Mientras caminaban hacia el estudio, se toparon con Bianca. La modelo lucía un conjunto de diseñador que gritaba "mírenme", y su sonrisa era más afilada que de costumbre. Al ver que Mía y Paz se acercaban y que Julián salía del comedor justo en ese momento, Bianca vio la oportunidad perfecta para ejecutar su golpe maestro.
Ella había estado escondida tras los arbustos de la fuente anoche. Lo había visto todo: el arrebato de Julián, la resistencia de Mía y ese beso que prometía cambiarlo todo.
—¡Julián, cielo! —exclamó Bianca, lanzándose a sus brazos y plantándole un beso en los labios antes de que él pudiera siquiera procesar su presencia.
Julián se quedó rígido como una columna de mármol, apartándola suavemente por los hombros después de unos segundos de shock. Pero Bianca no se detuvo ahí. Se giró hacia Mía con una mirada de fingida lástima, como quien le explica a un niño que Santa Claus no existe.
—Mía, querida... Julián me contó lo que pasó anoche en la fuente —dijo Bianca, soltando una risita condescendiente—. Me pidió disculpas, por supuesto. Dice que estaba tan frustrado por nuestra pequeña discusión que necesitaba... cómo lo dijo él... "descargar tensiones" con lo primero que tuviera a mano.
Mía sintió un golpe en el estómago, pero mantuvo la barbilla en alto. —No sé de qué estás hablando, Bianca.
—Oh, no seas modesta. Julián me confesó que te usó para darme celos —mintió Bianca con una naturalidad aterradora—. Dijo que sabía que estabas ahí, tan disponible y siempre suspirando por él, que le pareció el experimento perfecto para ver si yo reaccionaba. Fue una actuación magistral, ¿verdad, amor?
Julián abrió la boca, el pánico reflejado en sus ojos grises. Quería gritar que eso era mentira, que el beso fue lo más real que había sentido en años, pero el peso de sus propios secretos (el contrato que le pagaba a Bianca) y su incapacidad para ser vulnerable frente a Mía lo dejaron paralizado. Si desmentía a Bianca ahora, ella podría revelar la verdad del contrato frente a todos, y eso destruiría su imagen de hombre de negocios frío y calculador.
—Mía, yo... —empezó Julián, pero su voz sonó insegura.
—No digas nada, Sterling —le cortó Mía, y esta vez su sarcasmo era puro veneno—. Felicidades por tu "actuación". No sabía que los arquitectos también eran actores de método. Debo admitir que por un segundo casi me creo que tenías sentimientos, pero veo que solo eran... cimientos inestables.
Paz, que ardía en deseos de abofetear a Bianca, tomó a Mía del brazo. —Vámonos, Mía. El aire aquí huele a desesperación y a perfume barato de modelo en decadencia. Sterling, espero que tu "experimento" haya valido la pena, porque acabas de demoler el único puente que te quedaba sano.
Mía se alejó con la cabeza en alto, dejando a Julián en medio del pasillo, atrapado por una Bianca que lo abrazaba triunfante y por una mentira que él mismo había ayudado a construir.
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Editado: 12.03.2026