Al día siguiente, Mía bajó al desayuno armada con su mejor sarcasmo, esperando una disculpa, una explicación o, al menos, un Julián avergonzado. Se encontró con la mesa llena: Leo intentaba que Jazmín no le diera de comer tostadas a Missiu, Valeria amamantaba a uno de los trillizos y Paz leía el periódico con cara de pocos amigos.
Julián estaba allí, bebiendo su café negro mientras revisaba unos planos en su tablet.
—Buenos días, Mía. Llegas tarde para la revisión de los cimientos del ala norte —dijo Julián, con una voz tan neutra y profesional que Mía casi deja caer su taza de jugo.
—¿Perdona? —Mía lo miró fijamente—. ¿Es eso todo lo que tienes que decir después de... "lo de anoche"?
Julián levantó la vista, arqueando una ceja con una calma exasperante. —Si te refieres a mi vergonzosa actuación en el restaurante, ya le pedí disculpas a Luka por arruinar su plan. Fue un error táctico debido al cansancio. No volverá a ocurrir.
Mía sintió que le hervía la sangre. ¿Error táctico? ¿Cansancio? Él estaba actuando como si el beso en la fuente nunca hubiera existido.
—Ah, entiendo —dijo Mía, recuperando su máscara de hierro—. Un "error estructural". No te preocupes, Sterling. Yo también he tenido errores... como pensar que tenías un rastro de humanidad bajo ese esmoquin. Paz, ¿nos vamos? Tengo ganas de comprar algo caro y prenderle fuego.
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