A la mañana siguiente, Julián se despertó con un dolor de cabeza infernal. Estaba solo en su despacho, pero notó que su camisa estaba desordenada.
—¿Qué demonios pasó anoche? —Se preguntó, tratando de recordar.
Bianca entró en ese momento, radiante y fingiendo una timidez que no le salía bien. —Buenos días, dormilón. Lo de anoche fue... especial. Aunque creo que bebiste de más.
Julián la miró con sospecha. No sentía esa chispa de satisfacción que se supone que debería sentir. Solo sentía asco y una laguna mental enorme. —Bianca, si crees que esto cambia algo del contrato...
—No digas nada, Julián —le cortó ella con una sonrisa triunfal—. Las fotos no mienten. Nos vemos en la rueda de prensa.
Julián salió del despacho buscando a Mía con la mirada. La encontró en el gran salón, hablando con Leo y Valeria. Pero cuando intentó acercarse, Mía lo atravesó con una mirada tan fría y profesional que Julián sintió que se congelaba.
—Mía, ¿podemos hablar? —susurró él.
—Tengo mucho trabajo, Sterling —respondió ella con una sonrisa falsa y perfecta—. Además, me han dicho que tuviste una noche... "agotadora". No querría quitarte energía para tus "compromisos" previos.
Mía se alejó con Paz, dejando a Julián completamente confundido y con una sensación de desastre inminente.
El auditorio de la sede de Selene Global estaba a reventar. Periodistas de arquitectura, críticos de arte y fotógrafos de la prensa rosa se agolpaban para ver la presentación de la nueva expansión. Juliette presidía la mesa con su elegancia habitual, mientras Leo intentaba que Mateo y Alessandro (que habían decidido que la mesa de conferencias era un excelente lugar para gatear) no tiraran los micrófonos.
Julián estaba de pie a un lado, impecable pero con una expresión de desconcierto. Cada vez que intentaba cruzar mirada con Mía, ella se giraba para reírse de algo que decía Paz.
—Damas y caballeros —anunció Leo, recuperando la compostura mientras Valeria se llevaba a los bebés—. Antes de mostrarles los planos finales, queremos proyectar unas imágenes del proceso creativo y la inspiración de este proyecto.
Bianca, sentada en primera fila, le hizo una señal imperceptible al fotógrafo que había contratado. Era el momento. Las fotos de ella y Julián en el sofá del despacho debían aparecer ahora, destruyendo la reputación de Mía y forzando a Julián a admitir su "romance" frente a todos.
—¡Ahora! —susurró Bianca con una sonrisa de victoria.
La pantalla gigante se encendió. Pero en lugar de la imagen escandalosa de Julián y Bianca, apareció una foto en alta resolución de Missiu Leguau. La gata estaba sentada en el escritorio de Julián, con una corbata humana enredada en el cuello y una expresión de aburrimiento supremo.
La sala estalló en carcajadas.
—¿Qué es esto? —gritó Bianca, poniéndose de pie—. ¡Esa no es la foto!
El fotógrafo, desesperado, intentó pasar a la siguiente imagen. Pero el hackeo de Luka era implacable. La siguiente foto mostraba a Missiu intentando morder un plano de arquitectura. La siguiente era la gata dormida dentro de un casco de obra.
—Parece que nuestra directora de arte ha decidido que la gata es la verdadera jefa del proyecto —dijo Mía al micrófono con una calma sarcástica—. Una elección arriesgada, pero sin duda más elegante que otras... propuestas.
Bianca salió corriendo del auditorio, roja de furia, mientras los flashes de las cámaras la perseguían no por su belleza, sino por el ridículo monumental.
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Editado: 12.03.2026