioteca y se encontró con un hombre de negro que la esperaba en el jardín lateral. Era un fotógrafo de prensa rosa que ella misma había citado.

—¿Tienes las fotos? —preguntó Bianca.

—Tengo a Julián y a la chica Ferrer saliendo del restaurante —dijo el fotógrafo—. Parecen muy acaramelados.

—Bien. Mañana quiero que el titular sea: "El escándalo oculto de los Ferrer: Mía Ferrer, la tercera en discordia que destruye el compromiso de Julián Sterling". Quiero que la pongan como una rompehogares. Si Julián no es mío por las buenas, haré que el nombre de Mía quede por los suelos.

Lo que Bianca no sabía era que, escondida detrás de una de las estatuas del jardín, Paz estaba grabando toda la conversación con su teléfono, mientras Missiu Leguau afilaba sus garras justo detrás de los tobillos del fotógrafo.




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